EN MEMORIA DE MANUEL BROSETA

 

1801209

18 de enero…………………….y entonces sucedió que…………………………………

……………..acababa de tener su correspondiente hora de tutoría, como venía siendo habitual todos los miércoles de nueve a diez de la mañana, día que dedicaba para tal menester docente a la asignatura de Derecho Mercantil, cátedra de la que era titular desde hacía casi veintisiete años, desde el 14 de febrero de 1964, en la Facultad de Derecho de Valencia, situada entonces (antes de su traslado al actual Campus de la Avenida de los Naranjos) en el edificio de la Avenida de Blasco Ibáñez, en su número 30, donde se imparten actualmente las clases de Filosofía y Ciencias de la Educación.

Manuel Broseta Pont, en las elecciones generales de junio de 1979, salía elegido por el partido de Adolfo Suárez González, Unión de Centro Democrático (UCD), senador por Valencia, siendo un año más tarde y en consejo de ministros, nombrado secretario de Estado para las Comunidades Autónomas, impulsando la estructuración del actual Estado autonómico así como la aprobación de un gran número de Estatutos todavía vigentes a día de hoy, en un cargo que ejercería dos años, presentando su dimisión el 4 junio de 1982.

Retirado desde entonces de la primera línea política, hacía siete meses que había sido elegido miembro del Consejo de Estado. De esta forma, el profesor Broseta impartía su vocación docente, alternándolo con sus quehaceres profesionales en su despacho de abogados, junto a otras actividades, como miembro del Consejo de administración de diversas empresas, como Autopistas Aumar, Banco de Valencia o la Unión Naval de Levante, entre otras, a las que habría que añadir sus inquietudes políticas, siempre en aras de la libertad y de la democracia.

Se cumplían cuatro meses del atentado de ETA perpetrado en la localidad alicantina de Muchamiel (a escasos cincuenta kilómetros de su localidad natal de “Bañeres de Mariola”), del pasado 16 de septiembre, en el que perdían la vida dos policías locales, José Luis Jiménez Vargas de 28 años de edad y Víctor Manuel Puertas Viera, de 21, y el guardia civil Francisco Cebrián Cabezas de 40 años, en las operaciones de retirada de un vehículo cargado de explosivos que había quedado empotrado en una sucursal del Banco de Valencia, ubicada frente al cuartel de la Benemérita de dicha localidad, en lo que parecía tratarse de un simple accidente de circulación y cuyo objetivo al parecer, por parte de la banda terrorista, era la misma casa cuartel.

Aquel miércoles 15 de enero de 1992, Manuel Broseta, de cincuenta y nueve años de edad, se ponía su característico abrigo de color verde y salía de las dependencias de la Facultad, para cruzar los jardines de aquella Avenida.

Al cruzar por el paso de peatones, no es consciente de ser perseguido por un hombre y una mujer que se colocan justo detrás de él. El hombre extrae de su bolsillo un arma corta y le dispara por la espalda, a la altura de la nuca, desplomándose sin vida al suelo. Eran las diez y veinte de la mañana. Ana, una estudiante que cruza justo detrás, testigo de los hechos, es obligada por aquellos a echarse al suelo. Tras la detonación, los terroristas se alejan de aquel lugar a bordo de un coche de color rojo, cuya placa de matrícula V-8961-CG resultaría ser falsa, abandonándolo a unos setecientos metros de allí, en la confluencia de la Avenida de Aragón con la calle de Amadeo de Saboya, cargado de explosivos, que causarán posteriormente heridas de diversa consideración en el brazo al agente de policía José Vicente Marcos de las que necesitará más de dos años de recuperación.

En un análisis efectuado “in situ” por la Policía Científica desplazada al lugar de los hechos, el cuerpo del profesor Broseta presentaba un único orificio de entrada por la nuca y de salida por la parte frontal, quedando en el suelo durante más de media hora, sin poder ser identificado al quedar su cara cubierta en sangre. Ángel Ortí Lahoz, decano de la Facultad de Económicas y uno de los primeros en llegar al lugar del asesinato, a pesar de conocerle desde hace muchos años, será uno de aquellos, incapaz de reconocerle.

Aquel horrendo crimen conmocionaba rápidamente a toda una ciudad y por extensión a todo un país, que llorará dicha perdida. La autoría del atentado era reivindicada por la banda terrorista ETA a través del diario “Egin”, diecinueve días más tarde, el 3 de febrero.

En opinión del fiscal de la Audiencia Nacional Daniel Campos Navas, y basándose en la declaración de Fernando Díez Torre, uno de los tres integrantes del “comando Ekaitz” que había acabado con la vida del profesor Broseta, los autores materiales del mismo fueron Itziar Alberdi Uranga, y su pareja sentimental Juan Jesús Narváez Goñi (que huidos de la justicia española acabarían siendo localizados veintidós años más tarde, en febrero de 2014, en Puerto Vallarta, México, donde residían junto a sus hijos), condenando como inductores del mismo a Francisco Múgica Garmendia “Pakito”, José Luis Urrusolo Sistiaga y José Luis Álvarez Santacristina “Txelis” en 2003.

Una vez localizados y puestos a disposición judicial en marzo de 2014 y acusados del asesinato de Manuel Broseta, por el que se les pedía unas penas de cincuenta y seis años de prisión para cada uno, Alberdi Uranga y Narváez Goñi acabarían siendo juzgados por la Audiencia Nacional, que no encontraría elementos probatorios suficientes para finalmente condenarlos por este delito, aunque sí a doscientos noventa y seis años de cárcel por otro asesinato de dos Técnicos Especialistas en Desactivación de Artefactos Explosivos (Tedax), llevado a cabo en junio de ese mismo año de 1991.

Hoy, 18 de enero de 2019, la “Fundación Manuel Broseta” hará entrega en el Palacio de la Generalitat de Valencia de su “Premio Convivencia” (que distingue a personas, colectivos o entidades, que destacan en la defensa de los valores como la libertad,  respeto, justicia y el pluralismo político) a SM el rey Felipe VI como reconocimiento a su “liderazgo  valiente y sobresaliente, en unos momentos tan delicados” en palabras de José Luis Ábalos Meco ministro de fomento y presidente del jurado de la presente edición.

Como bien dijo en cierta ocasión su amigo y también catedrático Francisco Tomás y Valiente, presidente del Tribunal Constitucional desde 1986 a 1992, y que moriría en febrero de 1996 asesinado por ETA en su despacho de la Universidad Autónoma de Madrid,

-“Manuel Broseta fue un hombre de amigos”-.

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