EL LACONISMO ESPARTANO.-

6.X

6 de octubre………………………………………y entonces sucedió que…………………

…………….a principios del actual mes de agosto del año 338 a.C., se libraron simultáneamente, el mismo día, el 3, dos batallas. La primera, en Manduria, la segunda, en Queronea, que alterarían el devenir e independencia de las ciudades-estado griegas, y la irrupción en escena de quien estaba llamado a ser el dueño del mundo hasta entonces conocido, el hijo de Filipo II, rey de Macedonia, Alejandro Magno.

En Queronea, a 40 km al este de Delfos, un jovencísimo oficial de dieciocho años, hijo del monarca macedonio, dirigía el ala izquierda de su poderoso ejército, enfrentándose a una alianza de Polis griegas, principalmente configurada por las ciudades de Atenas y Tebas, esta última con su unidad militar de élite, el todopoderoso Batallón Sagrado, con el objetivo de acabar con la independencia de estas y unificar toda Grecia bajo su dominio.

En el segundo combate, librado en Manduria, en la región italiana de Apuria, los tarentinos pedían ayuda a los espartanos enfrentándose a tribus nativas italianas que lograban imponerse a aquellos, en una feroz refriega en la que perdía la vida el rey de Esparta, Arquidamo III, siendo nombrado rey su hijo y sucesor Agis III.

Tras Queronea, las Polis griegas corrieron distinta suerte, pues si bien Atenas negociaba su rendición aceptando las duras condiciones impuestas, no sucedería lo mismo con Tebas, a la que se trató con mayor dureza, al negarse a aceptar la derrota.

El siguiente objetivo del rey macedonio fue dirigir su atención a dominar las ciudades del Peloponeso, entre las que se encontraban Micenas, Argos, Corintio y Esparta, que fueron una a una aceptando el dominio de Filipo II, excepto Esparta, que aferrándose a su orgullo y espíritu combativo, rechazó frontalmente someterse.

Sabedor el rey macedonio de la posible debilidad de Esparta con la reciente pérdida de su monarca y la posible inexperiencia de su sucesor, remitía el decimoquinto día del mes de pianepsión (actual 6 de octubre, de un día como hoy), un mensaje de advertencia; —“Si entro en Laconia, arruinaré vuestros cultivos, destruiré vuestra ciudad y arrasaré Esparta entera”—, absolutamente convencido de que aquella amenaza, por sí misma, causaría el efecto deseado entre aquellos habitantes a los que consideraba engreídos y altaneros, logrando quizás, con aquella misiva, hacerles entrar en razón.

Laconia era la zona del sur del Peloponeso, con unos 4ooo km² de superficie, ubicada entre los montes Taigeto y Parnón y cuya capital era Esparta, con una estructura social y política basada principalmente en la formación militar y en la que sus mujeres gozaban de más derechos e igualdad con los hombres que en el resto de ciudades griegas.

No era aquella la misma temida Esparta que se había enfrentado a Jerjes, quinto Gran Rey del imperio aqueménida, en la batalla de las Termópilas en el año 480 a.C. (ciento cuarenta y dos años antes), pero su esencia natural, combativa y guerrera, seguía manteniéndose intacta.

Además de famosa por la educación e instrucción militar que recibían sus ciudadanos, destacaba por una elevada formación cultural y una esmerada educación. Sócrates señalaba que los espartanos eran los mejor educados en filosofía y en argumentación, a pesar de dar, en un principio, la sensación de tratarse de seres aparentemente inferiores en el arte del habla. Nada más alejado de la realidad, pues según seguía argumentando el maestro griego, en un momento determinado de la conversación, aquellos eran capaces de hacer una observación breve pero concisa, cual hábil tirador, que dejaba a quien estuviera hablando con ellos al nivel de un niño balbuceante.

Esta habilidad de expresarse con pocas palabras, de manera concisa y contundente, este ahorro de vocablos, se convertiría en un rasgo de su intrínseca naturaleza e identidad, conocido, al proceder de aquella región, con el término de laconismo.

La educación espartana fomentaba el laconismo de manera obligatoria entre los siete y los doce años. Los espartanos estudiaban prácticamente las mismas materias que los atenienses, pero con una salvedad, pues mientras que en Atenas la ciudadanía se obtenía desde el mismo nacimiento, en Esparta el estudio era obligatorio para poder acceder a la ciudadanía al cumplir los veinte años.  

El profesor de Historia de Grecia en Cambridge Paul Cartledge, en su libro «Spartan Reflections»  señala que las condiciones, en las que un niño espartano estudiaba, eran bastante más duras, ya que el sistema educativo incluía todo tipo de castigos, como, por poner un ejemplo, que el profesor les mordiera un dedo si aquellos no daban una respuesta lo suficientemente lacónica.

Y haciendo uso de este laconismo, según recoge Plutarco en “De garrulitate”, el rey espartano, Agis III, al conocer el mensaje de Filipo II advirtiéndole que si entraba en Laconia la arrasaría entera, le contestaba con un breve y lacónico; —“Si entras”—.

Sea por el motivo que fuere, el rey macedonio, los dos años que le quedaron de vida, no se atrevió a cumplir su amenaza, decidiendo dejar en paz a Esparta.

Dos mil doscientos años más tarde, en 1862, tras publicarse la novela Los miserables su autor, Víctor Hugo, se tomó unas merecidas vacaciones, pero no pudiendo resistir la curiosidad por saber cómo iban las ventas de aquella obra, le escribía a su editorial Hurst & Blackett en la que es considerada una de las dos cartas más breves de la historia;

?

Siendo la respuesta de su editor, no dejándose impresionar, la considerada segunda carta más breve;

!

Y es que como dijo el poeta italiano Giosuè Carducci:

—“Quien pudiendo decir una cosa en diez palabras, emplea veinte, es un necio”—.

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