NICE TO YOKO, JOHN…

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10 de noviembre…………………………y entonces sucedió que………………………..

………llevan más de cuatro años cosechando éxitos, desde que aquel primer sencillo, el de “Love me do”, viera la luz a finales de 1962. Con cada gira y cada nuevo disco su éxito ha ido aumentando paulatinamente de la misma manera que ha ido disminuyendo, de forma considerable, su privacidad y anonimato. Ya no pueden ir a los sitios tranquilamente sin ser reconocidos, salvo alguna excepción.

Acaban de regresar de la que habían decidido que iba a ser su última gira (llevan cerca de mil cuatrocientas en cuatro años), marcada por aquellas controvertidas declaraciones que en su día John había hecho a la periodista Maureen Cleave, del Evening Standard, recogidas meses más tarde por la revista norteamericana Datebook, donde llegaba a afirmar que; -“Ahora mismo, somos más populares que Jesús”-, unas declaraciones que si bien habían pasado desapercibidas en Inglaterra no había sucedido lo mismo en los Estados Unidos.

A John le gusta, entre grabación y grabación, acudir a esas galerías donde artistas desconocidos y de estilo underground exponen sus trabajos. Paul (McCartney) le convence para que acuda a la sala que regenta su cuñado, el hermano de Jane, su novia, Peter Asher, junto a dos socios más, John Dunbar (que también es amigo de John) y Barry Miles, “La Galería de arte Indica” en los sótanos de la librería en Mason’s Yard, al final de la calle Duke de Londres.

La aludida galería tiene prevista una exposición de una japonesa, Yoko Ono, casada con el estadounidense Anthony Cox, productor de cine y músico de jazz, bajo el desconcertante título de “Unfinished Paintings (Pinturas inconclusas)” y del que a Lennon le dicen que de unas bolsas de plástico negras salen unas modelos y por la manera de contárselo aquello le suena a algo muy sexual, una especie de orgía, o algo parecido, despertando aquello, cómo no, su atención.

Acude a la preapertura que tiene lugar un día antes de la inauguración oficial, el lunes día 7 de noviembre de 1966, para unos pocos elegidos. A las diez de la noche, llega con su Rolls Royce Phantom -V FJB 111C- de color negro Valentine que conduce Alf Bicknell (el que hasta el pasado mes de agosto había sido chófer de los Beatles). En la puerta de las escaleras, que dan acceso a la galería, le espera su amigo y uno de tres los socios, Dunbar, que le acompaña al interior.

Al entrar nada es como se lo había imaginado, de hecho piensa que es “una estafa” y que lo que buscan es quedarse con su dinero. Una manzana fresca expuesta, sobre un soporte de madera, cuya finalidad es observar cómo va descomponiéndose, por el «módico precio» de doscientas libras (en la actualidad, aproximadamente unos tres mil ochocientos euros (3.800’00 €). https://www.dineroeneltiempo.com/inflacion/libra-esterlina/de-1966-a-valor-presente?valor=200&ano2=2023. Una barbaridad, piensa, ¿qué demonios es esto?.

Pero rápidamente comienza a darse cuenta de la nota de humor de aquella exposición en el que cada elemento despierta su ironía. El que sin duda más llama su atención y le encanta es la llamada “Ceiling Painting” (Pintura en el Techo) que consiste en una escalera colocada bajo una pintura colgada del techo. El lienzo tiene una cadena con una lupa colgando en su extremo, así que la curiosidad le mueve a subir los peldaños, mirar a través de aquella lupa y encontrar en el lienzo negro unas diminutas letras que simplemente dicen, -“Sí”-, algo que después reconocería haber sido de su agrado porque el mensaje, a pesar de lo escueto, le había parecido tremendamente positivo, despertando el deseo de querer conocer a la artista que había diseñado todo aquello.

Dunber los presenta. No se conocen. Ninguno sabe quién es el otro. Ella viste con unos vaqueros negros y un suéter del mismo color, y un larguísimo cabello que le llega hasta la cintura. Más tarde diría que de los Beatles, solo conocía de oídas a Ringo, y solo por el nombre, porque en japonés significa, “manzana”. Al ser presentada, ella le da una tarjeta en la que pone impresa la frase “respira” y John haciendo gala también de su fino humor lo que hace es en lugar de inspirar, “exhala y resopla”.

Justo al lado de donde se encuentran hay una bolsa con clavos y un martillo, bajo el título “pintura para clavar un clavo” del que Lennon le pide permiso, pero ella a su vez le pide por remachar cada uno de aquellas escarpias la cantidad de cinco chelines por cada una, contestándole el beatle con ironía, “bueno, mira, aquí tienes estos cinco chelines imaginarios”, haciendo el gesto de clavetearlo ficticiamente, despertando las carcajadas en los dos.

La conexión entre ambos fue inmediata, brutal. Sus miradas en aquel instante, él con 26 y ella con 33, permanecieron fijas durante casi todo el resto de aquella velada.

El 10 de noviembre de un día como hoy, de hace cincuenta y siete años, el mismo día que todos los periódicos informaban sobre la respuesta que Brian Epstein, manager del grupo de los Beatles, le había dado a Arthur Howes, promotor de sus giras por Inglaterra, comunicándole lo que ya era un secreto a voces, que no volverían a actuar más en público, centrándose únicamente en sus grabaciones, Yoko Ono le mandaba a John Lennon una postal en la que le decía lo mucho que le había agradado su visita.

El resto es historia. Dos años y cuatro meses después, el 20 de marzo de 1969, en Gibraltar, Yoko se convertía en la segunda esposa de Lennon, no separándose los siguientes once años, hasta el fatídico 8 de diciembre de 1980 a las puertas del edificio Dakota de Nueva York, residencia por aquel entonces de los Lennon.

Y cuando le preguntaban sobre aquella relación, a la que muchos llegaron a afirmar ser la causante de la desaparición de los Beatles, John Lennon no dudaba en afirmar;

—“No iba a sacrificar el amor verdadero por ningún amigo o negocio, porque al final te quedas solo de noche y ninguno de los dos quería estarlo. No es que Yoko me inspire las canciones. Ella me inspira toda esta creación que hay en mí”—.

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