LA QUINTA PREGUNTA

22122023

22 de diciembre……………………y entonces sucedió que……………………………..

………era viernes, aquel 22 de diciembre, de un día como hoy, no recuerdo bien el año en concreto, puede que fuera el de 1995, último día de clase en el instituto, antes de las tan deseadas vacaciones de Navidad, cuando don Jacinto, el tutor de 3º B, ponía a sus alumnos, ese tan temido, a la vez que odiado tipo de examen, que con solo pronunciar su nombre sigue causando estragos, e incluso algún que otro ataque de pánico, —“Venga, guárdenlo todo, separen sus mesas, toca examen sorpresa”—.

Y a pesar de escucharse algunas tímidas protestas al respecto, que de nada servirían, don Jacinto, en apenas un abrir y cerrar de ojos, ya tenía los folios fotocopiados en las manos que, rápidamente pasaba a repartir entre aquel grupo de quejicosos y plañideros estudiantes, que resignados guardaban silencio dejando a un lado sus lamentaciones.

No es que fuera muy difícil ni tampoco muy extenso, pues constaba tan solo de cinco preguntas, pero la última de ellas, causaba cierto revuelo en el aula, dejando, a más de uno, un tanto descolocado. La quinta pregunta decía, -“¿Cómo se llama la mujer que realiza las tareas de limpieza en este centro educativo?”-.

Uno de aquellos, atreviéndose a romper aquel silencio, levantaba la mano preguntando si aquella pregunta iba en serio y puntuaba, al tiempo que, un don Jacinto impasible, le respondía con solemnidad, -“Urrutia, se responde y cuenta, como las otras”-, sin dar opción a seguir insistiendo en aquel asunto, al tiempo que añadía, -“Conocerán en sus vidas muchas personas y todas ellas, de alguna u otra forma, serán muy importantes”-.

Todos los allí presentes habían visto a aquella mujer de cabellos oscuros, realizando sus tareas por los pasillos y escaleras del instituto. La verdad es que no era una persona muy habladora y en aquel justo momento, cada uno de ellos empezó a ser consciente de que quizás, al pasar delante de ella puede que incluso no le hubieran dado, nunca, ni siquiera los buenos días.

No hubo quien fuera capaz de contestar correctamente aquella pregunta. Algunos, por no dejarla sin responder, llegarían a inventarse un nombre, al azar, pensando que quizás, con un poco de suerte, lo adivinarían. Antes de dejarles abandonar el aula, despidiéndose hasta el año nuevo, don Jacinto echando un rápido vistazo comprobaba las respuestas, centrando en aquella quinta cuestión, precisamente su atención.

Ante el desastre generalizado, el profesor volvía a decir otra palabra que nadie quiere escuchar y mucho menos, el día justo antes de empezar las vacaciones, del tipo que sean, mirándoles seriamente —“les voy a poner deberes para casa, para hacer durante estas Navidades”—, término este, el de los deberes, al que algunos profesores también llaman, trabajo para casa, que suele provocar una reacción de rechazo de tal magnitud como si se hubiera vertido sobre aquellos palabras ofensivas e insultantes, hiriendo a quienes van dirigidas.

La verdad es que al explicarlo más que un deber o de un trabajo para hacer en casa sonaba entretenido y hasta divertido, pues deberían estar atentos a la programación de la parrilla televisiva para ver y hacer un trabajo sobre una película emitida en Navidades, que ya era todo un clásico, dirigida por Frank Capra y protagonizada por James Stewart y Donna Reed con el título de, -“Qué bello es vivir”-.

En ella, su protagonista, George Bailey, se siente atrapado, tremendamente frustrado al no haber podido cumplir ninguno de sus sueños que partían de la originaria idea de salir de su localidad natal, Bedford Falls, para irse a la Universidad, viajar y ver mundo, teniendo por contra que renunciar a todo aquello, para hacer frente al negocio familiar, heredado de su padre, Peter, fallecido repentinamente el cual además de conllevar enormes sacrificios de carácter personal, le acabaría llevando a una situación económica de bancarrota.

Considerándose un fracasado como persona y llevado por la desesperación más absoluta, la Nochebuena de 1945 decidía quitarse la vida, arrojándose desde un puente, momento en el que se le aparece su ángel de la guarda, un anciano llamado Clarence que todavía no ha conseguido sus alas.

Convencido de que su vida carece de sentido, el ángel, retrotrayendo el tiempo, le muestra lo que no hubiera sucedido, al no haber nacido. Al no existir, todo aquello que había hecho, en beneficio de otras personas, en consecuencia, era eliminado, enseñándole la vida de quienes le habían conocido, sin estar él, haciéndole comprender que cada persona, por el simple hecho de existir, contribuye a la felicidad de los demás, como él, sin ser consciente, había hecho también.

Al ver todo lo que hubiera sucedido de no haber estado allí, se da cuenta de que no hay una sola persona que haya nacido para fracasar, todas nacen para hacer algo, y por insignificante que se pudiera haber sentido en algún momento concreto de su vida, se da cuenta de la importancia que tienen la generosidad, la familia y la amistad. Es entonces, cuando plenamente consciente del enorme vacío que deja sin su presencia, habiéndose creído insustancial, viendo con sus propios ojos lo que el ángel le ha enseñado ruega por regresar, valorando mucho más todo lo que tiene, todo lo que le rodea. El ángel se despedirá de él con un emotivo mensaje en el que le dice; -“Recuerda que ningún hombre que tiene amigos es un fracaso. ¡Gracias por las alas! (Clarence)”-.

Al regresar de las vacaciones, a las pocas semanas don Jacinto volvía a hacer uno de sus ya tan famosos exámenes sorpresa, volviendo a repetir aquella quinta pregunta de nuevo, pero en esta ocasión, todos sabían la respuesta.

La mujer se llama Dorotea, trabaja limpiando el colegio y en dos casas más, para mantener a su familia que vive fuera. Tiene un hijo de ocho años, que se llama Adrián, que quiere ser de mayor profesor.

Por cierto, a partir de aquel día, todas las mañanas al entrar al instituto, de regreso de las vacaciones de aquel año, no hubo ningún alumno de 3º B que al ver a Dorotea no le diera los buenos días y le preguntara cómo se encontraba aquella mañana.

El año pasado, el último día de clase antes de las vacaciones de Navidad, el director, don Jacinto entraba donde estaban haciendo un examen sorpresa los de 3º B, con su tutor, Adrián, deseándoles una feliz Navidad. Al acabar de hacerlo, cuentan los que estaban en primera fila como don Jacinto tras preguntarle al profesor por su madre, con una sonrisa cómplice, le pedía que le enseñase la quinta pregunta de aquel examen. Nadie entendía nada, pero aquellos dos, riéndose, se despedían después, fundiéndose en un abrazo y deseándose una feliz Navidad.

“A veces sentimos que lo que hacemos es tan solo una gota en el mar, pero el mar sería menos si le faltara una gota”—. (Madre Teresa de Calcuta).

PD.- Que tengáis unas entrañables fiestas en compañía de vuestros seres queridos. Quienes no hayan visto esta película, seguro que uno de estos días la podréis disfrutar, en cualquier caso, en el siguiente enlace podéis ver un amplio resumen de la misma; https://youtu.be/ztx-NndWCTE )

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