26 DE ABRIL: —«DÍA DEL NIÑO»—.

26abril

26 de abril…………………………..y entonces sucedió que………………………….

…………Pol tiene cinco años, hace unos meses le habían diagnosticado, a él y a su hermana Liza, de once, una enfermedad genética hereditaria, muy poco frecuente, de las llamadas “raras”, que ataca al sistema inmunitario y que suele presentarse en pacientes en edades comprendidas entre los cuatro y los doce años.

Milagrosamente Pol se había curado, logrando de alguna extraña manera, crear sus propios anticuerpos, pero Liza, continuaba en estado muy grave, sin responder positivamente a los distintos tratamientos empleados, ni al de la inmunoglobulina, por vía intravenosa, ni tampoco al uso de corticoides.

Antes de llevar a cabo la delicada intervención de extirparle el bazo quieren probar a realizar una transfusión de la sangre del niño a su hermana que, al parecer, y tras los análisis efectuados, han ofrecido resultados positivos de compatibilidad, lo cual, partiendo de las bajas probabilidades que suelen darse entre hermanos de sangre, de uno entre cuatro casos, ya es de por sí todo un milagro.

Comprobada la compatibilidad, una tarde, Pol acude acompañado de su padre, Vítor y de su madre, Loretta, a la consulta de don Juan, el médico de la familia, que lleva este asunto, para tratar de implicarle un poco más en el mismo, pidiéndole su consentimiento (que ya ha sido autorizado por sus padres), y explicándole, así por encima, en que consiste el procedimiento de la transfusión, tras lo cual y sin dudarlo ni un solo instante, el niño daba su aprobación al tiempo que afirmaba, -“si sirve para salvar a mi hermana, lo haré”-.

Al día siguiente, tumbado en una camilla junto a la de su hermana, daba comienzo la transfusión. Pol no pierde detalle de cómo se va produciendo el proceso, excepto cuando le ponen la vía intravenosa, que prefiere no mirar y hacerlo hacia otro lado. Su madre está junto a él, su padre con su hermana. Él mira a su hermana con amor y sonríe. -Todo va a ir bien-, le dice una de las enfermeras que vigila el procedimiento y que está pendiente de cualquier tipo de reacción transfusional.

El niño sigue sonriendo hasta que de pronto parece palidecer, borrando de su rostro la misma. La hematóloga, la doctora Eva Echaniz, le pregunta, -¿estás bien, Pol?-, al tiempo que este, mirándola seriamente le consulta una duda que al parecer no le habían resuelto antes, -“doctora, ¿a qué hora empezaré a morirme?”-, y es que el niño con su bendita ingenuidad había entendido que le daba toda su sangre, a su hermana, por lo que él, al quedar sin ella, estaba convencido de morir en el mismo proceso, y a pesar de eso, había dado su aprobación.

Y de pronto todo el personal sanitario que se encontraba dentro de aquella habitación, emocionado, quedó en el más absoluto silencio, admirando a aquel niño que había llegado a creer que, para salvar la vida de su hermana, era necesario entregar la suya a cambio, siendo conscientes, cada uno de los presentes que aquella personita estaba dispuesta a dar, su propia vida, por quien amaba.

Alguien para romper aquel silencio entonces dijo una frase que sin decir nada, lo decía todo, —“niños” —.

Fue Jacinto Benavente, hijo de don Mariano, pediatra de profesión, el “Médico de los niños”, quien llegó a pedir a toda la sociedad española de principios del siglo XX, -“aniñar, en cuanto fuera posible, los espíritus”-, porque, según decía, “es en cada niño donde nace la humanidad”.

Para la madre Teresa de Calcuta, —los niños eran como las estrellas, ya que afirmaba que, nunca había suficientes—.

La “Fundación Crecer Jugando” (fundacion@crecerjugando.org) en colaboración con la “Asociación Española de Fabricación de Juguetes” (https://www.aefj.es/) y el apoyo de diferentes colectivos, asociaciones y empresas, entre los que se encuentra Fisher Price y más de 1.500 entidades vinculadas a la infancia, emitieron un manifiesto en el que solicitaban fuera el 26 de abril, un día cómo hoy, reconocido como el “Día del Niño”.

El presidente de la Fundación, que lo es igualmente de la aludida Asociación, José Antonio Pastor Fernández, manifestaba haber elegido precisamente dicho día, tratando de concederles todo el protagonismo a los niños, como reconocimiento al papel que estos desempeñaron, con su actitud resiliente, enfrentándose a la incertidumbre y transformación de sus rutinas durante el confinamiento estricto decretado por la pandemia del SARS-CoV-2, al ser un 26 de abril, tras seis semanas de encierro (42 días), cuando por fin, los niños y niñas pudieron volver a salir a la calle y respirar aire puro.

Niños sometidos a rigurosas medidas de confinamiento, sin ningún tipo de salidas autorizadas durante seis semanas ininterrumpidas, sin vacunación disponible, sin juegos al aire libre, sin colegios.

Cuidémosles. Démosles pues este merecido homenaje debido. Tratémosles con cuidado. Como bien dijo el escritor italiano Mirko Badiale;

—“En cada niño se debería poner un cartel que dijera: Tratar con cuidado, contiene sueños”—.

Por esos sueños…

PD.- Historia inventada desarrollada a partir de un cuento de autor desconocido (cualquier parecido con la realidad, es pura coincidencia).

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