LA CARRERA DE LA SENDA DE IDITAROD

14MARCHIO
14 de marzo……………………y entonces sucedió que…………………..
……………………el 14 de marzo de 1933, fallecía a los catorce años de edad “Balto”, un perro de trineo mestizo de la raza Husky siberiano, que en enero de 1925, durante uno de los inviernos más duros de principios de siglo que se recuerdan (donde los termómetros alcanzaron los sesenta y cinco grados bajo cero), protagonizó una de las mayores gestas acontecidas en Nome, en el territorio estadounidense de Alaska.
Parecían lejanos los mejores tiempos de aquella localidad alaskeña de Nome, que gracias al impulso de la conocida como “fiebre del oro Klondikeño”, hacia finales del siglo XIX, al ser descubierto grandes cantidades de este noble metal a lo largo del río Yukon (en uno de sus afluentes, el río Klondike y en el arroyo Bonanza), había llegado a alcanzar una población de aproximadamente veinte mil habitantes, muy superior a los apenas dos mil, que se censaban durante aquel diciembre de 1924.
Durante las Navidades de 1924, el único médico de la zona, el doctor Curtis Welch diagnosticaba entre la población infantil varios casos de lo que parecía una simple inflamación de amígdalas (amigdalitis), acompañada de los característicos dolores de garganta. La obstrucción de las vías respiratorias y la muerte de tres de estos niños tratados, despertaron los temores del galeno, que se acabarían confirmando cuando a principios ya del mes de enero de 1925 diagnosticaba un primer caso de difteria, de sintomatología muy similar a la amigdalitis, pero altamente contagiosa, en una niña de siete años de edad.
El pedido de la antitoxina diftérica solicitada unos meses antes para las provisiones del Hospital Maynard-Columbus de Nome, no habían llegado a tiempo al haberse cerrado el puerto por las condiciones climatológicas de aquel invierno. Aún así, el doctor administró en la paciente una dosis de la antitoxina prescrita que tenía en el laboratorio por si diera algún resultado favorable, circunstancia que no sucedería, falleciendo horas después.
El viernes 23 de enero, el doctor Welch enviaba a Juneau, la capital del estado de Alaska, y también a la de los Estados Unidos, Washington DC, sendos telegramas urgentes solicitando el referido suero de la difteria ante el brote epidémico que Nome comenzaba a padecer, en una situación de aislamiento casi absoluto, en el que la única vía de comunicación posible la constituía la llamada “senda de Iditarod” (cerca de 1100 Kms de gélidos, angostos, nevados y fríos caminos) que eran los que debían ser recorridos para poder llegar hasta la población de Nenana, donde podría recibirse desde el puerto de Anchorage el susodicho medicamento.
De esta forma el gobernador Scott Bone organizó partidas de trineos tirados por perros que en aquellos momentos y ante las duras condiciones climáticas desarrolladas en los inicios de aquel año conformaban posiblemente la única forma viable de comunicación entre ambas localidades.
A las nueve de la mañana, del martes 27 de enero un primer relevista llamado Willard Shanon partía con nueve perros de Nenana a Tolovana con un primer cargamento del antídoto a cuestas. En menos de veinticuatro horas, con tres de sus perros fallecidos con los pulmones helados como consecuencia de una temperatura que rondaba los cincuenta grados bajo cero, entregaba la carga a Edgar Kalland, que recorría 50 Kms en apenas cinco horas (al que tuvieron que echar agua caliente para poder liberar sus manos asidas a la barra del trineo) siendo este relevado por Henry Ivanoff y así, sucesivamente hasta llegar a Leonhard Seppala que con su perro de tiro “Togo”, un ejemplar de doce años, sería el encargado de realizar la parte más dificultosa de aquel trayecto, a través de Norton Sound, sobre un hielo resbaladizo y quebradizo, en el que mantener el equilibrio de aquellos perros en su transitar se tornaba un asunto más que complicado. Partió de la localidad de Shaktoolik, la misma en la que curiosamente un 14 de marzo como hoy, de 1980, el día en el que cumplía cincuenta y dos años, fallecía Félix Rodríguez de la Fuente.
Leonhard Seppala recorrería sin descanso, en aquellas durísimas condiciones, cerca de 420 kilómetros, entregando el medicamento a Charlie Olson, en Golovin, a una distancia de 126 kilómetros de Nome, en donde a las siete de la tarde del día 1 de febrero esperaba el penúltimo de los reemplazos estipulados, Gunnar Kaasen.
En el tramo final Gunnar Kaasen con su perro “Balto”, que durante un tiempo había llegado incluso a ser descartado como perro de tiro, se dirigió hasta el lugar de entrega previamente determinado en la localidad de Point Safety, donde debería ser reemplazado. Pero al llegar al citado punto de encuentro, el tirador previsto, Ed Rohn no llegaría a aparecer a tiempo por lo que Kaasen, junto a su perro Balto, tuvieron que realizar un sobreesfuerzo en unas condiciones extremas de frío y de escasa visibilidad, hasta llegar, sobre las cinco de la mañana del lunes día 2 de febrero, tras sumar un total de ciento veintisiete horas de trayecto en su conjunto, a su lugar de destino, convertidos en unos héroes por semejante hazaña.
En Central Park hay una estatua erigida en honor a Balto, así como otra dedicada a ambos canes en el Zoológico de Cleveland, e infinidad de estas en distintas zonas de Alaska. Los cuerpos embalsamados de Balto y Togo pueden ser contemplados, a día de hoy, en el Museo de Historia Natural de Cleveland.
En honor de este acontecimiento asimismo se celebra anualmente la “Iditarod Race”, la carrera de trineos tirada por perros más importante que existe (en la que realizando un documental sobre la misma perdería tristemente la vida Félix Rodríguez de la Fuente).
Balto (a quien se le puso por nombre el del otrora explorador noruego Samuel Balto) fallecía un día como hoy, 14 de marzo, cuando contaba catorce años de edad.
Tal y como recoge el monumento levantado en su honor en Central Park, sirva esta reseña -“Dedicada al espíritu indómito de estos perros polares para llevar alivio al desolado pueblo de Nome durante el invierno de 1925, con inteligencia, resistencia y fidelidad”-.

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