LA GENERACIÓN EMMETT TILL

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1 de diciembre………………………………….y entonces sucedió que………………

………no son aquellos años 50, buenos tiempos para la población negra que vive en los Estados Unidos, sobre todo en los tradicionales estados del sur, donde las barreras sociales y la segregación racial, son más evidentes. De hecho, la mayor parte de los locales restringen o directamente prohíben la entrada a aquellos, por el color de su piel, en las tiendas de ropa, no se les permite acceder a los probadores y en los restaurantes, no se les atiende ni se les sirve comida.

Contaba Cassius Clay, cuando después de entrenar, con trece años, acudía con su entrenador Joe Martin a recoger comida a algún restaurante, como tenía que esperar en el coche, porque a él no le estaba permitida la entrada.

Recordaba cuando incluso, cumplidos los dieciocho, recién llegado de los Juegos Olímpicos celebrados en Roma, con aquella medalla de oro colgada al pecho, que no se quitaba ni para dormir, después de haber sido recibido oficialmente por el alcalde de Louisville, Bruce Hoblitzell, quiso tener el detalle de invitar a su hermano Rudy a desayunar a una cafetería donde no se permitía la entrada a los negros, convencido que aquel metal dorado, que había ganado defendiendo los colores de su país, le conferiría algún tipo de privilegio, dándose de bruces con una realidad que le acabaría frustrando.

Mamie Till tiene miedo del viaje que su hijo Emmett, fruto de su primer matrimonio, tiene previsto realizar ese mismo verano de 1955, desde el South Side de Chicago, donde viven, a casa de sus tíos, Elizabeth y Moses Wright, en la pequeña localidad de Money, en el condado de Leflore, estado de Misisipi, a más de 1000 km de distancia de allí.

Ella, que nació por aquellas tierras, sabe que las cosas son algo diferentes con los blancos, que esperan (y exigen) un comportamiento más servicial y subordinado de ellos, algo a lo que su hijo no está acostumbrado, por lo que trata de disuadirlo y al no conseguirlo, aleccionarlo al menos, antes de partir, haciéndole entender que debe ser un poco más distante y reservado.

El 20 de agosto Emmett sube al tren entusiasmado. Es el primer viaje en sus catorce años que hace solo. Su tío Moses, al que llaman “el predicador” vive en una pequeña cabaña de tres habitaciones, rodeada de árboles, a unos 5 km al este de Money, donde trabaja como aparcero, en las tierras de Grover Frederick, atendiendo, los domingos, sus quehaceres pastorales ante su comunidad.

A Moses le ayudan en aquel duro oficio de la recogida del algodón sus hijos, primos de Emmett, Simeon y Wheeler, por lo que Emmett no dudó, desde el primer día, ponerse a colaborar en aquella ardua tarea.

Una de aquellas calurosas tardes, la del miércoles 24 de agosto, los chicos deciden después de la jornada de trabajo, acudir a la tienda de comestibles de Bryant, a la que llegan sobre las siete. Compran algunas chucherías. Emmett Till paga dos centavos por unos chicles y cuando se dirige hacia el exterior emite un silbido, de esos que suelen, o solían darse, de admiración, hacia la cajera, Carolyn Donham, de veintiún años, que además de ser la dependienta, es la esposa de Roy, el dueño del establecimiento, que se encuentra en aquellos momentos, fuera de la localidad y al que al parecer, cuando tienen noticias de este suceso, le ofende en demasía aquel gesto del adolescente.

Silbar o interactuar con una mujer blanca, siendo hombre de color, según las leyes no escritas del sur, las de Jim Crow, no está bien visto ni aceptado. Las palabras deben ser siempre de sumisión, procurar en presencia de hombres blancos, si te preguntan, al contestar no mirarles directamente a la cara y un sin fin de complejos comportamientos difícilmente aceptables.

De hecho, ha habido a lo largo de la historia por aquellos mismos parajes del sur de los Estados Unidos linchamientos de una muchedumbre enardecida por situaciones muy parecidas como el caso de Jesse Thornton, de veintiséis años que moría apaleado un 22 de junio, quince años antes, en Luverne (Alabama), por llamar a un agente de la policía por su nombre, negándose a emplear antes del mismo el término de “Señor”, al que le fue compelido, en varias ocasiones, a que lo hiciera.

Enterado del asunto el marido de la ofendida, cuatro días más tarde, sobre las dos y media de la madrugada, del ya domingo 28 de agosto de 1955, Roy Bryant junto a su hermanastro John William Millam, ambos armados con escopetas, irrumpían en casa del pastor Moses, llevándose a Emmett, al que colocaban en la parte trasera de una camioneta Chevrolet, ante las súplicas de sus tíos que imploraban por aquel.

Tres días más tarde, el 31 de agosto, era hallado el cuerpo completamente desfigurado del chico en el río Tallahatchie. Todo el mundo, en aquella localidad, era conocedor de aquel suceso. En septiembre ambos hombres fueron juzgados de aquel asesinato, negando los hechos, argumentando haberse llevado al chico para asustarlo, asegurando haberlo liberado. Un jurado, compuesto exclusivamente por hombres blancos, que escuchaba el testimonio de dos hombres negros contra aquellos dos blancos, por primera vez en su historia, el del tío Moses y el de un adolescente Willy Red que aseguraba haber visto a los detenidos llevarse al chico a un granero donde se oían fuertes golpes y gritos, acabaría declarándolos inocentes de aquella muerte ignominiosa al considerar no poseer evidencias suficientes.

Durante el entierro celebrado en Chicago, Mamie Till quiso que el féretro permaneciese abierto para mostrar a los allí presentes cómo habían dejado de desfigurado a su pequeño, causando una fuerte conmoción en la sociedad al publicarse, al día siguiente, la impactante fotografía que había tomado David Jackson

El 1 de diciembre, de un día como hoy, de 1956, Rosa Parks, a 500 km al este de Money, en Montgomery, Alabama, profundamente afectada por este suceso, en un autobús, se negaba a ceder su asiento “reservado para blancos” (historia que ya fue tratada en una reseña y que podemos leer en este enlace https://sucedioque.com/2017/12/01/el-viaje-que-cambio-la-historia/). Según contaría años más tarde, iba a cambiarse de sitio pero de pronto recordó este triste suceso de Emmett Till y se negó a hacerlo.

Martin Luther King, en el octavo aniversario del asesinato de Emmet pronunciaba su famoso discurso, “anoche tuve un sueño”, Cassius Clay también señalaría la influencia de aquel en su proceder y su lucha.

Un caso este el de Emmet Till que sin ser tan conocido como otros, inspiraría a otros muchos en pos de alcanzar la igualdad racial y la defensa de los derechos civiles, en lo que se acabaría conociendo como «La generación Emmett Till».

Bob Dylan le dedicaría una canción, «The Death of Emmett Till» y más recientemente el presidente Joe Biden anunciaba erigir un monumento en su honor en la iglesia de Chicago y dos más en Misisipi, otorgándole así, el reconocimiento a una realidad que se había llegado a convertir en algo cotidiano y del que el mismo Cassius Clay, campeón de los pesos pesados, llegaría a afirmar, con cierta ironía, en más de una ocasión;

-“Si pido un helado de chocolate y vainilla, me apuesto lo que queráis a que siempre pondrán la bola de vainilla por encima de la de chocolate- (Cassius Clay/Muhammad Ali)

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