“JE SUIS CHARLIE”

7ENEO
7 de enero…………………..y entonces sucedió que……………….
…………………….era miércoles aquel día 7 de enero de 2015, de hace hoy tres años, cuando a bordo de un vehículo marca Citroën, modelo C3, de color negro, entrando por el Boulevard Richard Lenoir hacia la calle Nicolás Appert, en el distrito número 11 de la capital parisina, a eso de las once y cuarto de la mañana, hacían acto de aparición los hermanos Kouachi, Said de 34 años y Chérif, recién cumplidos los 32, desde hace ocho días, deteniéndose en el número 6 de la mencionada vía donde se encuentra la “Sociedad L’Atelier des Archives” (http://www.atelierdesarchives.com/) convencidos de encontrarse en la redacción de la revista satírica Charlie Hebdo, que se ubica en la misma calle, pero en su número 10, desde hacía un año.
En el vehículo, ambos hermanos, relacionados con el Islam más radical, y acusados formalmente de ser parte integrante de una célula Yihadista encargada de reclutar a jóvenes combatientes con destino a Irak (de unos hechos por los que el pequeño de los Kouachi, Chérif, acabaría siendo condenado a tres años de prisión, en 2005) se van alentando, uno al otro, repitiéndose una y otra vez, de manera reiterada, la misma consigna, “Allahu akbar” (Alá es el más grande), clamando de esta manera venganza contra el citado medio.
La aludida revista, utilizando un sarcástico, punzante e irónico humor mordaz, a través de sus jocosas caricaturas y grotescas viñetas, haciendo uso de un más que burlesco humor gráfico, en ocasiones rozando lo escandalosamente hiriente, e incluso, algunas otras veces, de un gusto más que criticable, pero siempre entendido este en el contexto de la más absoluta “libertad de expresión”, no había dejado indiferente, desde su mismo nacimiento, a ningún sector, blanco principal de sus ataques, bien fuera del mundo de la política, del deporte, la religión o del espectáculo,  se encontraba desde el año 2006 amenazada directamente por el Islam más radical, al publicar algunas caricaturas sobre su profeta Mahoma.
Totalmente vestidos de negro, ocultando sus rostros con pasamontañas y portando fusiles de asalto automáticos AK-47, Kalashnikov, tras percatarse de su error, y bajo amenaza directa, logran que aquellos les proporcionen la ubicación del semanario.
En el número 10, en la misma entrada del edificio, dos operarios de mantenimiento de la empresa Sodexo realizan sus tareas programadas para aquella mañana, sobre los que abren fuego sin mediar palabra alguna, hiriendo a uno de ellos y matando al otro, Frédéric Boisseau, de cuarenta y dos años, que aquel miércoles era su primer día de trabajo en el mencionado edificio.
Despejada la entrada se dirigen hacia las escaleras, en donde se encuentran con la caricaturista Corinne Rey, a la que en la redacción conocen como “Coco”, tras haber recogido de la guardería a su hija, intentando acceder hacia el interior de las  oficinas, protegidas estas tras una puerta blindada con código secreto, y cuya clave le obligan a marcar para poder ingresar.  
Allí dentro, desde las diez y media de la mañana se encuentra reunida la mayor parte de la plana mayor del equipo de redacción, ya que los miércoles toca “edición”. El director (desde mayo de 2009 tras la marcha de Philippe Val) Stéphane Charbonnier, al que llaman “Charb”, de 47 años y el policía que le custodia la vida, Franck Brinsolaro que hubiera cumplido 49 años, cuatro días más tarde, el domingo 11 de enero, que debaten varios asuntos intrascendentes junto al economista y escritor Bernard Maris, “el tío Bernard” de 68. Los dibujantes Philippe Honoré de 73, y Jean Cabut, “Cabu” de 76 , que diseñan sobre una lámina una posible imagen de portada, junto al invitado de este último, el periodista Michel Renaud, de 69, fundador de la revista Rendez-Vous.
 Elsa Cayat de 54, la psiquiatra colaboradora de la revista que firma el “Charlie diván” repasando sus notas.
El caricaturista Bernard Verlhac, más conocido como Tignous, de 57, Georges Wolinski de 80, junto al también caricaturista Philippe Honoré de 73, y Mustapha Ourrad, el corrector, de 60, que animadamente comentan el partido que el jueves 8 de enero va a enfrentar al Paris Saint-Germain contra el Bastia, en el Parque de los Príncipes parisinos.
Todos ellos, los once, morirán abatidos unos segundos después.
Al abrirse la puerta mediante la activación del código de seguridad, esta no despierta las sospechas de ninguno de los allí presentes, no siendo por tanto conscientes de la tragedia de la que están a punto de ser testigos. De pronto se escuchan unos gritos, -“Allahu akbar”-, y la detonación acto seguido de la munición de los fusiles de asalto que van descargando indiscriminadamente sobe todos los que van encontrándose a su paso. Frank Brinsolaro, el policía que protege la vida de “Charb”, no le da tiempo más que a llevarse la mano a su cinto.
En el ataque, lograrán sobrevivir otras doce personas más que se encontraban en aquel lugar como Philippe Lançon, Fabrice Nicolino, Simon Fieschi, Gérard Gaillard, Laurent Sourisseau, el reportero Laurent Léger y la columnista judicial Sigolène Vinson, además del operario de mantenimiento y Corinne rey junto a su hija.
Una vez cometido aquel atentado, al intentar huir se toparon con el policía Ahmed Merabet, de 42 años y de religión musulmana, que llegó a hacer frente a los autores del ataque en el Boulevard Richard-Lenoir, y del que sin piedad ni miramiento alguno, mientras yacía en el suelo desarmado y herido, acabaría siendo ejecutado a sangre fría, de un disparo en la cabeza, siendo el momento captado por un testigo desde una de las terrazas y que podemos visionar en el siguiente enlace, omitiendo justo el momento del asesinato; (https://youtu.be/71-N0ws-0BA).
La repulsa a este acto fue unánime, creándose el eslogan -“Je suis Charlie”-, por el grafista francés Joachim Roncin, que fue difundido instantes después del mismo en las redes, en apoyo y como homenaje a las víctimas. En la publicación de la siguiente semana, el semanario vendió cerca de siete millones de ejemplares, muy por encima de los habituales sesenta mil que tenían establecidos de media.
Hagamos pues buena aquella frase del periodista venezolano, Pedro Emilio Coll;                      -“La tolerancia es la cortesía de la inteligencia”-
Por la tolerancia y por aquellas víctimas inocentes, siempre en nuestra memoria.

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