LA DETENCIÓN DE TED BUNDY

15022019

15 de febrero…………………y entonces sucedió que……………………………

……………………descubrir a los veintidós años de edad que su hermana Louise era su madre y que por lo tanto los que hasta aquel momento habían sido sus padres, en realidad eran sus abuelos, conmocionaría sobremanera a Ted, un joven de carácter tímido e introvertido, de ojos azules y apariencia angelical, que desde aquel instante comenzaría a desarrollar un profundo odio hacia quien había ejercido el papel de hermana mayor, su verdadera madre.

 Muchos psiquiatras han intentado justificar el devenir de los acontecimientos futuros de Ted Bundy, el mayor asesino en serie de los Estados Unidos, basándose precisamente en este hecho, lo cual no acreditaría por sí mismo y en modo alguno, que aquel supuesto punto de inflexión en la vida de este depredador, pudiera explicar dicha circunstancia, pues no ha sido el primer caso, ni siquiera el último, en el que alguien se haya visto inmerso en una situación similar, sin desencadenar un tipo de personalidad tan destructiva como la que nos ocupa, como el guitarrista de blues Eric Clapton, cuando a sus nueve años descubría a su madre en la que hasta entonces era su hermana mayor, Patricia, o el actor de cine Jack Nicholson, que a sus treinta y siete años en el preestreno de la película “Chinatown”, recibía de manos de unos periodistas la impactante noticia de que su hermana June era su madre.

Corría el año de 1969, cuando Ted Bundy descubría su verdadera filiación al recoger su partida de nacimiento, el mismo año en el que sufría su primera ruptura sentimental de quien hasta entonces era su novia, una guapa estudiante, Diana Jean Edwards con la que salía desde la primavera de 1967, por la que sentía verdadera obsesión y que le rechazaría, argumentando sentirse no correspondida por la personalidad sin rumbo ni determinación en la vida de aquel.

Aquello realmente sí supondría un verdadero punto de inflexión en el desarrollo de su personalidad y fuero interno, comenzando a desplegar una verdadera y compulsiva obsesión enfermiza por su ex pareja, a la que a través de escritos por carta trataba de convencer buscando una reconciliación, que no llegaría a producirse, hasta cuatro años más tarde, cuando en un reencuentro casual ella viera el asombroso cambio producido en Ted, que de pronto, parecía poseer aquellas cualidades que adolecía antaño. Y es que movido por ser el hombre que ella había deseado que fuera, en aquella fallida relación, forzaría una serie de cambios en su vida. Y así, tras graduarse en Psicología por la Universidad de Washington, se inscribía en la de Derecho y participaba activamente en la reelección de Daniel Jackson Evans, como gobernador por el Partido Republicano. 

Aquella seguridad y confianza que de pronto desprendía, hicieron mella en su antigua novia, que aceptaba volver a salir con él durante unos meses, el tiempo suficiente para culminar una meditada y bien calculada venganza, poniendo fin a aquella relación, no sin antes solicitarle matrimonio, que ella aceptaba sin dudar, tras lo cual no volvería a tener noticias de él.

Y fue entonces, a partir de aquel momento, de enero de 1974, cuando comenzaría la vorágine de odio desmedido que le llevaría durante los próximos cinco años a asesinar a más de treinta mujeres en cinco estados diferentes, Washington, Oregón, Utah, Colorado y Florida, utilizando siempre el mismo proceder, presentándose como un joven muy cordial, con el brazo en cabestrillo, o mermado utilizando muletas, que requería la ayuda de alguna joven para transportar libros u objetos pesados, o que evidenciaba tener dificultades para poner en marcha su vehículo, un Volkswagen Escarabajo de color beige atacándolas usando una barra de hierro que portaba en el maletero.

El viernes 4 de enero de 1974, Bundy entraba en el dormitorio de la estudiante Joni Lenz, de dieciocho años, agrediéndola y violándola brutalmente. Como resultado del ataque, la joven, que lograba salvar la vida, quedaba con daños cerebrales de por vida. El viernes 1 de febrero, volvía a atacar, en esta ocasión a una estudiante de psicología de veintiún años, Linda Healy, cuyo cuerpo sin vida aparecía un año más tarde en unas montañas próximas al campus universitario. Nadie vería nada.

Hasta el verano de ese mismo año, todos los meses, una nueva víctima hasta hacer un total de ocho, todas ellas jóvenes estudiantes de raza blanca, de larga melena con la raya a un lado (de rasgos muy parecidos a la que fuera su primer gran amor confirmándose con el tiempo, su enfermizo deseo, voluntad y sed de venganza).

En septiembre de 1974 se trasladaba a Salt Lake City, la capital del estado de Utah donde continuaría asesinando indiscriminadamente. Allí sufría, en noviembre, su primer gran error, al intentar secuestrar, disfrazado de policía a la joven Carol DaRonch que lograba escapar del ataque dando a los investigadores datos concretos sobre su persona, trasladando el escenario de sus actuaciones hacia el estado de Colorado.

En agosto de 1975 un policía de tráfico le daba el alto por conducir de manera temeraria. Al inspeccionar el maletero encontraba una barra de hierro, cinta aislante y un juego de esposas, que hicieron sospechar al agente sobre aquel sujeto que trataría de darse a la fuga y que posteriormente identificarían con el intento de secuestro de la joven Carol DaRonch, por el que acabaría siendo detenido, juzgado y condenado a una pena de quince años de cárcel. Estando recluido en prisión en un examen efectuado sobre su vehículo, la policía encontraba los cabellos de dos víctimas, Melissa Smith y Caryn Campbell, por lo que se abría un nuevo proceso contra él.

Al representarse así mismo, pudiendo visitar la biblioteca de la prisión y aprovechando un descuido lograba darse a la fuga, siendo detenido a los pocos días, logrando escapar una segunda vez, marchándose a Florida haciéndose llamar Keneth Misner.

El 9 de febrero de 1978, secuestraba y asesinaba a Kimberly Leach de doce años de edad. Una testigo, amiga de la víctima, lograría identificar la furgoneta blanca con la que este asesino había perpetrado aquel macabro crimen. El 15 de febrero de un día como hoy de hace cuarenta y un años, Ted Bundy era detenido, siendo juzgado por este asesinato, y condenado a la pena capital, mediante ejecución en la silla eléctrica. Once años más tarde, el 24 de enero de 1989 a las siete y cuarto de la mañana, en la prisión estatal de Starke, en Florida, moría ejecutado.

 Estando detenido, lejos de sentirse culpable decía sentirse muy ofendido e indignado en una secuencia que podemos ver en el siguiente enlace https://youtu.be/yvzV1W57ORI.

Recientemente Netflix emitía “Conversaciones con asesinos; las cintas de Ted Bundy” una serie basada en más de cien horas de grabaciones efectuadas por los periodistas Stephen Michaud y Hugh Aynesworth  en el corredor de la muerte, confesando este más de treinta asesinatos, aunque los investigadores estiman que bien podrían superar la centena (https://www.netflix.com/es/title/80226612).

-“Creemos que podemos identificar a las personas peligrosas, pero lo más aterrador es que no podemos. Las personas no se dan cuenta de que conviven con asesinos en potencia”-. (Ted Bundy).

Sirva esta reseña en recuerdo de todas sus víctimas inocentes.

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