LA LEYENDA DE JOSÉ MARÍA HINOJOSA “EL TEMPRANILLO”

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21 de junio……………………………y entonces sucedió que…………………………….

………………………..no se hablaba de otra cosa en Jauja, un pueblecito de por aquel entonces apenas un centenar de habitantes, junto al río Genil, en la frontera entre Córdoba y Sevilla, a 24 kilómetros de la pedanía de Lucena, tras la romería de San Miguel, celebrada aquel 29 de septiembre de 1815, cuando José María, el hijo de Juan y María, a sus quince años de edad, cuchillo en mano había “limpiao” la honra de su familia, matando al que dicen que era el mayorazgo de un rico hacendado de Montilla, un delito penado por aquellos días, en tiempos del recién llegado Fernando VII “El Deseado”, con la pena de muerte mediante horca, por lo que el chico, para evitar ser ajusticiado, aquella misma mañana se había echado al monte, iniciándose así la leyenda de uno de los más famosos bandoleros, al que desde aquel día, dada su precoz edad en delinquir, comenzarían a conocer con el sobrenombre de “El Tempranillo”.

José María Hinojosa Cobacho, nacido un 21 de junio, de un día como hoy, de 1800, jornalero como sus padres, estaba considerado hasta la misma noche anterior como un chico serio, trabajador y responsable, que cuidaba de su madre, viuda desde hacía un año.

El corregidor de Montilla, Pedro Aurioles y Longoria presionado por el rico hacendado para conseguir apresar al joven en cuestión, ordena arrestar a la madre de este, María Cobacho, aireando aquel asunto lo suficiente, para asegurarse llegue, a oídos del muchacho, que su madre se halla retenida bajo su custodia.

La reacción del joven no fue la esperada por aquellos gentiles hombres pues lejos de entregarse, aprovechando la oscuridad de la noche, el muchacho accediendo por una de las ventanas del domicilio del corregidor, que da al dormitorio de Clara, la hija de aquel, se la llevaba consigo, proponiendo de esta manera un intercambio de rehenes.

Un escribano de la localidad de El Carpio, a unos 60 kilómetros al norte de Montilla, de nombre Celestino ante la ocasión de granjearse los favores del corregidor, percibiendo aquel asunto de relativa facilidad, reúne una partida de diez hombres armados, hábiles todos ellos en el manejo de la escopeta, para ir a por el chico fugado adentrándose por los parajes de la sierra, no tardando en dar con él.

Viéndose el mozo rodeado por aquella partida de hombres pertrechados y escuchando las primeras palabras del escribano exigiéndole su inmediata rendición, abría fuego sobre aquel a quemarropa desde su bocana, ante la sorpresa de los allí concentrados, que resguardándose por instinto perdían de vista al zagal que se escabullía en aquel lugar con sorprendente soltura.

Enterado el corregidor de la muerte del escribano, siendo conocedor de la audaz gesta del chico y temiendo sus posibles represalias, resolvía aceptar la propuesta del intercambio de las prisioneras, en un canje que sería realizado en lugar apartado y sin acompañantes, en el llamado barranco de la Bruja, en Fuerte-Tójar en la misma provincia de Córdoba, al que acudían ambos desprovistos de arma alguna.

Confiando Pedro Aurioles en la palabra de José María Hinojosa, sin tenerlas todas consigo, al precederle a tan temprana edad la muerte de dos hombres, descubre no obstante que el joven a pesar de no haber recibido instrucción ni educación alguna actúa con cierta dosis de elegancia y caballerosidad, llevándose el intercambio a buen término sin incidente alguno, tras lo cual, dejando a buen recaudo el chico a su madre, volvía a partir hacia tierras de la Serranía de Ronda, donde se toparía con un contrabandista, de nombre Francisco Francés originario de Almonaster la Real, con quien hará muy buenas migas, aprendiendo de este el oficio de asaltador de caminos, llegándose a enamorar de una de sus hermanas, María Jerónima, con quien acabaría teniendo una relación sentimental. Y así, Francisco, José María El Tempranillo y José Ulloa “El Tragabuches” junto a cuatro más acabarían formando la llamada “banda de los siete niños de Écija” robando a todo aquel que se encontraban en su camino.

Pero el jaujeño quiso al cumplir los dieciocho formar su propia cuadrilla, separándose amistosamente de los que hasta entonces habían sido sus compañeros de aventuras, yendo hacia Sierra Morena, donde no tardaría en formar un nutrido grupo de forajidos, junto a Juan Caballero “El Lero”, José Ruiz “El Venitas” y Paco “El de La Torre” que se especializaron en el asalto y robo a viajeros por los caminos de la Sierra, pero dándole una impronta personal, procurando eludir los procedimientos violentos en su actuar, mostrándose como un educado hombre de armas que solícitamente pide un tributo como contrapartida para permitir el paso de los carruajes por sus tierras.

Con los tributos recaudados tras repartirlos entre sus hombres, cuentan como incluía en el mismo reparto gentes sin recursos con quienes se topaban, aumentando con ello su fama de bienhechor, siendo conocido por muchos como el “bandido bueno”.

Contaba con un excelente servicio de espionaje que le mantenía informado de los movimientos de las diligencias de la hacienda real así como de hombres próximos al rey, que puso regio empeño en su detención, mediante bando publicado el 15 de abril de 1831, enviando mercenarios voluntarios conocidos como los migueletes para su detención, vivo o muerto.

Pero El Tempranillo, lejos de asustarse, tentando todavía más su suerte, mandaba al rey el siguiente mensaje –“el rey mandará en España, pero en la Sierra mando yo” –.

En enero de 1832, en un pequeño cortijo de Grazalema, María Jerónima se pone de parto, siendo aquel momento aprovechado por los soldados del rey para abrir fuego sobre la casa sin atreverse a entrar en el interior de la misma, creyendo que puede haber más miembros de la banda. María da a luz un niño, pero presa de los nervios fallece durante el mismo. José María “El Tempranillo” atándose el cadáver de su esposa a la espalda y colocando en su regazo, sujeto a su faja su hijo recién nacido sale al galope montado en su caballo, en medio de los disparos de los migueletes, que sin embargo no logran herirlo, entregando los cuerpos de ambos a la familia de María en Torre Alhaquime.

Unos meses más tarde, Fernando VII otorgaba un indulto general para aquellos que quisieran servir a la ley, siendo aceptado por este, que desde aquel momento pasaba a ser el jefe del Escuadrón de Seguridad Pública de Andalucía.

El 23 de septiembre de 1833, cerca de una hacienda que El Tempranillo tenía en la Alameda sufre una emboscada por parte de un antiguo compañero, “El Barberillo” que le dispara hiriéndole de gravedad y poniendo fin a su vida. Tenía treinta y tres años de edad. Sus restos descansan en el patio de la Iglesia de la Inmaculada Concepción de Alameda (municipio de Málaga).

Moría la persona, nacía la leyenda…

 –“Por la Sierra Morena va una partía 

Y el capitán se llama José María”

¿Quién diría que rey manda en España?,

¿Quién lo diría?, cuando en la sierra manda José María

¡Qué maravilla! Quinientos migueletes y no lo pillan,

Lo buscan en Lucena y está en Sevilla

(Copla anónima popular a José María Hinojosa).

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