COSAS DE «BIDIENTES»…

1demarzo2024

1 de marzo…………………y entonces sucedió que…………………………………

…………..no hay día que pase deseando que aquello, no sea más que un mal sueño, una de esas típicas pesadillas que te cortan la respiración, resecando la garganta, amargándote la noche, pero pudiendo, abriendo de nuevo los ojos, volver a respirar con alivio, alejándote de aquella angustiosa sensación. Sin embargo, Louwana, cada noche se despierta agitada, con el atronador ruido de los acelerados latidos de su corazón, que siente palpitar hasta en la mismísima garganta, volviendo a ser consciente de la pura realidad, dándose cuenta de que, muy a su pesar, aquel tormento no es fruto de un mal sueño, sino que, desgraciadamente, es algo demasiado real.

Lleva sin saber nada de su hija desde el día anterior de su decimoséptimo cumpleaños, cuando el 21 de abril, de hace un año, a las siete y media de la tarde volvía de trabajar del Burger King, el del 11002 de la avenida Lorain, el que hace esquina con la calle Oeste 110. Al parecer había llegado a casa, se había cambiado de ropa y había vuelto a salir. Todos pensaron que igual se había ido a celebrar su cumpleaños con parte de sus amigas, cerca de allí, en el «Centro Comercial de Westown Square», pero lo cierto era que, desde aquel día, nadie la había vuelto a ver.

Tres semanas más tarde, Louwana Miller, la madre de Amanda, recibía una llamada desde el móvil de su hija. Era la voz de un hombre que le decía que no se preocupase, que ella estaba bien y que regresaría pronto a casa. Pero aquello nunca acabaría sucediendo.

Una parte de los investigadores tratan de consolarla explicándole que los adolescentes a veces hacen este tipo de cosas, marchándose por su propia voluntad. Cada año, en los Estados Unidos, se cursan cerca de ochocientas mil denuncias sobre menores desaparecidos, archivándose muchas de ellas, con posterioridad, como «voluntarias», restándole importancia y tratando de tranquilizarla, llegándole a asegurar que, probablemente, en cuestión de horas o días regresaría. Pero los meses han ido sucediéndose y no ha vuelto, además ella sabe que Amanda no se iría así como así.

Amanda Berry es el segundo caso de una adolescente desaparecida en la ciudad de Cleveland, en apenas ocho meses, cuando aquel 23 de agosto, en la calle Oeste 116, esquina con la avenida de Lorain, una joven de veintiún años, Michelle Knight, no había regresado a su casa. La situación se tornaba preocupante cuando un año después, el 2 de abril de 2004, una tercera, de tan solo catorce años, Gina De Jesús, al regresar de la escuela, otra vez en la esquina de la avenida Lorain con la calle Oeste 105, desaparecía sin dejar rastro alguno. Tres jóvenes, en un radio de no más de cinco manzanas.

No hay día que no salga por el barrio a colocar carteles junto a su otra hija, Beth, la hermana de Amanda. Todo el vecindario se ha volcado, desde el primer día, con la familia.

Y así, transcurren diecinueve meses de búsqueda, no dándose por vencida, aferrándose a querer saber dónde está su hija, convencida de que sigue viva, frente a quienes le dicen que, transcurrido tanto tiempo, son muy pocas las probabilidades de encontrarla con vida, tratando de advertirle, por su bien, que acepte con resignación el fatal desenlace, pero ella que dice «todavía sentirla viva» se niega a dejarse doblegar.

El 17 de noviembre, Louwana Miller acude al programa de televisión el Show de Montel Williams, para promover la búsqueda de su hija. Quiere que el caso no acabe en el olvido. Es un programa de entrevistas, de tipo sensacionalista, que se emite desde 1991 y en el que esa noche acude una mujer Sylvia Browne, que afirma ser vidente y médium espiritual y a la que espera poder realizarle una consulta en directo.

Durante la emisión del programa y tras una breve introducción, por parte de su presentador, de la desaparición de Amanda Berry, hace acto de aparición la médium del programa que se sienta frente a Louwana, la cual le ofrece una fotografía de su hija preguntándole al mismo tiempo, -“por favor, esta es mi hija, puede decirme si está por ahí, si ¿la volveré a ver alguna vez?”-.

El silencio en el plató es solemne, casi sepulcral. Nadie parece respirar. Sylvia toma la foto, la pasea por su frente, la mira en silencio y le dice; -“Odio esto, odio cuando están en el agua. Lo odio. No está viva, querida. La verás en el cielo”-, palabras que caen como una losa sobre la quebradiza esperanza de aquella madre, que ahora sí, empieza a estar ya convencida de lo que todos le han estado advirtiendo durante estos casi ya veinte meses desaparecida. Su niña, está muerta.

Aquella fatídica revelación haría que bajase definitivamente los brazos, dejando de buscarla, convencida de que solo era ya cuestión de tiempo que algún día, el jefe de policía de Cleveland, Michael McGrath, con quien se había reunido en infinidad de ocasiones, la llamase para decirle que habían encontrado el cuerpo sin vida de su hija, vete a saber en qué lugar, pero pudiendo responder, al menos, todas aquellas dudas que le reconcomían.

El 1 de marzo, de un día como hoy, de 2006, dos meses antes de cumplirse tres años desde la desaparición de su hija, Louwana Miller sufría un infarto, del que no se recuperaría, falleciendo al día siguiente. Su corazón no había podido soportar tanta tristeza. Tenía cuarenta y tres años de edad. Su hija Beth llegaría a afirmar que su madre había fallecido con el corazón roto por la desaparición de “Mandy” y que fue el programa de Montel Williams, estaba segura, el que la acabó destrozando de pena.

Siete años después, el lunes 6 de mayo de 2013, Charles Ramsey en su día libre al salir de su casa a por una hamburguesa, al pasar frente al número 2207 de la avenida Seymour escuchaba unos gritos de alguien que pedía ayuda con desesperación. Aquellos gritos, procedían de una pequeña ventana, de una casa cuyo propietario era Ariel Castro, un conductor de autobús escolar. Los gritos los daba Amanda Berry.

De allí salían con vida las tres chicas desaparecidas y una niña de seis años, Jocelyn, hija de Amanda, fruto de las violaciones por parte de su secuestrador.

La médium al conocer la noticia siendo preguntada al respecto, afirmaría; -“me siento muy mal por haberle dicho a la madre de Amanda, en aquel programa, que creía que su hija no estaba viva. Estoy muy contenta de haberme equivocado. Tuve una visión, pero debí malinterpretarla debía de tener un significado diferente”-.

Perdona¿?…-Si no puedes ayudar al prójimo, por lo menos, no le hagas daño, no le lastimes ni perjudiques-

A veces cuando lo vemos todo negro nos aferramos a cualquier mínimo rayo de esperanza. Ya lo dijo Platón; -“De noche, especialmente, es hermoso creer en la luz”-

Y Louwana, sin ese minúsculo rayito de luz, dejó de creer…

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