EL PASTELERO DE MADRIGAL.-

191020182

19 de octubre……………………y entonces sucedió que……………………

…………………………..esta es la singular historia que aconteció durante el reinado de Felipe II, en la que un fraile agustino portugués, un pastelero pelirrojo castellano y una sobrina del mismo rey, quisieron suplantar la personalidad del desaparecido Sebastián I, monarca de Portugal, en un proceso conocido como “el pastelero de Madrigal”.

Era el susodicho Sebastián, rey de Portugal, sobrino mismo del soberano español, al ser este hijo de su hermana Juana de Habsburgo y del príncipe Juan de Portugal.

Nadie había vuelto a tener noticias de él, desde la batalla acaecida en Alcazarquivir (en aquellos tiempos plaza portuguesa), en el norte de Marruecos, el 4 de agosto de 1578, y a la que el joven monarca luso había acudido raudo en defensa del depuesto rey marroquí Muley Ahmed que le solicitaba ayuda para la recuperación de su trono, frente al sultán Abd el-Malik, en una batalla, que también vino a llamarse, “de los tres reyes”, al fallecer, al parecer, los tres soberanos durante la misma.

Aquella misma noche un grupo de soldados portugueses, supervivientes de la refriega, llegaban, buscando refugio, a Arcila (a unos 60 kilómetros al norte de Alcazarquivir). Para conseguir que la guardia de la ciudad les permitiera el acceso, simularon llevar con ellos al propio monarca, fraguándose, desde entonces el rumor, que el rey luso todavía estaba vivo. Dos años más tarde, haciendo valer sus derechos dinásticos, su tío, Felipe II de España, se imponía al otro candidato a la sucesión, Antonio prior de Crato, en la batalla de Alcántara, siendo nombrado rey de Portugal.

Según diversos documentos oficiales de la época, el mismo sultán de Marruecos envió el cuerpo del difunto Sebastián a los representantes de Felipe II que les fue entregado en la ciudad de Ceuta, siendo desde allí trasladado al Monasterio de los Jerónimos en Lisboa, en donde recibiría cristiana sepultura (aunque el rumor sobre aquel sepulcro, del que decían estaba vacío, seguiría vigente).

Uno de los principales valedores del prior de Crato fue un fraile agustino, Miguel de los Santos, que había sido confesor personal del fenecido Don Sebastián, y que acabaría siendo desterrado del país luso al territorio de Castilla por orden de Felipe II. Sería allí, en la localidad de Madrigal de las Altas Torres (provincia de Ávila), donde encontraría cobijo como vicario del convento de Nuestra Señora de Gracia el Real, curiosamente el mismo lugar en el que era monja doña María Ana de Austria, hija de don Juan de Austria, hermano de Felipe II y por tanto sobrina de este.

Y pasaron los años……a finales de junio de 1594, llegaba a la localidad de Madrigal Gabriel de Espinosa, de oficio pastelero. Este oficial en la producción de pasteles de carne y empanadas, hablaba correctamente castellano, portugués, francés y alemán a lo que habría que añadir una destreza exquisita en el uso de la palabra y en la monta de caballos (algo poco común para alguien de su condición). Su pelo rojizo, cautivó al agustino, que nada más verlo por las calles de la ciudad, creyó ver al monarca otrora fallecido, urdiendo desde aquel mismo instante un plan para hacer sospechar al rey español que su sobrino, tal y como contaba la leyenda, permanecía vivo, reclamando por tanto el trono que le pertenecía. El parecido era tan extraordinario que haría dudar al mismísimo Felipe II, o al menos, eso era lo que el fraile agustino llegó a imaginar.

El vicario, tras desvelar sus intenciones al gallardo comparable, y haciéndole pasar por el extinto soberano, puso en contacto a este (con la discreción y reserva que el asunto requería) con su “prima”, María Ana, creando entre ambos los sentimientos necesarios de un supuesto enamoramiento, llegando a persuadirla para que le escribiera, de su puño y letra, dos cartas dirigidas a aquel, en las que le declaraba su más que evidente enamoramiento, haciéndole entrega asimismo, de unas joyas para recaudar el peculio necesario que diera inicio a aquella confabulación. El creador de semejante entramado haría lo propio, escribiendo también dos cartas en las que repetidamente se dirigía a su destinatario, con el término de “majestad”.

Es entonces cuando el pelirrojo Gabriel de Espinosa, haciendo uso de aquella falsa identidad, recorriendo los caminos que le llevarían hasta Valladolid, donde acudiría a tratar de concertar la venta de las joyas de su “regia prometida”, con esa impostada personalidad fingida, acabaría levantando, con su tosco proceder, las sospechas de algunos vecinos que llegarían a ponerlo en conocimiento del mismo alcalde de la real chancillería de Valladolid, Rodrigo de Santillán el cual ordenaba su detención a fin de esclarecer lo que de él decían.

El asunto cobraba mayor repercusión cuando eran encontrados entre sus enseres personales las dos cartas manuscritas de la sobrina del rey y las del fraile agustino en las que le llamaba “majestad”, creando mayor confusión en aquel dislate, poniendo el suceso rápidamente en conocimiento del mismo Felipe II, que acabaría siguiendo el proceso abierto, desde la villa de Madrid, con personal interés, y en el que tras la investigación pertinente, acabaría siendo descubierto el intento de engaño o embuste.

El 1 de agosto de 1595, moría ejecutado en Madrigal, en la horca, Gabriel de Espinosa, sorprendiendo, a los allí presentes, el sosiego con el que el pastelero confrontaba la mencionada pena capital, siendo posteriormente decapitado y descuartizado. María Ana de Austria, fue recluida, en estricta clausura, en el Convento Nuestra Señora de Gracia de Ávila.

El fraile, desposeído de sus derechos eclesiásticos, moría ejecutado en la horca un 19 de octubre, de un día como hoy, de hace 423 años, en la plaza Mayor de la villa de Madrid. Posteriormente su cuerpo, decapitado y desmembrado, sería esparcido por las murallas de la ciudad. El sombrero negro que portaba, acabaría siendo objeto de divertimento del populacho que llevándolo sobre un palo lo acabaron paseando por diferentes calles hasta acabar abandonándolo en un vertedero de los corrales pertenecientes al escribano Antonio Cros.

El sombrerete permanecería allí mucho tiempo, de tal forma que aquel lugar acabaría siendo conocido, desde entonces, como el del Sombrerete del Ahorcado, actual calle del “Sombrerete” del barrio de Lavapiés, ubicada esta, paralela a las de Caravaca y la de Tribulete, y que tuvo su origen pues con aquel “pastelero de Madrigal que quiso ser rey de Portugal”.

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