RUKELI, EL BOXEADOR GITANO DEL REICH

BXGIPSY

27 de diciembre……………………y entonces sucedió que…………………
……………………..el 27 de diciembre de 1907, de un día como hoy, de hace por tanto ciento diez años, nacía en la localidad alemana de Wilsche, a unos sesenta kilómetros al este de Hannover, en el seno de una familia de etnia gitana, Johann Trollmann, al que su padre, Wilheim, ante la temprana afición de su hijo, con apenas ocho años de edad, por la práctica del boxeo, comenzaría a llamarle “Rukeli”, que en idioma romaní significa, algo así como, “árbol joven”, sobrenombre que le acompañaría durante su exitosa carrera profesional.
Trasladada su familia a la ciudad de Hannover, su vida daría un vuelco inesperado al acompañar, con tan solo ocho años de edad, a un amigo al “club de boxeo Heros”, en la calle Hannover Schwarzer Bär, para ver a su hermano mayor prepararse para un combate, quedando tan fascinado de aquel mundo de las doce cuerdas que al día siguiente ya estaba, acompañado por su padre, solicitando ser inscrito, para recibir sus primeras lecciones. Corría por aquel entonces el año 1915, en el que desde hacía uno, Europa, se encontraba inmersa en una guerra, a la que llamarían la “Primera Guerra Mundial”, un periodo que duraría cuatro años, de muerte y destrucción.
Y en tan solo dos semanas ya había asombrado a los responsables de aquel club de boxeo, por su dinamismo, su rápido movimiento de piernas, su movilidad, más que por la contundencia de su pegada, más propio de ese estilo de combate tradicionalmente alemán, más rudo y tosco, con un mayor contacto. A los doce años lograba la medalla de plata en el campeonato de promesas de la baja Sajonia, aguardándole un futuro prometedor y una exitosa carrera profesional.
Una exitosa carrera profesional, sin duda mucho mayor, si hubiera nacido en cualquier otro lugar distinto de aquella Alemania del periodo de entre guerras, que veía ascender un partido que con su  política de segregación racial y de la consabida supremacía de la raza aria, lograría acabar, primeramente con sus sueños profesionales, cerrándole las mismas puertas de la fama y de la gloria, por su condición étnica y posteriormente, con su propia vida, al acabar recluido en el campo de concentración de Neuengamme.
En 1925, al cumplir los dieciocho años, participa en el campeonato nacional amateur, en la categoría de los semipesados, en el que los ganadores, como premio adicional, obtenían el derecho de poder participar en los Juegos Olímpicos de Ámsterdam de 1928 en representación de Alemania (que ese año, tras dieciséis de ausencia, volvía a ser admitida en unas Olimpiadas). Rukeli, “bailando sobre la pista”, con ese estilo tan propio y tan particular y que pronto comenzaría a despertar el interés y cariño de los aficionados (y muy especialmente del público femenino), vencía en su categoría, y por consiguiente, obtenía el derecho a participar en esos anhelados novenos Juegos de verano.
Pero en el comité de selección pugilístico germano ya había elementos influyentes del nuevo partido NacionalSocialista, que en sus discursos, tras la puesta en marcha de la  ley de Baviera, abogaba por una mayor presencia de “arios puros” que encarnasen los valores de un auténtico alemán, por lo que dos meses antes de los aludidos juegos de verano, relegaba a Rukeli, por su condición de gitano, de aquel derecho a disputarlos, en detrimento del púgil Walter Cunow, que a juicio de la Asociación de Boxeo, era el idóneo para representar a Alemania, a pesar de haber sido derrotado, varias veces,  precisamente por Johann “Rukeli”, que fue declarado “no indicado” para tal fin.
Franz Müller, su entrenador desde hacía doce años, y Endlich, el dueño del Club Heros, tratan de explicarle, de manera sutil, las razones esgrimidas por aquellos, que de la noche a la mañana, le cercenaban una oportunidad única de darse a conocer a nivel internacional.
Su decisión fue la de abandonar, tras doce largos años de entrenamientos diarios, aquel club de boxeo y recalar, tras un breve paso por el club Sparta de Hanover, en 1929, en Berlín, la capital, donde de la mano de Ernest Zirzow abandonaba el mundo amateur para dar el salto al profesional, logrando, tres cómodas victorias en sus tres primeros combates, renunciando al sobrenombre de Rukeli y haciéndose llamar desde entonces, Johann “Gipsy” (gitano en inglés) Trollmann, en un claro gesto del orgullo de su procedencia, en una época, en la que su fama como profesional no dejó de crecer, hasta 1933, el año que encumbró a Trollmann y al líder del partido Nazi, Adolf Hitler.
Corría pues 1933, cuando en el mes de enero Hitler prestaba juramento como canciller del III Reich alemán, y cinco meses más tarde, el viernes 9 de junio, Gipsy Trollmann disputaba ante Adolf Witt, el campeonato nacional de Alemania de los semipesados, con una aplastante y manifiesta superioridad meridiana, que tras doce asaltos, en una más que discutida decisión, el presidente de la federación alemana de boxeo, Georg Radamm, declaraba nulo el combate, para, acto seguido, como consecuencia del desorden originado entre los allí presentes, decidían concederle el triunfo. Ocho días más tarde, la propia federación emitía una nota en la que le desposeía del título, ante la falta de rendimiento de ambos boxeadores, acusando al “boxeador de etnia gitana” de desarrollar una técnica y un estilo de combate de dudosa aceptación, conminándole a realizar otra pelea, para el mes siguiente, frente a Gustav Eder, pero al estilo alemán, esto es, sin utilizar su movimiento de piernas, es decir, anclado en el centro del cuadrilátero,  intercambiando golpes con su rival.
El lunes 17 de julio, Johann Trollmann, acudía a la cita con el pelo teñido de rubio y el cuerpo embadurnado en polvos de talco, en un claro gesto de protesta, -“vengo, como queréis, a pelear como un ario”-, diría a los jueces.  En aquella pelea, sin estarle permitido hacer uso de su característico estilo, con ese movimiento rápido de piernas, en un intercambio puro y duro de golpes, en el quinto asalto, perdía el combate.
Después de esto, se le acabaría retirando su licencia profesional, viéndose obligado a  combatir en peleas clandestinas. Tras volver de la guerra, fue trasladado al campo de concentración de Neuengamme, con el número 721/1943, en donde, no dejará de realizar peleas con los guardias, para su entretenimiento, dejándose vencer, a cambio de comida. En una de aquellas contiendas, con un tan Emil Cornelius, un preso que hacía las veces de espía para los nazis, Trollmann de un derechazo lo manda a la lona. Ante la humillación sufrida,  el vencido, un martes día 9 de febrero de 1943, le apalea hasta matarlo, contaba entonces con treinta y cinco años.
En 2003, sesenta años después de su muerte, la federación pugilística alemana decidió restituir el título de campeón del peso semipesado a Johann Trollmann. Ciudades como Hannover y Hamburgo le han homenajeado a título póstumo, poniendo su nombre a una de sus calles. En Berlín, en el parque Viktoria se erigió un monumento en su honor.
Ya lo dijo Abraham Lincoln -“El logro no tiene color”-

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