EL EXPERIMENTO MORUKOV

1120191

11 de enero…………………………..y entonces sucedió que…………………………..

…………………………todo estaba preparado para dar comienzo a aquel experimento del doctor y cosmonauta Boris Vladimirovich Morukov, de treinta y seis años de edad, coordinador jefe del proyecto científico del “Instituto de Investigación de Problemas Biomédicos” de Moscú, que examinaba el desarrollo de una serie de medidas para combatir los cambios metabólicos acaecidos durante estados prolongados de ingravidez que los astronautas padecían en sus viajes espaciales.

El estudio sobre el impacto en el cuerpo humano de los viajes en el espacio ya había sido tratado en la década de los sesenta, pero estos desplazamientos, cada vez más duraderos en el tiempo, requerían de una serie de ajustes que aquel proyecto de Morukov buscaba.

Once hombres seleccionados, entre los veintisiete y los cuarenta y dos años de edad, iban a verse sometidos a una situación de simulación de un largo viaje en el espacio exento de fuerzas gravitatorias, para lo cual, tendidos sobre un camastro boca arriba, con una inclinación de seis grados hacía su cabecera, pasarían los próximos trescientos setenta días de aquel año de 1986, controlados, vigilados y bajo supervisión médica permanente.

Los motivos argumentados para equiparar aquel año entero en estado continuo de reposo absoluto con el de un viaje espacial prolongado, a juicio de Morukov, eran que en aquella posición sin movimiento alguno, sin poder ni tan siquiera sentarse y con los músculos en estado de relajación, el corazón actuaría reproduciendo una actividad similar al de los astronautas en pleno vuelo, sin tener que luchar contra la gravedad, a un ritmo mucho más pausado, reduciéndose de esta forma, junto al número de latidos, la cantidad de glóbulos rojos en sangre.

A los candidatos, el gobierno del entonces presidente de la extinta Unión Soviética, Mijaíl Gorbachov, además de brindarles el correspondiente reconocimiento personal al avance científico aportado, y de otorgarles los ascensos militares y condecoraciones pertinentes, les habían prometido la entrega de un automóvil, sin duda, motivo más que suficiente, para la mayoría de ellos, de soportar tan dura prueba.

El sábado 11 de enero de 1986, daba comienzo el aludido ensayo. Aquellos individuos a partir de aquel instante, sin poder realizar cambio alguno en su posicionamiento, deberían ser alimentados, acicalados e incluso acostumbrarse a hacer sus necesidades fisiológicas en aquella laxa postura.

Para tratar de procurarles alguna manera de entretenimiento, se les autorizaba a ver la televisión, leer, escribir cartas y realizar pequeños ejercicios con pesas, entrenamiento que tras los primeros cuatro meses acabaría siendo suspendido, permitiéndoles recibir la visita de sus familiares una vez por semana, fijándose para la misma los domingos.

Además de la consiguiente atrofia muscular, la alteración del sistema vestibular (que directamente está relacionado con el equilibrio y el control espacial), la pérdida de calcio en los huesos, entre otras secuelas físicas, todos ellos acabarían presentando algún tipo de estrés psicológico, como consecuencia del aburrimiento y del consiguiente hastío, y algunos hasta los primeros síntomas de depresión, surgiendo además las primeras tensiones y disputas entre sus miembros que incluso provocarían a la postre, el traslado de uno de aquellos sujetos a otro módulo, y viendo que las fricciones comenzaban a surgir entre los propios astronautas y el personal médico que les atendía acabarían siendo reemplazados estos últimos, con quienes de igual forma, empezaron algunos a enemistarse.

A los ocho meses de iniciado el experimento y simulando la aceleración a la que se encontraría sometida una cápsula espacial al entrar en contacto con la atmósfera de la Tierra, y atados a sus camas, fueron introducidos gradualmente en una especie de centrifugadora que les proporcionaba ocho veces la fuerza de la gravedad.

De los once participantes solo se registraría un abandono, siendo completada, por el resto, la totalidad de la prueba, pasando postrados en aquellas camas un total de ocho mil ochocientas ochenta horas. Una vez finalizado este, y durante los siguientes dos meses, los integrantes del experimento tuvieron que aprender a sentarse y realizar ejercicios para  volver a caminar.

En 2010, Morukov volvería a realizar otro experimento, esta vez de quinientos veinte días de duración, al que denominó Marte 500 y en el que un equipo de seis voluntarios (tres rusos, un italocolombiano, un francés y un chino) en situación de aislamiento, simularon un viaje al planeta Marte, encerrados en tanques gigantes que reproducían las condiciones de una nave espacial preparada para este tipo de travesías, superando con determinación los obstáculos establecidos, y es que….. según reza un proverbio Zen; el obstáculo es el camino

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s