EL FALLECIMIENTO DE CARLOS IV

19012018
19 de enero……………..y entonces sucedió que…………………………..
……………………era martes, aquel 19 de enero de 1819, cuando en Nápoles, su ciudad natal, fallecía, a los setenta años de edad, el que había sido rey de España, desde el 14 de diciembre de 1788 hasta el 19 de marzo de 1808, Carlos IV, conocido también con el sobrenombre de “El Cazador”, tan solo diecisiete días después del óbito de su esposa, con la que llevaba casado desde los dieciséis, María Luisa de Parma, acaecido en Roma, el sábado día 2, a los sesenta y siete años.
Carlos de Borbón, era hijo del entonces rey de Nápoles (futuro monarca de España) Carlos III (El mejor alcalde de Madrid) y María Amalia de Sajonia, nacido el 11 de noviembre de 1748 en el Palacio Real de Portici de la ciudad partenopea. Sin dar excesivas muestras de poseer un gran intelecto, disponía sin embargo de una enorme facilidad para el estudio de idiomas, de los que llegaría a hablar con verdadera soltura hasta tres, (italiano, castellano y francés) y de una gran sensibilidad artística y musical.
Con los años, llegaría a tocar con habilidad y destreza el violín y como melómano, fue un declarado admirador de la música de los compositores italianos, especialmente de Gaetano Brunetti y Luigi Boccherini (https://youtu.be/-GHrQ4P7hWY). En 1775 su padre adquiriría para regalárselo el conocido “cuarteto real” de instrumentos fabricados por el cremonese Antonio Stradivarius, que actualmente se conservan en el Palacio Real de Madrid.
De carácter apacible y bondadoso, cuentan sin embargo que era más bien un hombre de buenas intenciones pero de escasa o nula voluntad. En 1759, cuando contaba con once años de edad, fue nombrado su padre rey de España, teniendo por tanto que abandonar su Nápoles natal para trasladarse, con el resto de la familia, a Madrid, en donde desde bien temprano mostraría cierto desapego por los asuntos propios de estado, siendo otros quehaceres, como la caza y la pintura, los que ocuparían mucho más su atención.
El hispanista francés Georges Desdevises du Dézert, describiría a Carlos IV como de elevada estatura, y aspecto atlético, de frente hundida y ojos apagados que junto con su boca entreabierta, le daban un cierto sello inolvidable de bondad y cierta debilidad. Se levantaba a las cinco de la madrugada, y tras la misa diaria, que escuchaba desde sus aposentos, realizaba un fuerte desayuno, suficiente para mantenerlo activo hasta las doce del mediodía, hora en la que puntualmente comía todos los días. Tras esta, dedicaba el resto de la jornada a su otra gran pasión, la caza, saliendo sin importarle la climatología hasta el anochecer. Tras esta, una buena cena y a las once de la noche a la cama.
Cuando contaba con dieciséis años de edad, contrajo matrimonio con María Luisa de Parma,  hija de su tío Fernando, (hermano de Carlos III) y por tanto, prima hermana suya, de catorce años. Cuentan las crónicas palaciegas, que realizando la preparación de dicho enlace nupcial, padre e hijo tratando el tema de las supuestas infidelidades a las que podían verse abocados los matrimonios, el entonces príncipe de Asturias le espetó a su padre –“ Por lo menos los reyes están libres de las preocupaciones que tienen el resto de los maridos, porque sus esposas no les pueden engañar, ya que una reina no tiene otro rey cerca más que su esposo”-, a lo que el monarca le respondió,  -“ Carlos, hijo mío, las reinas también pueden ser putas”-.
Y a buena fe que la suya lo acabaría siendo, o al menos eso es lo que se desprende tanto de las habladurías de la época, que afirmaban que el valido del rey y favorito de la reina, Manuel de Godoy, era además de su amante, el padre de al menos dos de sus vástagos reales (María Isabel y Francisco de Paula), como de la afirmación, esta mucho más constatable, otorgada por el religioso Fray Juan de Almaraz, confesor de la propia reina, al escribir en un documento, bajo sobre cerrado, con la advertencia de “una vez abierto este, permanecer de nuevo sellado”, firmado con fecha de 2 de enero de 1819, que le sería finalmente entregado a Fernando VII, (hijo de Carlos IV y María Luisa de Parma), con fecha de 8 de enero, en el que se recogía que, seis días antes, la reina le había llegado a confesar, en su lecho de muerte, para alcanzar el perdón de sus pecados y procurar el descanso eterno de su alma, mediante juramento “in verbo sacerdotis” (en el que se pone a Dios como testigo);
–“que ninguno de sus hijos lo eran del legítimo matrimonio con el rey Carlos IV, sino de otros padres”-.
confesion MLuisa Parma
En un periodo de veintitrés años (desde que contrajeron nuevas nupcias hasta la muerte de Carlos III, y por tanto ser nombrados reyes de España), María Luisa estuvo veintitrés veces en cinta (trece partos y diez abortos). No sería hasta 1784, cuando los príncipes no tuvieron un hijo varón que sobreviviera a sus primeros años de vida, el futuro Fernando VII (este mandó encerrar al eclesiástico confesor de su madre de por vida). Si bien la siguiente imagen puede servir para ofrecer algo de luz a la controversia que pudiera haberse suscitado;
                          calosJC
El reinado de Carlos IV, desde aquel 14 de diciembre de 1788, vendría marcado sin duda por el estallido, a los siete meses, de la revolución francesa en la monarquía de su primo Luis XVI y posteriormente con la irrupción de Napoleón Bonaparte y su deseo de dominar Europa, al que acabarían, tanto él, como su hijo Fernando, cediendo el trono de España en mayo de 1808, con las famosas “Capitulaciones de Bayona”, comenzando de esta manera un exilio del que no volvería jamás, primero, en el palacio de Compiègne, a casi noventa kilómetros al norte de París, y tras pasar por varias ciudades de Francia, acabar en Italia, en Roma, primero en el palacio Borghese para acabar definitivamente en el de Barberini en 1814, acompañados siempre en este periplo, por el inseparable Godoy.
Hasta el 2 de enero de 1819, que la reina, postrada desde hacía varios días en cama afectada de varias dolencias, completamente mellada, aquejada de pulmonía y con las dos piernas rotas, fallecía en compañía de Godoy.
Diecisiete días más tarde, el 19 de enero, como hoy, de hace por tanto ciento noventa y nueve años, fallecía Carlos IV de Borbón.

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