MI «MARIDURCHILL”…

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27 de octubre………………………….y entonces sucedió que…………………………

……..el 9 de noviembre de 1888 era encontrado el cuerpo sin vida de Mary Jane Kelly, la quinta prostituta asesinada en el barrio de Whitechapel, con el mismo modus operandi que las anteriores, que para los investigadores, ya no cabía ninguna duda, se trataba de un claro caso de un «asesino en serieque traería en jaque a la policía de Scotland Yard. Nadie había visto ni oído nada, y aunque llegarían a ser interrogados más de trescientos sospechosos, el culpable nunca acabaría siendo detenido. De hecho el presunto autor de aquellos crímenes llegaría a escribir a la propia policía metropolitana tres cartas hablando de sus delitos, llegando a firmar, una de estas, como Jack, “El Destripador”.

La prensa, durante los años siguientes, atribuiría algunos asesinatos más a aquel desconocido. En respuesta a la generalizada psicosis creada, un grupo de ciudadanos formaban el llamado “Comité de Vigilancia de Whitechapel” patrullando por las noches las calles del barrio tratando de identificar a los posibles sospechosos y detener así al presunto culpable.

Junto a aquel Comité con una enorme influencia sobre la sociedad británica y en particular sobre la londinense se encontraba la llamada “Asociación Nacional de Vigilancia de la Pureza Social”, cuya portavoz, Laura Ormiston había logrado convencer a la clase política para proceder a clausurar varios prostíbulos, consiguiendo con ello que las prostitutas colmaran las calles de los barrios más bajos.

La Asociación trató en vano que aquellas (que al llevar ramos de flores que ofrecían a los varones transeúntes, justificando así pasar tantas horas en la calle sin llamar la atención, ya eran conocidas como “vendedoras de flores” o “rameras”) abandonaran las calles.

Coincidiendo con aquel escabroso asunto alcanzaba, durante esta última década de 1890, una enorme popularidad un teatro de variedades, tipo Music Hall, llamado “El Empire”, situado en la londinense plaza de Leicester Square, donde podía disfrutarse de unas espectaculares puestas en escena de bailes y danza clásica acompañadas de las llamadas “Imágenes vivas” (Living Pictures), en las que sus protagonistas con los cuerpos semidesnudos, permanecían inmóviles, en representación de algunas de las pinturas más conocidas, y todo ello acompañado con la posibilidad de consumir alcohol, desde las seis de la tarde hasta las once de la noche.

Próxima la renovación de la licencia de la aludida sala, prevista para el 27 de octubre, de un día como hoy de 1894, a punto de cumplirse diez años de su apertura, Laura Ormiston iniciaba una campaña de desprestigio contra todas las salas de espectáculos, arremetiendo duramente, muy en particular, contra el citado Club, por la pecaminosidad, obscenidad e inmoralidad de lo que sucedía durante sus actuaciones, que consideraba vulgares, frente a un público con fácil acceso al consumo de bebidas alcohólicas, solicitando por ello al alcalde, Sir Joseph Renals, no concederle la licencia correspondiente y proceder al cierre de la misma.

No lograría su propósito, ya que el local acabaría renovando la licencia, pero sí que llegaría a conseguir la aprobación, por parte del Consejo del Condado de Londres, de una de sus propuestas que obligaba a separar materialmente, mediante la construcción de un muro, el escenario de las entonces conocidas como barras americanas, habilitadas al efecto para el consumo de cócteles como el “reanimador de cadáveres” (Corpse Reviver) al precio de un chelín, logrando la completa división entre ambos espacios, algo que no agradaría lo más mínimo a sus clientes.

Al día siguiente de su construcción, era creada la Liga para la Protección de la Diversión, cuya reunión fundacional se llevaba a cabo en el majestuoso Claridge’s, en el exclusivo barrio de Mayfair en el centro de Londres y al que acudía un joven cadete perteneciente a la academia militar de SandHurst, de diecinueve años, llamado a ser pieza clave y determinante, en el devenir político de Inglaterra y cuarenta y cinco años más tarde de Europa entera, Winston Churchill que los días siguientes organizaría lo que denominó “la toma del Empire”, cuyos preparativos culminaban el mismo día que cumplía los veinte años, el viernes 30 de noviembre.

Un grupo de doscientos “señoritos” con sus bastones aparecían la noche del sábado, 1 de diciembre, dispuestos a derribar aquel muro en el Empire, ante la sorpresa y posterior clamor de quienes allí se encontraban, tras lo cual, procedían a desfilar, por los alrededores del local, mostrando victoriosos a los transeúntes los fragmentos de aquella mampara de separación.

De entre aquel grupo de “alborotadores”, a los que el Daily Telegraph llegaría a llamar “mojigatos”, el joven Churchill se dirigía ante la multitud que allí se congregaba, pronunciando un discurso; “Damas y caballeros del Imperio, ¡defendamos la libertad!”, dando así comienzo a una creciente escalada de tensión dialéctica entre los seguidores de Laura Ormiston y los de Winston Churchill.

Cuentan que en uno de estos encuentro públicos que mantuvieron ambos, ella le llegaría a decir;  “Si usted fuera mi marido, le echaría veneno en el té”—.

A lo que Churchill contestaba;

“Señora mía, si yo fuera su marido, no dude ni por un instante que ¡me lo bebería!”—.

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