EL MILAGRO DEL PUENTE DE REMAGEN

 

0703201803

7 de marzo……………..y entonces sucedió que…………………….
…………………………..traspasar aquella columna defensiva construida por los alemanes, la conocida como Línea Sigfrido, con sus más de seiscientos cincuenta kilómetros a lo largo de la frontera germana con los Países Bajos, Bélgica, Luxemburgo y Francia, hasta llegar hasta la misma Suiza, colmada de infinidad de túneles, de refugios, y trampas antitanques, no iba a resultar tarea sencilla, para los enemigos de la Alemania nazi.
Para conquistar con éxito aquel “Muro del Oeste” (que así era como se referían a él los  alemanes) los aliados debían dividir sus esfuerzos y atacar el país teutón por dos frentes de manera simultánea, avanzando por el referido Oeste con los ejércitos de Gran Bretaña y Estados Unidos y por el Este, con el de la Unión Soviética.
Desde comienzos del mes de febrero de 1945, el ejército canadiense, junto con el Segundo Ejército Británico y el Noveno Ejército de los Estados Unidos, iniciaban el  asedio al aludido muro con la batalla del bosque de Hürtgen, hacia la única presa que todavía no había sido destruida por los alemanes, la de Schwammenauel, en un intento por evitar su voladura, que fracasaría estrepitosamente, inundando aquella zona con sus cerca de cien millones de centímetros cúbicos de agua, dificultando de esta forma el avance conjunto de los aliados, que se haría esperar, hasta inicios del mes de marzo.
Con la inundación de la cuenca del Ruhr, no hubo forma de poder unificar las fuerzas de los aliados que se vieron, en tierra, obligados a luchar separados. Los británicos  por el norte de Alemania, hacia Hanno­ver y Hamburgo, mientras que los estadounidenses centraban su atención, más hacia el Sur, hacia Colonia y Bonn, activando de esta manera la Operación Lumberjack. Los generales Lawton Collins, Courtney Hodges y John Milliken, entre otros, diseñaron la estrategia a seguir, basando su acometida en dos de su puntos más fuertes, por tierra, haciendo uso de los aproximadamente trescientos tanques de la Novena División Blindada que recibirían ayuda, desde las alturas, de los aproximadamente novecientos bombarderos Lancaster pertenecientes a la RAF (Fuerza Aérea Británica).
El objetivo para avanzar pasaba por asegurarse el dominio de alguno de los puentes sobre el río Rin, que facilitase el paso a las tropas aliadas hasta el mismo corazón de Alemania, un cometido arduo, complejo y complicado, pues Hitler había dado órdenes al respecto de no dejar ni uno solo en pie, para así complicar el avance a través de un cauce, de cerca de mil doscientos kilómetros  de longitud, que en algunos tramos llega a medir más doscientos cincuenta metros de anchura y que por su majestuosidad ya había sido utilizado, en tiempos del imperio romano, a modo de frontera natural, frente a los bárbaros.
El jueves 1 de marzo, tras un frío y lluvioso mes de febrero, amanecía con el cielo despejado y soleado, dando comienzo la primera avanzadilla, cruzando el general Collins el río Erft por varios costados, entrando en el distrito de Oberkassel hacia la referida ciudad de Colonia. La incursión en un principio resultó ser más sencilla de lo esperado, al atravesar las líneas enemigas valiéndose de la astucia, al eliminar de sus tanques las estrellas distintivas, dibujando en su lugar unas cruces gamadas alemanas. Tras haber avanzado quince kilómetros, ya en Oberkassel, con la intención de hacerse con el dominio de aquel puente acabaron siendo descubiertos, destruyéndolo aquellos rápidamente.
A cada plaza conquistada por los estadounidenses le seguía el fracaso consiguiente de la captura de su puente correspondiente que era demolido por los alemanes. Y así, tomada la ciudad de Euskirchen, era volado el puente de Uerdingen, y tras este el de Hindenburg.
Cada paso de aproximación dado por los aliados era contrarrestado por los alemanes con un movimiento que impedía su cruce. Todos los puentes que pudieran permitir su franqueo, uno a uno, eran aniquilados. Los generales Karl Püchler, Eugene König y Wilheim Viebig, seguían sin vacilar las indicaciones dadas al respecto por el ma­riscal Von Rundstedt que transmitía lo que ordenaba el propio Führer, sabedor de la importancia y protección que otorgaba la defensa a ultranza del río Rin.
Las fuerzas norteamericanas, con el general Patton a la cabeza, empezaban a barajar otras alternativas viables, tratando de encontrar una solución al comprobar como todos los puentes sobre el río Rin habían sido volados, todos……………..menos uno.
El miércoles 7 de marzo, de un día como hoy de hace setenta y tres años, una patrulla estadounidense perteneciente a la Novena División Acorazada atisbaba en la localidad de Remagen, un puente en perfecto estado de conservación, señalado erróneamente como derruido por los panzer alemanes, al que denominaban el puente Ludendorff (en honor de su general Erich Ludendorff), construido en tiempos de la Primera Guerra Mundial, sobre el que se estableció, rápidamente, una sólida posición de defensa en uno de sus márgenes. 
Enterado Hitler de la toma del puente, destituía al mariscal Von Rundstedt y ordenaba la ejecución de cuatro oficiales. A las once de la mañana del mismo miércoles día 7 de marzo tomaba el mando de la zona el comandante Hans Scheller, con el  objetivo de defender el estratégico puente mediante su destrucción inmediata, en una batalla que se prolongaría, sin descanso, hasta la mañana del día siguiente.
A primera hora del día 8, tras varios intentos en vano de su voladura, aparecía por el horizonte un Stuka, aquel otrora temible bombardero alemán, en los mismos inicios de la guerra, con sus alas de gaviota invertidas, en dirección hacia el puente sobre el que se arrojaba en picado y que acabaría siendo derribado, permitiendo el tan ansiado acceso, hasta el otro margen del río, de la compañía C.
El puente de Remagen (conocido con este nombre desde entonces por los aliados) permitió el paso de las tropas hasta las mismas entrañas de Alemania. El 25 de abril, tuvo lugar un histórico encuentro a orillas del río Elba, entre el teniente Albert Kotzbue y el teniente coronel soviético Alexander Gardiev. Trece días más tarde, el 8 de mayo, se daba por concluida la guerra.
Refutando la frase del poeta Masaoka Shiki que decía, -“a lo largo del río no encontré ningún puente ese día sin fin”- podríamos decir, excepto el de Remagen, un día como hoy de 1945 sobre el río Rin.

 

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