EL BAILE DE LOS 41…

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17 de noviembre……………….y entonces sucedió que…………………………………

………….aquella iba a ser, según contaba Ignacio de la Torre, a sus allegados más íntimos, una fiesta diferente. Era don Ignacio, el más famoso de todos los yernos de los Estados Unidos Mexicanos, al estar casado, desde hacía trece años, con Amada, la hija del presidente, Porfirio Díaz, por lo que era también conocido con el nombre de el yerno del suegro” y aunque si bien aquel matrimonio, por lo que fuere, guardaba las apariencias de cara a la galería, de puertas para adentro, cada uno, hacía vida por su cuenta.

Y es que, según contaban algunos testigos, como Francisco León de la Barra (que diez años más tarde acabaría siendo nombrado presidente), Nachito (que así era como cariñosamente le llamaban) mostraba ciertamente una actitud indiferente, grosera y descortés hacia su esposa, viviendo desde hacía ya algún tiempo, en alas separadas en la mansión en la que residían del Paseo de la Reforma (frente al “caballito”), acudiendo juntos, como un matrimonio bien avenido, cuando tenían que presentarse en sociedad en algún acto público.

Ignacio de la Torre y Mier, a sus treinta y cinco años, era un aristócrata, exquisitamente refinado, muy elegante, un auténtico «fifí», que es como en México se les llama a las personas presumidas y con modales amanerados, heredero de una de las fortunas más grandes del país, además de tener una desmesurada afición por los bailes, las fiestas y los guateques.

Fueron precisamente estos bailes, que Nachito organizaba en una de sus mansiones que tenía en la Quinta Tacubaya y a los que asistía lo más selecto de la sociedad, los que acabarían por apartarle de la carrera política a la que su “suegro”, perpetuado durante diecisiete años en la presidencia, trataría de conseguir para Ignacio, presentándolo como candidato para gobernador del estado de México.

La farándula, la vida nocturna y una vida disipada fueron las que acabaron dando al traste con aquella prominente vida política que el destino parecía tenerle reservado.

A principios de noviembre de 1901, veintiuna parejas recibían una exclusiva tarjeta de invitación para acudir a la celebración de un baile, previsto, para el día 17 de noviembre, de un día como hoy, en una casa de dos plantas, alquilada al efecto, a las afueras de la ciudad, en la colonia Tabacalera, en la Cuarta calle de la Paz (la actual calle de Ezequiel Montes).

A las diez de la noche daba comienzo aquella fiesta a la que acudían las aludidas veintiuna parejas elegantemente vestidas. Música, baile, alcohol, gritos y ruido más allá de las tres de la madrugada, de un ya lunes 18, dieron aviso a la gendarmería, que hacía acto de presencia en aquella casa, para advertirles de las quejas procedentes de algunos vecinos, al estar aquellos efectuando más ruido del necesario.

Al abrirse la puerta llama la atención del policía el atuendo de uno de los presentes, un varón con peluca, labios pintados, pechos postizos y vestido con corpiño y varias prendas de mujer, con sus medias y zapatos de tacón, ordenando detener inmediatamente aquella fiesta y mandando salir a los asistentes, argumentando no disponer aquellos del necesario permiso especial obligatorio para organizar fiestas privadas (algo que no existía en realidad pues los permisos para la celebración de fiestas debían solicitarse únicamente cuando estas fueran públicas).

La fiesta se detiene. Son veintiuna parejas, cuarenta y dos hombres, la mitad vestidos de varón, la otra mitad de mujeres, que son llevados, por orden del comisario Miguel Palacios a dos lugares diferentes. Los vestidos de hombre al Palacio de Lecumberri, en tanto que los ataviados con ropas de mujer a la cárcel de Belén, acusados de un delito que no existe, porque la homosexualidad no está penada en el Código Penal mexicano aplicable (el de 1871), por lo que haciendo una muy amplia interpretación acabarían siendo acusados de un “delito contra la moral y las buenas costumbres”.

Al día siguiente, todavía vestidos con dichas ropas femeninas, sin poder habérselas cambiado fueron “castigados” a barrer las calles por los aledaños del cuartel, en una clara actitud de escarnio y humillación por parte de las autoridades.

Entre los asistentes se encontraban ilustres miembros pertenecientes a nobles familias mexicanas como, Eduardo, el hijo de célebres hacendados veracruzanos, Alejandro, el hermano del gobernador de Sinaloa o Antonio, miembro perteneciente a la aristocracia pulquera.

Los primeros periódicos en publicar la noticia, La Tribuna y El Universal, sin dar nombres, censurados por el gobierno de Porfirio, se despachaban de forma despectiva y homófoba con los integrantes de este suceso, a los que llamaban “perversos personajes”, condenando su conducta, sin querer dar más detalles a sus lectores por ser, según argumentaban, en “sumo grado asqueroso” y señalando que;

-“La noche del domingo, fueron sorprendidos, en la calle de la Paz, por la policía un baile de cuarenta y un hombres, algunos de ellos vestidos con ropas de mujer. Entre estos han sido reconocidos, algunos de los pollos que diariamente se ven pasear por Plateros”-.

Llama la atención que, siendo veintiuna parejas, la prensa solo consignase cuarenta y uno de aquellos. Obviamente gracias a sus influencias, Ignacio de la Torre lograba salvarse de ingresar aquella noche arrestado en los cuarteles, escapando, contando por ser quien era, con la anuencia de las autoridades.

De los 41 fueron castigados doce por el gobernador del entonces Distrito Federal, Guillermo de Landa y Escandón, sin proceso judicial alguno, partiendo a las cinco y media de la mañana desde la estación de Buenavista a Veracruz, siendo obligados a alistarse al ejército pero para realizar tareas propias domésticas, destinados al puerto de Progreso en Yucatán, tal y como publicaba el 25 de noviembre, el periódico “El Popular”, tildándolos entre otras lindezas de vagos y rateros.

Aquel baile recibiría uno de los mayores escarnios sociales entre los diversos medios de comunicación, de forma que la homosexualidad quedaría ligada en México al 41, siendo su simple mención un tema tabú, según escribiría el escritor Francisco Urquizo, condenando el número 41 en algo incluso hasta ofensivo.

En el Centro Cultural José Martí, muy cerca del Metro Hidalgo, hay una placa que conmemora esta redada. En noviembre de 2020 se estrenaba la película dirigida por David Pablos, “El baile de los 41”, narrando este suceso.

Afortunadamente en la actualidad el tema ha evolucionado. Ya lo dijo el escritor colombiano Héctor Abad Faciolince, al definir lo que es un Homófobo;

-“Ser homófobo es tan ridículo como odiar a los zurdos por escribir con la izquierda, y tan estúpido como pretender reeducarlos y enderezarlos”-

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