EL EXPERIMENTO KELLOGG.-

22jn

22 de junio……………….y entonces sucedió que……………………..

………….aquel asunto de las dos niñas indias encontradas en la selva de Medinapur en el estado de Bengala Occidental, en el interior de una cueva habitada por lobos, había impactado fuertemente al entonces estudiante de psicología Winthrop Niles Kellogg, de la Universidad de Indiana. Al parecer Kamala (de 8 años de edad) y su hermana Amala (de año y medio), habían sido halladas por el director de un orfanato local, el reverendo Joseph Singh, en aquella guarida, durante una incursión por la jungla realizada en octubre de 1920.

Según contaba aquel, las niñas no caminaban erguidas, sino que lo hacían sobre sus cuatro extremidades, emitiendo una serie de gruñidos amenazantes contra quienes trataban de aproximarse a ellas, custodiadas por una loba que parecía encargarse de ambas hermanas. Una vez separadas de aquella manada y ubicadas en el orfanato, detallaba el misionero, aquellas comían solo carne cruda, aullaban y gruñían para mostrar, bien su rechazo o su aprobación sobre algo y según afirmaba, habían desarrollado incluso una perfecta visión nocturna.

Años más tarde sería el médico del orfanato quien acabaría desmintiendo esta falsa anécdota, pero para el ya entonces doctor en psicología Winthrop Kellogg, aquella historia constituiría la base de un experimento que desarrollaría unos diez años más tarde, conocido como “el simio y el niño” y más popularmente como el “experimento Kellogg”.

Tomando como referencia el hecho de que las dos niñas aprendieron a comportarse como unos lobos más entre aquella manada, diseñó la primera hipótesis de su teoría, base de su experimento, determinando la influencia que aquel entorno incivilizado, la naturaleza e incluso la alimentación habían afectado directamente al comportamiento de aquellas, siendo a su juicio, extremadamente complicado, sino casi imposible, el desaprender dichas conductas asimiladas en esas edades tan tempranas.

Si bien su primer impulso científico sería el de situar a un bebé humano en un entorno salvaje, para de este modo proceder al estudio de su desarrollo conductual en dicho ámbito, por cuestiones éticas y obviamente legales, se vio obligado a desistir de aquel intento disparatado, invirtiendo eso sí, los elementos que configuraban aquel proceso, utilizando para ello un animal salvaje que sería educado en un entorno civilizado, esto es, en un hogar humano.

En 1931, una vez vencida la oposición que había ejercido la esposa del doctor, Luella Agger, desplazados hasta Florida, daba comienzo el experimento. El animal seleccionado acabaría siendo una cría de chimpancé de siete meses de edad, a la que llamaban “Gua”, que sería criada junto al hijo del propio doctor Kellogg, de diez meses de edad, Donald, contando con la inestimable ayuda y colaboración del psicólogo y primatólogo Robert Yerkes.

Las premisas del proyecto estaban claramente definidas, ambas crías, a partir de aquel sábado 22 de junio de 1931, de un día como hoy, de hace por tanto ochenta y siete años, convivirían como si fueran hermanos, sin distinción alguna, ni siquiera de especie, siendo educados, vestidos y alimentados de la misma manera.

Los primeros resultados del aludido experimento, demostraron una gran capacidad de adaptación de la cría de chimpancé, Gua, a su nuevo entorno humano, aprendiendo a utilizar la cuchara para las comidas o ir al baño sola, antes que su “hermano Donald”, que sin embargo desarrollaría un mejor talento para el arte de la imitación, de tal forma que a los seis meses de haberse iniciado el estudio, el niño era capaz de realizar las habilidades lingüísticas de aquella, reproduciendo fielmente los mismos sonidos que la chimpancé daba cuando, por ejemplo, tenía hambre.

Aquello no estaba saliendo como habían previsto en un principio el doctor Kellogg y su colega el primatólogo Robert Yerkes, ya que suponían que sería finalmente el mono el que acabaría humanizándose, imponiéndose por tanto los factores ambientales sobre los hereditarios en su desarrollo y no los resultados que a los nueve meses arrojaba el mencionado estudio, en los que el hijo del doctor a sus diecinueve meses de edad tan solo era capaz de decir seis palabras contadas, en un claro síntoma de aletargamiento del desarrollo del lenguaje, muy por debajo del de un niño de su misma edad, capaz de aprender hasta diez palabras nuevas por día y de llegar a reproducir, hasta cincuenta palabras diferentes.

Por lo que vista la involución del pequeño Donald más que la humanización deseada de Gua, el doctor decidió poner fin al mencionado experimento, tras nueve meses de haberse iniciado aquel, durante la primavera de 1932, siendo la pequeña chimpancé devuelta al lado de su madre y regresando la familia Kellogg a su hogar de Indiana. En el siguiente enlace un resumen de algunas pruebas grabadas; https://youtu.be/yOqvMi6W3Lc

El 22 de junio de 1973, fallecía a los setenta y cuatro años, Winthrop Niles Kellogg, en Fort Lauderdale, Florida.

Ya lo dijo el escritor Tristan Bernard; Dos cosas me admiran: la primera, la inteligencia de las bestias y la segunda, la bestialidad de los hombres.

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