EL INCREÍBLE CASO DE WILL WEST

161118 (1)

16 de noviembre………………..y entonces sucedió que………………….

…………………………………..cuando Robert McClaughry, alcaide de la prisión federal de Leavenworth, en el estado de Kansas, en el centro de los Estados Unidos, desde el 1 de julio de 1899, a sus sesenta y cuatro años, recibía al nuevo recluso Will West durante aquella mañana del 16 de noviembre de 1903, de un día como hoy de hace ciento quince años, creía, hasta entonces, haberlo visto todo. Aquella misma mañana se daría cuenta de lo equivocado que estaba.

A unos seis kilómetros al Norte del mencionado presidio (considerado en aquellos días como uno de los tres más grandes del país, de máxima seguridad) se encontraba el penal militar homónimo, del Ejército de los Estados Unidos, donde entre otros, acabarían siendo recluidos Bradley Manning, de 2013 a 2017 (en la actualidad mujer transgénero que se hace llamar Chelsea) acusado en su día de filtrar documentos comprometedores a WikiLeaks, así como el ex solado Robert Bales, condenado, por haber asesinado en marzo de 2012 a dieciséis civiles afganos en la localidad de Panjwai, en la provincia de Kandahar en Afganistán, a cadena perpetua.

Tras abrirle al preso la correspondiente ficha de filiación, mediante la realización de dos fotos y el consiguiente registro de las medidas corporales, en virtud del sistema imperante de la época de identificación de reclusos, del francés Alphonse Bertillon, los funcionarios advertían que aquel, que decía ser “su primer ingreso”, tenía ya abierta una inscripción antigua por una condena en firme de cadena perpetua por asesinato, desde hacía dos años.

El reo, llevado al despacho del director del penal, era entrevistado por el alcaide que trataba de esclarecer aquella situación. Ante él, sentado se encontraba aquel hombre que decía llamarse Will West, condenado según sentencia que adjuntaba la propia policía federal, por un delito menor y cuya ficha, efectuada durante la misma mañana, había quedado recogida con el número 3426. Sobre la misma mesa de su despacho y junto a aquella, la otra, con el número 2626, aparentemente del mismo reo, acusado de asesinato y con el nombre de William West.

-“Tengo algunas dudas sobre la filiación que se le acaba de realizar en el departamento de ingresos de la prisión”-  le espetaba el alcaide McClaughry, -“¿cómo prefiere que le llame, Will o William?”- le preguntaba.

–“Mi nombre es Will, señor”- contestaba aquel.

–“Bien Will, verá”- prosiguió el alcaide, -“tengo sobre esta mesa dos registros suyos. En el primero, identificado como William West se encuentra acusado por un delito de asesinato y condenado a cadena perpetua, en el otro, realizado ahora mismo, por un delito de robo y condenado a dos años de prisión, con el nombre de Will West”-.

El director le daba la vuelta a las fichas para que aquel las observara, -“compruebe lo que le digo, y dígame, ¿por dónde ha logrado salir de la prisión?, ¿cómo ha eludido el sistema de control de nuestro personal?, ¿quién le ha facilitado la falsificación de esta sentencia condenatoria de menor índole?”-………..

Aquel empezó a balbucear –“ese tal William, no soy yo, señor, fíjese bien en sus rasgos, no cabe duda que somos muy parecidos, pero se advierten claramente las diferencias”-, le decía. Sin embargo para McClaughry aquello, aunque un tanto confuso, no daba opción a otra explicación posible, se trataba de la misma persona.

En un momento determinado uno de los funcionarios del pabellón de condenas de larga duración llamaba a la puerta del despacho del alcaide. El reo William West con el número de registro 2626, había sido localizado, siendo llevado a aquellas dependencias para acabar de esclarecer aquel asunto.

Y como dos gotas de agua, Will y William, uno ante el otro evidenciaron que el sistema de identificación de presos, utilizado hasta la fecha, presentaba importantes carencias. Dos reos, tan similares, que de no estar uno delante del otro podrían originar consecuencias penitenciarias, de diversa consideración.

Robert McClaughry acudía el 30 de abril del año siguiente a la Exposición Universal de San Luis, donde conocería al sargento de Scotland Yard John Kenneth Ferrier, que les enseñaba a los allí presentes, un novedoso sistema basado en la impresión dactilar del antropólogo inglés Francis Galton, mejorado y simplificado por el policía argentino de origen croata, Juan Vucetich y que a su regreso de San Luis, solicitaba del Fiscal General del Estado, William Henry Moody, la autorización pertinente para disponer de aquel novedoso procedimiento en la identificación de presos en su prisión de Leavenworth.

El sistema dactiloscópico comenzaría a aplicarse durante el mes de noviembre de ese mismo año de 1904.

Tomadas las huellas a todos los reclusos, la historia entre aquellos dos presos daría aún que hablar, ya que William West, condenado a cadena perpetua por un delito de asesinato, según el estudio de sus huellas dactilares, era exonerado del mismo, al ser declarado inocente, siendo el segundo recluso en haber entrado en prisión, Will West, como resultado de la impresión de sus huellas, designado como el verdadero autor del mencionado crimen.

-“Lo esperado no sucede, es lo inesperado lo que acontece”-. Eurípides de Salamina (Poeta griego).

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s