MAGNOS SOIS, MAÑOS…

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29 de diciembre ……………………..y entonces sucedió que……………………….

………el siglo XI, vería nacer la monarquía aragonesa, la más democrática de todos los reinos medievales, consecuencia, según contaba la tradición, de cuando tres siglos antes, en el VIII, un grupo de habitantes de La Jacetania de Aragón (entre las provincias actuales de Huesca y Zaragoza), se reunían en los alrededores de los montes de San Juan de la Peña y Oroel, planeando la defensa de sus tierras frente al invasor musulmán.

La elección del jefe militar, García Jiménez, como rey, tras la conquista de Aínsa, en la que cuenta la leyenda como se produjo el milagro de la aparición de una cruz de fuego sobre una encina, que acabaría por convertirse en el escudo de la ciudad, daría el empuje necesario a aquel grupo, de valientes trescientos guerreros cristianos, para derrotar a los musulmanes.

Paralelamente a la elección del primer monarca fue elegido un juez con la misión principal de servir de intermediario, entre aquel y los caballeros aragoneses, naciendo así, el cargo del “Justicia de Aragón”, ambos sujetos a una serie de derechos y privilegios de origen legendario, conocidos como los “Fueros de Sobrarbe” que debían ser jurados previamente por el rey, para poder ser reconocido por sus habitantes como tal, de forma que, de no cumplir con aquella exigencia, podría, incluso, ser destronado, instaurando aquella máxima de que —“en Aragón, hubo leyes antes que reyes”—.

A su muerte Sancho Garcés III el Mayor, rey de Pamplona, en octubre de 1035, en su testamento, dividía los territorios de su corona entre sus cuatro hijos. A García, Pamplona, a Fernando el Condado de Castilla, a Ramiro el Condado de Aragón, y a Gonzalo los Condados de Sobrarbe y Ribagorza. Con el asesinato de Gonzalo, diez años más tarde, en junio de 1045, Ramiro reunía bajo su dominio los tres Condados (Aragón, Sobrarbe y Ribagorza), conformando el Reino de Aragón.

Fue precisamente con la muerte de este primer monarca del Reino de Aragón, el 8 de mayo de 1063, cuando quedaba instaurada la dinastía regia de los Ramírez (nombre con el que serían conocidos los descendientes de Ramiro) el cual dejaba constituidas, en su testamento, las pautas a seguir en el orden sucesorio, estableciendo la prioridad del primogénito varón sobre los demás, si bien hay que señalar que no era esta, una norma de obligado cumplimiento, al quedar siempre, en última instancia, reservado a juicio de aquellos, la posibilidad de optar por la libre designación entre sus hijos (tal y como quedaría constatado años más tarde, siendo rey Sancho Ramírez, cuando en 1093 ordenaba, —“que aquel de sus hijos que recibiera el reino en su lugar, rezara por el alma de sus parientes haciendo donaciones”—).

Producido el deceso del monarca, era necesario instaurar algún tipo de manifestación pública que pusiera en conocimiento, de los súbditos del reino, el cambio producido al frente de la corona, a través de un acto con la solemnidad necesaria, que reconociera al sucesor su nuevo estatus frente a todos ellos.

Unas celebraciones sencillas y sobrias en sus orígenes que irían adquiriendo mayor complejidad con el transcurso de los años, siendo imprescindible, finalmente, realizar un compendio de ceremonias, en el que serían recogidos hasta los más mínimos detalles en el proceder de los actos de aquellas. Es posible, pues no hay constancia de ello, que los primeros monarcas fueran coronados en algún tipo de encuentro con los nobles magnates del reino, que le hacían entrega de la corona. Por su simbología, el lugar de aquellos actos fue el monasterio de San Juan de la Peña, en donde, aquellos nobles, junto a los monjes participarían con su presencia en dicho ceremonial. Jaca, Huesca y Zaragoza irán siendo, por orden cronológico, la cabeza del reino aragonés.

Conforme los reyes de Aragón fueron reconquistando tierras desintegrando el antiguo Al-Ándalus, fueron exportando este modelo “pactista”. Jaime I, El Conquistador, el 29 de diciembre de un día como hoy de 1239 le concedía a Valencia el cargo del Justicia Mayor, así como la concesión de una serie de “Costums” que en 1251 comenzaron a conocerse como los “Fueros del Reino de Valencia”, con orden a los jueces de ceñirse a aquellos, y que el mismo rey Jaime I juraría el 7 de abril de 1261.

Todos los reyes de España fueron cumpliendo con este trámite protocolario. La muerte de Carlos II, sin descendientes, abría una guerra por la sucesión en el trono en la que finalmente se imponía el nieto del rey de Francia, Luis XIV, el primer rey de la dinastía Borbón, con el título de Felipe V, que, a sus diecisiete años, el 18 de febrero de 1701, hacía su entrada en Madrid, donde era investido rey de Castilla.

En junio, reclamado por los aragoneses, el nuevo rey instaurado, enviaba al presidente del Consejo de Aragón, el duque de Montalto, la confirmación de su visita para cumplir con aquel trámite exigido, que el 13 de septiembre de 1701 haciéndolo coincidir con el decimotercer cumpleaños de la reina, María Luisa Gabriela de Saboya, en la iglesia de la Seo, juraba los fueros del reino de Aragón;

“Nos, que somos tanto como vos y todos juntos valemos más que vos, os hacemos rey de Aragón, si juráis los fueros y si no, no—”.

A lo que el monarca contestaba afirmativamente; “Magnos sois” (que al ser francés era leída con la clásica letra “Ñ” de nuestro abecedario, sonando en aquella Iglesia de San Salvador, algo así como, Maños sois), dejando aquel término, el de “maños”, para designar desde entonces a los habitantes de Aragón.

El profesor Francisco Ynduráin Hernández, a quien sus alumnos llamaban, «don Paco», apunta hacía una teoría distinta que el Archivo de Filología Aragonesa prefiere  para la palabra «maño», procediendo esta, del término hermano, que es más posible lingüísticamente y que nos llevan hacia esa dirección: maña, maño y sus diminutivos, mañica y mañico, acomodándose mejor a la idea de hermandad que a la de grandeza o excelencia singular. En México, sin ir más lejos se emplean los vocablos «mano» y «manito» como abreviatura de «hermano».

A los Zaragozanos les dicen “maños”, y también cariñosamente “cheposos” (que así es como les llaman los de Huesca, pues al entrar a Zaragoza y tener que cruzar el Puente de Piedra, que era el único acceso a la ciudad que había entonces, veían a todos los que pasaban por él, andar escondiendo el cuello, encorvados, sacando chepa, por la fuerza con la que sopla el cierzo). Los de Jaca les llaman “almendrones” (porque tienen mucha cáscara y poco fruto, o sea: son muy presuntuosos, pues quieren aparentar mucho más de lo que son o tienen realmente). 

De cualquier forma, al maño, todo esto le da igual…porque tienen un dicho que afirma que;

 —“Porque habito en el Rabal me llaman la rabalera en siendo de Zaragoza que me llamen lo que quieran”.

PD.- ¡Hasta el año que viene!, ¡feliz año nuevo!.

 

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