SURGICAL G”LOVE”S (LOS PRIMEROS GUANTES QUIRÚRGICOS).-

v27082021

27 de agosto…………………………………y entonces sucedió que………………….

………………..en poco tiempo aquel cirujano había revolucionado la técnica quirúrgica en el recientemente creado John Hopkins Hospital de Baltimore, ubicado en el 1800 de la calle Orleans, en el estado de Maryland, a una hora de camino en coche desde Washington D.C, insistiendo en operar utilizando, más allá de la fuerza bruta, una ejecución con mayor precisión, habilidad y técnica, de una forma más meticulosa, manejando con suavidad los tejidos.

Decían de él que fruto de sus investigaciones, experimentando en su propia persona con clorhidrato de cocaína (cocaína en polvo), en busca de un anestésico quirúrgico, había llegado a tener serios problemas de adicción a dicha sustancia teniendo incluso que ingresar en el Hospital psiquiátrico de Butler, donde permanecería internado cerca de seis meses, hasta el viernes 27 de agosto, de un día como hoy, de 1886, a un mes de cumplir los treinta y tres años de edad.

William Halsted recuperado de su adicción fue rescatado profesionalmente por quien sería años más tarde el primer decano de la escuela de medicina del John Hopkins, el doctor William Welch que le ofrecía, en diciembre de ese mismo año, trabajar en su laboratorio.

Superada definitivamente aquella adicción fue nombrado cirujano jefe del hospital donde desarrollaría un  método innovador en sus intervenciones quirúrgicas, controlando mucho más el sangrado y llevando a cabo, antes de proceder a suturar la zona intervenida, una limpieza y desinfección total de la zona afectada, realizando una reconstrucción cuidadosa del tejido. Para algunos de sus colegas, era tan minucioso en su quehacer que resultaba en ocasiones insoportablemente lento.

Halsted era muy estricto con la higiene y desinfección dentro del quirófano, exigiendo a todo su equipo, en todas sus intervenciones, utilizar el líquido antiséptico inventado por el británico Joseph Lister para la esterilización del instrumental utilizado.

A finales de 1889, la enfermera jefe Caroline Hampton mostraba sus manos enrojecidas, llenas de erupciones pruriginosas y descamativas al doctor, al mismo tiempo que le decía, “creo que no voy a poder seguir entrando a quirófano, las molestias y los picores que tengo son cada vez más intensos”.

Y es que el uso constante del líquido de fenol, y del cloruro de mercurio con los que entraba en contacto diariamente, habían provocado a su enfermera favorita, con la que más a gusto trabajaba y de la que, en silencio, estaba profundamente enamorado, una molesta dermatitis atópica que con cada intervención a la que asistía empeoraba todavía más.

La simple idea de no poder tenerla cerca mientras operaba le atormentaba, pero no podía permitir su entrada al quirófano sin realizar el protocolario acto instaurado de desinfectar las instalaciones y el instrumental, ni tampoco podía, obcecado con ello, agravar sus molestias, intensificándolas, hasta llegar a la exacerbación.

Fue entonces cuando al doctor Halsted le llegaron noticias de la actividad de un joven, llamado Frank Seiberling a unos 565 kilómetros al oeste, en la localidad de Akron, en Cleveland (creador y fundador de la futura Goodyear Rubber Company) que realizaba lo que se denominaba vulcanización del caucho y al que le solicitaba el encargo para su enfermera, llevándole el molde de sus manos, de confeccionarle unos guantes lo suficientemente finos que le permitieran poder operar con destreza con el instrumental clínico y lo suficientemente resistentes para poder ser rociados de líquido antiséptico sin sufrir alteración alguna. Sin ser todavía consciente que por un acto de amor, por no querer desprenderse de la presencia de su amada enfermera y de no acabar de forma prematura con su carrera profesional habían nacido los futuros guantes quirúrgicos.

No se concibe actualmente un solo proceso quirúrgico o sanitario en la que no sean utilizados este tipo de guantes quirúrgicos, encargados ex profeso, por William Halsted para su enfermera Caroline Hampton con quien un año más tarde, en la iglesia episcopal Trinity en la localidad de Columbia, en Carolina del Sur, contraía matrimonio, siendo el padrino de la boda su amigo William Welch.

Un matrimonio que permanecería unido los próximos treinta y dos años, hasta que el 7 de septiembre de 1922 falleciera el doctor y dos meses más tarde, el 27 de noviembre, lo hiciera ella.

Y a las pinzas de Halsted, la mastectomía radical de Halsted, entre otras, habría que añadir los guantes quirúrgicos (Surgical Gloves)… y es que…ya lo dijo Julio Verne; “Todo lo que una persona puede imaginar, otros pueden hacerlo realidad” —

Y Halsted lo pudo imaginar…

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