LA BALLENA SOLITARIA

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2 de marzo……………………..y entonces sucedió que…………………..
……………………bajo las profundidades marinas las especies animales se han ido adaptando de diversas maneras al entorno en el que viven, unos, perfeccionando el sentido de la vista, como consecuencia de la escasa luminosidad que presenta un hábitat de semejantes características, mediante el desarrollo de ojos muy sensibles de tipo tubular (una retina de lente grande con múltiples capas), siendo la capacidad visual de la mantis marina, el crustáceo conocido como “la langosta boxeadora”, la más extraordinaria del mundo acuático, otros, como el tiburón, de la familia de los escualos, han desarrollado un excepcional sentido del olfato, sin duda el más evolucionado bajo las aguas, complementándolo con un más que sobresaliente sentido del gusto, sin embargo, para los cetáceos (la ballena, el delfín y las marsopas), su día a día, se basa en el desarrollo del sentido auditivo.
Para las ballenas principalmente, con peor visión que sus familiares los delfines, de alguna u otra forma, el mundo se determina por sus sonidos, más que confiar en su vista. De esta forma, empleando una serie de característicos cánticos (a través de un sofisticado sistema de ecolocalización), estos, les permite, por ejemplo,  guiarse a través de las profundidades, mantenerse en contacto con otros miembros de su misma comunidad, incluso situados a grandes distancias, así como tener localizadas a las crías, buscar en época de celo pareja, o hasta “llorar” la pérdida de un ser querido.
Las primeras grabaciones de sonidos submarinos fue realizada por William Edward Schevill en 1949, recogiendo una serie de melodías que afirmaba eran realizadas por las ballenas beluga en el río Saguenay en Quebec. Los viejos marineros ya afirmaban escuchar el sonido de unas “sirenas del mar” y estaban seguros, a pesar de la opinión contraria de la comunidad científica del momento, que aquellos grandes cetáceos eran los causantes de esas canciones, a los que llamaban, “los canarios del mar”.
Para asombro de los biólogos de la época que estaban convencidos que las ballenas eran mudas, aquello resultó ser todo un descubrimiento, al comprobar como aquellos seres eran capaces de emitir sonidos entre los 15 y los 20 hercios. Posteriormente, en los años sesenta, la marina estadounidense, con sus geolocalizadores y sistemas de radar, efectuarían una serie de grabaciones, en esta ocasión procedentes de unas ballenas jorobadas, que diez años más tarde, en 1971, serían difundidas para el público por el experto en ballenas Scott McVay y el zoólogo británico Roger Payne.
Mientras las ballenas realizan esta serie de sonidos, con una duración entre veinte y treinta minutos, no exhalan aire alguno. Estudios posteriores demostrarían como los machos de una misma comunidad realizan la misma melodía, repitiendo los acordes sonoros que solo varían de estación en estación, esto es, en las migraciones realizadas y en época de apareamiento.
Fue el especialista en bioacústica William Alfred Watkins, que se había unido a William Schevill en 1958 en el instituto oceanográfico de Woods Hole, en Massachusetts, como asistente de investigación electrónica, quien haría un descubrimiento, no menos sorprendente, en 1989, al que bautizaba como “la ballena 52”, y que acabaría siendo conocida como la “ballena solitaria”. Esta, emitía en una frecuencia de 52 hercios (de ahí su nombre), mucho más alta que la de sus congéneres, por lo que sus canciones no podían ser escuchadas fisiológicamente nunca por ningún miembro de su especie, condenada a vagar pues en soledad. Nadie escucharía sus avisos, la búsqueda de pareja, las posibles alertas e incluso sus reclamos.
En este enlace el sonido de una ballena “normal” entre los 15 y 20 Hz; https://youtu.be/WabT1L-nN-E?t=145 
Y en este, la Ballena solitaria con sus 52 hz ; https://youtu.be/6ydSYQ4I4Q0
En 2004, el canto de la ballena se dejó de escuchar, curiosamente el mismo año en el que fallecía el 24 de septiembre William Watkins.
Las ballenas grises, procedentes desde las gélidas aguas de Alaska, inician su migración a principios del mes de octubre, llegando, dos meses más tarde a las costas de la Baja California, en donde permanecen y pueden ser observadas, hasta el mes de marzo que emprenden de nuevo su regreso al Ártico.
A pesar de gozar de un excelente sistema de localización y navegación, en ocasiones algunos ejemplares de estos cetáceos, abandonan las aguas profundas quedándose varados en las aguas poco profundas de las playas. Según los investigadores, esto se debe principalmente a que buscan estas aguas cuando están heridas, enfermas o son de avanzada edad.
El 24 de noviembre pasado, en la playa donostiarra de Zarautz, aparecía  un ejemplar de ballena, al que un grupo de siete surfistas rescataba, regresándola  mar adentro, aprovechando la fuerza de la corriente. Hoy, 2 de marzo de 2018, a las diez de la noche, en el museo marítimo de Bilbao, la organización internacional Sea Shepherd Conservation Society (Sociedad de Conservación Pastor del Mar) les rinde un emotivo homenaje por aquel gesto realizado, que podemos visionar en el siguiente enlace de apenas un minuto y medio de duración; https://youtu.be/0jKXGTemotg.

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