LA SOLDADO “SMOKY”

15JN

15 de junio……………….y entonces sucedió que……………………………

………………..la invasión por parte del octavo ejército regional japonés del general Hitoshi Imamura, durante la madrugada del 23 de enero de 1942, sobre la ciudad portuaria de Rabaul, en la isla de Nueva Bretaña, a sesenta kilómetros al Este de Papúa Nueva Guinea, territorio perteneciente a Australia por mandato directo de la Sociedad de Naciones tras el final de la Primera Guerra Mundial, recrudecía las hostilidades entre el ejército nipón y los aliados (bajo el mando unificado del general estadounidense Douglas Mc Arthur). Rabaul, se había convertido en un enclave estratégico desde donde los japoneses efectuaban el abastecimiento de sus bombarderos en la conocida como la batalla del Pacífico (que venía desarrollándose desde 1937, y que se prolongaría hasta agosto de 1945).

Allí sería enviado, a principios de 1944, el escuadrón de reconocimiento fotográfico de la 5ª Fuerza Aérea de los Estados Unidos, que trataría, no estando exenta de ciertas dificultades, de abrirse paso entre aquellos terrenos pantanosos, convertidos en verdaderos lodazales como consecuencia de las incesantes lluvias que acompañaban a aquellos soldados, en una de las selvas más extensas y grandes del mundo.

A las adversidades propias del terreno, acuciada por la temporada de lluvias hasta el mes de marzo, habría que añadir la constante sensación de humedad que el insufrible calor implacable sometía a las tropas en sus quehaceres diarios, minando la voluntad de unos hombres que veían como avanzar apenas unos metros en aquellas condiciones, suponía todo un esfuerzo ingrato.

El enemigo no era ya únicamente el imperturbable soldado nipón, que con su código moral de no ceder en su empeño lo hacía aún más duro de batir, sino la ingente cantidad de moscas, mosquitos, hormigas, chinches, sanguijuelas, pulgas y todo tipo de insectos que se encargaban de procurarles, además de las molestias consabidas, la de transmitir a aquellos soldados, enfermedades febriles como la malaria y el dengue. 

En el mes de marzo, en una de aquellas incursiones, tratando de abrirse paso en Nadzab, una explosión dejaba al descubierto una trinchera al lado de la carretera asomando entre aquella humareda, lo que parecía ser un pequeño animal que no llegaba a los dos kilos de peso, resultando ser una asustada hembra de Yorkshire Terrier, a la que uno de aquellos soldados, introdujo en su petate, dándole el nombre de “Smoky” (ahumada).

Tres meses más tarde, en una partida de cartas de póker, para poder continuar sus apuestas, aquel soldado, el 15 de junio, de un día como hoy de hace setenta y cuatro años, la vendía por dos dólares australianos (unos seis dólares americanos de la época, que suponían una buena parte de la paga recibida) al soldado de Ohio, William Wynne, al que todos conocían como Bill, de 20 años de edad, convirtiéndose ambos, desde aquel entonces, en inseparables. Aquella perrita desnutrida y poco cuidada, con el cariño recibido empezó a aprender, primeramente las órdenes básicas que Bill Wynne le transmitía, hasta desarrollar con aquel la complicidad derivada de tantas horas de mutua compañía.

No se separaron en ningún momento, acudiendo juntos incluso a misiones arriesgadas. Donde iba el soldado lo hacía su compañera, llevada unas veces en un compartimento dentro de la misma mochila, o bien sujeta de su brazo y otras en el interior de su casco, tanto por aire, por tierra como por mar.

En octubre de 1944, iniciada la campaña final de la batalla del pacífico, en Luzón, los ingenieros estadounidenses necesitaban, para mantener a salvo las comunicaciones telefónicas, pasar un cable desde la base de Lingayen, por una tubería, para comunicar aquella con tres escuadrones separados a unos veinte metros de distancia, no pudiendo realizar esta sin ser atacados por los certeros soldados japoneses que impedían desarrollar estos trabajos. La solución, la daría el propio soldado Bill Waynne, que se ofreció a realizar tal misión junto a “Smoky”, colocándole en el collar sujeta la línea en cuestión, que transportaría a través de aquel estrecho conducto, guiada y alentada por la instrucciones que desde allí mismo le daría el propio Bill.

De esta forma, asistidos por el ingeniero Bob Gapp, Bill fue animando a la pequeña Yosrkshire a ir avanzando por aquel oscuro tubo de unos veintidós centímetros de ancho, hasta recorrer y completar aquellos veinte metros, pudiendo establecerse la aludida red de comunicación y salvando, con ello, la vida de doscientos cincuenta soldados.

Durante aquellos dieciocho meses de campaña, Smoky acabaría participando en más de ciento cincuenta ataques aéreos, saltando a veces incluso en su propio paracaídas, convirtiéndose de hecho, en una soldado más de aquel vigésimo sexto escuadrón, que con sus ladridos alertaba del peligro a sus compañeros y con su visita al hospital a los soldados heridos, levantaba el ánimo de los allí presentes, con su  sola presencia, siendo considerada por ello, la primera “perra de terapia” de la historia.

Finalizada la guerra, fue condecorada por estos hechos, convirtiéndose en todo un fenómeno social a nivel nacional, visitando los platós de las televisiones más relevantes así como hospitales de veteranos donde sus cabriolas despertaban las simpatías de aquellos.

Fue acreditada con 12 misiones de combate y condecorada con 8 estrellas de batalla. El 21 de febrero de 1957, la soldado Smoky fallecía a la edad de catorce años, siendo enterrada al día siguiente por la familia Winner dentro de una caja de municiones, en Cleveland Metroparks, en Ohio. Durante la celebración del día de los veteranos, el 11 de noviembre del 2005, era realizada una breve ceremonia erigiéndose en su memoria una estatua de un yorkshire dentro de un casco de guerra, en una escultura realizada por Susan Bohary.

Ya lo dijo el actor Will Rogers.- “Si los perros no van al cielo, quiero ir al sitio donde ellos van, cuando yo muera”.-………………..y yo también.

 

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