EL CASO ALMERÍA

09MY2018

9 de mayo………………………y entonces sucedió que……………………..

…………………………….habían transcurrido apenas setenta y dos días desde aquel intento fallido de golpe de Estado por parte del teniente coronel Antonio Tejero Molina, cuando el comando etarra Argala, al que pertenecía por aquel entonces un jovencísimo Henri Parot, atentaba en Madrid contra el vehículo oficial del teniente general Joaquín Valenzuela Alcívar Jáuregui, jefe del Cuarto Militar del rey, desde hacía cuatro años.

Era jueves aquel día 7 de mayo de 1981, cuando sobre las diez y media de la mañana, en el semáforo de la calle Conde de Peñalver casi en el cruce con la calle de Alcalá, el soldado conductor Manuel Rodríguez Taboada detenía el Dodge Dart, matrícula ET-00017, que portaba la divisa de las tres estrellas con cuatro puntas. Viaja en su interior, al lado del conductor, el suboficial de escolta Antonio Nogueira García y en la parte posterior, el teniente general Valenzuela junto a su ayudante, el teniente coronel Guillermo Tébar Saco, justo detrás de ellos, custodiando su trayecto, un seat 124.

Aprovechando la detención obligada, al estar el disco en rojo, una motocicleta de color roja, matrícula M- 9582-CF, sobre la que circulan dos terroristas, se aproxima a ellos entre los vehículos, dejando en el techo del coche de Valenzuela, sin que nadie se percate, una bolsa que estallará antes de volver a ponerse el vehículo en movimiento, abriendo un boquete en el techo que acabará con la vida de los tres acompañantes, dejando mal herido al teniente general, que tras veinticuatro días ingresado en el hospital, lograría sobrevivir al mismo.

Con la descripción facilitada por los testigos, se difunden las fotografías de los que se creen forman parte del conocido como comando Madrid, integrado por aquel entonces por José María Bereciartúa Echarri (“Txema”), José León Mazusta Astibia (“Resku”) y un tercer integrante llamado Miguel Ángel Goyenechea Fradúa al que apodan con el sobrenombre de (“Astilla”).

Ese mismo día del atentado, en Santander, tres amigos ultiman los detalles de un viaje con destino a Almería, donde Francisco Javier, de 8 años, el hermano pequeño de Juan Mañas Morales, celebra el próximo domingo, 10 de mayo, su Primera Comunión. Juan Mañas está ilusionado invitando a sus dos amigos, “los Luises”, Luis Montero García y Luis Manuel Cobo Mier. Aprovechando el aludido evento les va a poder mostrar su pueblo, “Pechina” y de paso algo de las localidades vecinas como Aguadulce, Roquetas, El Ejido y por supuesto Almería.

El viernes, parten en un seat 127 desde Santander para cubrir los casi mil kilómetros que separan ambas localidades. Habiendo recorrido la mitad del recorrido, en Alcázar de San Juan, provincia de Ciudad Real, el automóvil sufre una pequeña avería que les obliga a recorrer en tren los cincuenta kilómetros que les separa de Manzanares, lugar en donde alquilarán un coche. Será un vecino Alcazareño, quien dé aviso a la comandancia de la Guardia Civil al creer ver en estos tres amigos a los etarras Bereciartúa, Mazusta y Goyenechea, activándose con ello, sin ellos ser conscientes, su búsqueda.

Es en Manzanares donde alquilan un Ford Fiesta de color verde, matrícula CR-1625-D reanudando los cerca de cuatrocientos kilómetros que todavía les restan, en un viaje en el que pasarán por Valdepeñas, Linares, Jaén, Guadíx, hasta llegar a la pequeña localidad de Pechina sobre las dos de la madrugada, del 9 de mayo, de un día como hoy, de hace treinta y siete años. Un sábado 9 de mayo en el que después de comer, Juan se llevaba a sus dos amigos a visitar los alrededores, para acabar antes de la hora de la cena en Roquetas de Mar, dejando aparcado, en la avenida del Mediterráneo, el Ford fiesta alquilado.

A las nueve de la noche, encontrándose en una tienda de “souvenirs”, sospechando ser los miembros del comando del atentado de Madrid, son detenidos por un nutrido grupo de la Guardia Civil, que los traslada a la comandancia de la calle Duque de Ahumada, para su identificación. De allí, sin conocerse con certeza a día de hoy cuáles fueron los verdaderos motivos, fueron llevados hasta un antiguo cuartel en Casafuerte, a unos 37 kilómetros de distancia, donde el teniente coronel Carlos Castillo Quero al mando de once guardias civiles, les sometía a un proceso de interrogación y tortura que acabaría con sus vidas.

 El domingo 10 de mayo, día de la celebración, a las diez de la mañana, aparecían los cuerpos de los tres jóvenes calcinados en el interior del vehículo alquilado envuelto en llamas, en un barranco de la carretera de Gérgal. Según la versión oficial facilitada, se trataba de tres  presuntos terroristas que armados e indocumentados eran conducidos hasta Madrid en coche y que al intentar darse a la fuga se habían visto obligados a abrir fuego sobre aquellos (versión que el ministro del interior Juan José Rosón Pérez posteriormente daría ante el Congreso de los Diputados, tildándolo de “trágico error”).

La autopsia realizada determinaría posteriormente que los cuerpos de los tres detenidos presentaban amputaciones de brazos y piernas y numerosos impactos de bala.

En un proceso sin precedentes, al ser la primera vez que se juzgaba a la Benemérita, acabaron siendo condenados tres guardias civiles, cuya resolución final queda recogida el siguiente enlace, con una duración de cuarenta y tres segundos; https://youtu.be/p0lSfa39rXg.

Decía don Miguel de Unamuno que -“El perdón, es la última y definitiva justicia”. Y en este caso, ningún familiar, de aquellas tres familias, llegó a otorgar nunca perdón alguno.

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