EL VIAJE QUE CAMBIÓ LA HISTORIA.-

 

VIAJE SIN RETORNO

1 de diciembre………………..y entonces sucedió que……………………..
………………..en la pequeña y tranquila localidad de Montgomery, a orillas del río Alabama, en el sur de los Estados Unidos, ciudad de clima suave y templado, donde en los bares se acompasan, instintivamente, ritmos tan pegadizos como el Jazz y el Blues y en sus iglesias los feligreses entonan canciones de música góspel, la ciudad, otrora capital de los secesionistas estados Confederados del Sur, de gentes tranquilas, iba a ser testigo de un suceso, durante la jornada de aquel jueves, día 1 de diciembre de 1955, que acabaría siendo tratado en la misma Corte Suprema del país.
Aquel jueves, de hace hoy sesenta y dos años, el día había amanecido nublado y algo más fresco de lo habitual, se notaba la llegada del mes de diciembre y sus descensos térmicos bruscos acostumbrados, de hasta diez grados de un día para otro, haciendo bueno el dicho popular de –“En diciembre, diente con diente”- (en clara alusión al típico castañeo batiente de los mismos).
Sus gentes todavía continuaban hablando del huracán Connie que el pasado mes de agosto había arrasado las costas del Este del país, y más concretamente el estado de Carolina del Norte, que a la postre resultó ser el más perjudicado de todos, y con el que tuvo que lidiar la Administración del entonces presidente Eisenhower.
La jornada laboral ya había terminado. Como de costumbre las paradas del servicio de transporte público de los ómnibus de Montgomery comienzan a recibir a los cientos de trabajadores que se disponen a regresar a sus hogares. Entre todos ellos, una modista de cuarenta y dos años de edad, llamada Rosa Parks, que sin saberlo está a punto de hacer historia.
La costurera, de carácter tímido y reservado espera el autobús de la línea que recorre la avenida Cleveland, para dirigirse al modesto barrio de Cleveland Court, ubicado en las afueras de la ciudad, donde en el número 634 tiene fijado su domicilio, de una calle que años más tarde, por los sucesos que están a punto de suceder, llevará su nombre, Avenida de Rosa Parks.
Por aquel entonces las leyes estatales de Alabama aplicaban la segregación racial en todos los ámbitos de la vida cotidiana de sus ciudadanos, en el que los comercios, las  cafeterías y determinados servicios señalaban claramente un uso exclusivo para sus habitantes, en función del color de su piel. Lo mismo sucedía en el aludido transporte público, donde las filas de los asientos colocados en la parte delantera del autobús se encontraban reservados para la población de raza blanca, mientras que los de la parte posterior quedaban asignados para las personas de color. Aquellos bancos que se encontraban, en medio, entre unos y otros, podían utilizarse por estos últimos, pero si un pasajero de raza blanca lo solicitase, la ley le reconocía su preferencia sobre los mismos.
El vehículo señalado con el número 2857 hacía, aquella jornada, el trayecto por la avenida de Cleveland. Los pasajeros negros, para conseguir el billete del trayecto y dependiendo del conductor de turno, estaban obligados a realizar una, cuanto menos complicada maniobra, al tener que acceder por su parte delantera para efectuar el correspondiente pago del billete y una vez realizado el mismo, descender para volver a acceder por la puerta de la parte de atrás del vehículo, teniendo prohibido de esta manera un movimiento, tan simple como sencillo, de recorrer con unos pocos pasos el pasillo interior que les llevaría hasta sus asientos.
Aunque el autobús llega abarrotado de pasajeros, Rosa Parks, encuentra uno de los asientos del medio libres, sentándose en él, junto a otros tres viajeros de color. Dos paradas más adelante sube un estudiante blanco, que al no disponer de sitio libre se queda de pie. El conductor, James Blacke, de malas maneras vocifera para que los cuatro viajeros dejen libre aquellos bancos. –“No fue el pasajero quien nos solicitó el sitio”- , diría más tarde la señora Parks, -“sino que fue el conductor el que parando el vehículo comenzó a darnos gritos para que abandonásemos aquellas plazas”-.
Los que allí se encuentran, como ya han hecho o visto hacer innumerables ocasiones se levantan cediendo sus asientos. La modista, se “aleja” hacia la ventana en lugar de marcharse, pero el chófer no se contenta con que deje “espacio”, entre ella y el chico blanco, sino que le conmina a levantarse o denunciarla a la policía. Ella que ha cedido su sitio numerosas veces, aquella tarde resolvió seguir su instinto y decir “basta”.
Fue arrestada allí mismo por una patrulla de la policía metropolitana de Montgomery, tras el aviso dado por el conductor, acusándola de los cargos de alteración del orden público. La noticia se propagó con tal prontitud que un joven pastor de veintiséis años, de nombre Martin Luther King Jr, a la cabeza, solicitó de la comunidad negra, como señal de protesta, rehusar viajar en autobús, desde ese mismo instante, causando de esta manera considerables pérdidas económicas a un servicio en el que las tres cuartas partes de sus usuarios eran ciudadanos de color.
De esta manera, y con aquel gesto de no ceder su asiento, tuvo lugar el desarrollo del “movimiento de los derechos civiles” y con sus trescientos ochenta y un días de boicot al servicio de transporte de la ciudad, lograrían finalmente que sus derechos fueran reconocidos en una sentencia de la Corte Suprema que declaraba inconstitucional la segregación racial en el transporte.
Y es que a veces, –“La acción más pequeña vale más que la intención más grande”-. (Jiddu khrisnamurthi)

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