«CONTARLE A LAS ABEJAS»…

19abrile

19 de abril…………………………..y entonces sucedió que……………………………

…existe una costumbre ancestral, que todavía perdura o de la que se sigue teniendo reminiscencias, en algunas localidades del norte peninsular como, Euskadi, Navarra, Galicia, Asturias y Cantabria y en algunos países europeos (sobre todo con raíces Celtas) según la cual, al morir el dueño o dueña de la casa o un miembro de la familia, generalmente el heredero (primogénito), el viudo o la viuda, debían salir y anunciar el óbito a las abejas, en el caso de tener colmenas.

Y es que tal y como publicaba el escritor alemán Wilhelm Giese, en 1949, en la revista Eusko Jakintza, su trabajo sobre “la comunicación de la muerte del patrón a las abejas”, –“el hombre primitivo consideraba a las abejas como las almas de los difuntos”–.

El motivo de efectuar esta comunicación parece obedecer principalmente a dos razones muy concretas: la primera, evitar la propia muerte del colmenar, la segunda, asegurar una mayor producción de cera, según la tradición, para facilitar el alumbrado en el sepelio familiar.

De no hacerlo así, estas podrían incluso llegar a morir o partir, abandonando sus colmenas, como parece que sucedió en la localidad alavesa de Galarreta, como recoge en su libro “Mitología Vasca”, José Miguel Barandiarán Ayerbe o en la villa de Luzaide-Valcarlos (Navarra) en sus “Cuadernos de etnología y etnografía de Navarra”, José María Satrustegi Zubeldia, en los que, algunos testimonios cuentan como, hubo ocasiones, en las que nadie se preocupó de comunicar las muertes a la abejas, extinguiéndose sus panales al completo.

Según contaba el profesor Justo Gárate Arriola (Eneko), fue en Sumbilla, localidad ubicada en el Alto Bidasoa, en Navarra, donde tras la muerte del dueño de la casa, en 1921, viudo y sin hijos, un sobrino de aquel, que había recibido el encargo de proceder a dar el aviso a las abejas, no dándole quizá importancia al cometido recibido, lo hacía solo en aquellas colmenas que estaban más cerca de la casa, obviando hacerlo en las que se encontraban más alejadas, las cuales, morían poco después, al parecer, al producir mucha más cera.

El proceder era casi siempre el mismo. Un miembro de la familia, vecino o amigo, se dirige a las colmenas colocando un trozo de tela o crespón negro, en cada una de ellas, para, tras dar ligeros golpecitos en estas con la mano, anunciar solemnemente la noticia de la defunción, recitando las siguientes palabras; –“ Erletxuak, nagusia il da”– (Abejitas, ha muerto el amo) o bien, –“Etxeko andrea il da”– (Ha muerto el ama). El proceso no podría hacerlo un extraño o desconocido porque, de ser así, aquellas podrían arremeter contra él.

En Francia, Alemania, Países Bajos e Inglaterra además de esta costumbre a la que se le conoce con el nombre de “Contarle a las abejas”, consideradas estas como parte integrante de la familia, deben ser informadas, no solo de las muertes, sino también de todos aquellos asuntos familiares importantes, como son los nacimientos, matrimonios y las largas ausencias debidas a los viajes.

El Daily Mail informaba que a la muerte de Isabel II, el 8 de septiembre de 2022, el apicultor real John Chapple, había sido el encargado de comunicar, a las más de 20.000 melíferas que tienen en las cinco colmenas del Palacio de Buckingham y las dos en la residencia de Clarence House, la muerte de la reina madre, y el ascenso del nuevo monarca, su hijo, Carlos III.

El octogenario apicultor revelaba al aludido medio como había procedido a dar la noticia, colmena a colmena, golpeando suavemente, de una en una, todas ellas, para reclamar la atención de las abejas y repitiendo la fórmula; –“Vuestra señora ha muerto, pero no os vayáis, vuestro nuevo dueño se va a portar bien con vosotras”–, al tiempo que colocaba, en cada una de las siete colmenas, un crespón negro.

El apicultor también contaba como un 19 de abril, de un día como hoy, de 1926, el monarca George V, solicitaba al entonces su jardinero de palacio, diera aviso de bienvenida, a sus abejas, del más que probable e inminente nacimiento de su nieta, tercera en la línea sucesoria, a la postre y contra todo pronóstico, reina de Inglaterra, durante setenta años, Isabel II, hecho que se produciría dos días más tarde, el día 21, en el número 17 de Bruton Street, en casa de sus abuelos, donde semanas antes se habían mudado sus padres.

Por la supervivencia de nuestras tradiciones, costumbres de nuestros antepasados.

–“La tradición no está ligada a las personas que lo transmiten sino al encuentro con las fuerzas de la vida”–. (Paulo Coehlo)

[En el siguiente enlace grabado en Holanda, allá por 1926, muestra cómo se llevaba a cabo este procedimiento; https://youtu.be/IMz5pXT7uHo?t=41]

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