21 MARZO.- DÍA MUNDIAL DEL “SÍNDROME DE DOWN”

 

21MZO
21 de marzo…………………….y entonces sucedió que……………………….
…………………..el jueves 13 de julio de 2017, Valerio Catoia, un joven italiano de 17 años de edad, se encontraba disfrutando de un agradable día en la playa junto a su hermana Gaia y sus padres, Giovanni y Emilia Attademo. Tenían por costumbre, hacía bastantes años, acudir desde donde vivían, en el número 24 de la vía Malipiero, de la ciudad de Latina, en la región del Lacio, durante la época estival, a la playa de Sabaudia, a unos 20 Kms de distancia, en un trayecto de media hora en coche, donde la familia Catoia pasaba el día refrescándose, combatiendo el caluroso mes de julio.
En el año 2000, había nacido Valerio con Trisomía 21, el conocido como “síndrome de Down”, desconcertando por aquel entonces a sus padres, ante la poca información de la que disponían, y más aún frente a las opiniones que recibían de los médicos, advirtiéndoles que su hijo no podría realizar determinadas actividades, según les decían, -“como un chico normal”-, llegándoles a desalentar. Aún así, decidieron sin mucha más ayuda que su propio instinto, procurarle los mejores medios para su desarrollo, llevándolo a un logopeda a los dieciséis meses de edad e inscribirlo en natación recién cumplidos los tres años. El deporte, transformaría la vida del chico, encontrando en su entrenador Roberto Cavana, alguien que pacientemente sabría ajustar los tiempos que requería su formación, a pesar de los duros comienzos.
Ese jueves día 13, la familia Catoia decide adentrarse un poco más allá de las dunas, donde se encuentra una playa muy poco concurrida, la de la Bufalara, de arena fina, de color blanquecina, estrecha, pero extensa (https://youtu.be/J8nhO6xZM2A). El mar aquel jueves por la mañana se encuentra embravecido. En un momento dado dos hermanas de 10 y 14 años de edad, que pasan el día con su madre en la misma playa, quedan a merced de las olas, siendo arrastradas hacía el interior, tratando en vano de aproximarse a la orilla. Exhaustas por el empeño y sin casi fuerzas por proseguir con aquel propósito, luchando contra la corriente de retorno, comienzan a gritar, saliendo en su ayuda, rápidamente Valerio, que se dirige hacia donde se encuentran las dos chicas, acudiendo hacía la más pequeña de las dos. Su padre, al verle lanzarse al agua, sale detrás de él, arrojándose a las agitadas aguas, dirigiéndose a por la mayor de ellas, salvándolas de los brazos del caprichoso mar, nadando ambos en paralelo a la costa.
Cuando llega el servicio de salvamento “Gaviotas 41”, los cuatro ya están a salvo en la orilla, siendo aclamados por aquel gesto que rápidamente fue difundido por las redes sociales, llegando aquel joven, a convertirse en todo un héroe nacional, que acabaría siendo recibido por el mismo presidente de la república Sergio Mattarella, el ministro de deporte Luca Lotti y el ex primer ministro Mateo Renzi, rendidos ante su valentía y el coraje demostrado, y orgullosos de poder contar con ciudadanos como Valerio.
En el otro extremo del planeta, en la ciudad estadounidense de Dalton, en el  estado de Georgia, mientras Valerio realizaba aquel gesto heroico, el matrimonio compuesto por Cortney y Jason Warren, celebraban el primer cumpleaños de su hijo Lucas, también nacido con el síndrome de Down, un niño con una dulce y contagiosa sonrisa. Ambos progenitores, decidieron enviar una fotografía de Lucas a la octava edición del concurso anual de Photo Search (que celebraba la marca de productos infantiles Gerber), a sus oficinas centrales de New Jersey, siendo el 7 de febrero de 2018, elegida como la imagen ganadora, entre las cerca de ciento cuarenta mil fotografías más, del resto de participantes que de igual forma fueron remitidas al mencionado concurso. El ganador que ejemplifica la expresividad y el legado de la compañía, fue descrito por su presidente, Bill Partyka como “perfecto para el papel”, al señalar que aquella sonrisa “se había ganado el corazón de todos los que componían aquel jurado”. Aunque el logotipo de la marca continua siendo el retrato que en 1928 enviase Dorothy Smith de su hijo, desde 2010, se elige una imagen, utilizada durante ese año para comercializar sus productos, seleccionada mediante el referido concurso anual.
Ese mismo mes de febrero de 2018, en Argentina, Álvaro Lafargue, de 21 años de edad, igualmente con síndrome de Down, lograba cumplir su sueño y ver realizada su vocación, al ser habilitado para trabajar, a tiempo completo, como bombero en el municipio de Junín, a orillas del río Salado, a unos doscientos sesenta kilómetros de Buenos Aires, al eliminar las autoridades políticas las trabas legales existentes que le impedían, por su condición genética, la realización y práctica de dicha actividad, que realizaba tres veces por semana, de manera voluntaria, sin ningún tipo de remuneración y sin peligro para su integridad, al desarrollar tareas que no suponían riesgo alguno.
Hasta que en 2015 le negaron aquella participación, aún siendo realizada de manera voluntaria, al tener que pertenecer profesionalmente, todos sus miembros, a la superintendencia de seguridad siniestral de la policía de la provincia de Buenos Aires. Su madre, Mariana Sánchez, no se dio por vencida, lanzando una petición a través de la plataforma “change.org” que acabaría recibiendo el respaldo de las autoridades y la firma del ministro de seguridad de la provincia de Buenos Aires, Cristian Ritondo.
Estos son solo tres casos, pero hay muchos más, como el del conquense Carlos Martínez, que a sus 26 años es funcionario, mediante la superación de la oportuna oposición, para ordenanza de la Subdelegación del Ministerio de Defensa en Cuenca, o el malagueño de 44 años Pablo Pineda Ferrer, maestro, escritor y actor, y la de muchos otros que de manera anónima, tratan de abrirse camino en la sociedad, en su lucha día tras día.
 Hoy, día 21 de marzo, cumpliendo pues la resolución del 19 de diciembre de 2011, fue declarado por la Asamblea General de Naciones Unidas, a partir de 2012, como el Día Mundial del Síndrome de Down, para sensibilizar, concienciar y llamar la atención de toda la sociedad, y de esta forma poder ayudar a quienes con necesidades especiales, en su acontecer diario, se esfuerzan por una mayor integración e inclusión social.
-“He aquí mi secreto, que no puede ser más simple: sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos”-. —“Lo esencial es invisible para los ojos” — repituna vez más el principito para acordarse.

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