CRAIG COLEY, EL PRESO INOCENTE

22noviembre2019

22 de noviembre……………………y entonces sucedió que……………………..

 …………………………llamaba poderosamente la atención que no se hubiera presentado a la cita que tenía prevista para realizar los últimos retoques en el maquillaje de la novia, que aquella misma mañana del 11 de noviembre de 1978 contraía nuevas nupcias. No era normal que Rhonda, “siendo tan responsable”, se ausentara, así sin más, sin justificación, de algo que tanto le gustaba y que le proporcionaba unos ingresos extras a su modesto sueldo de camarera, ayudándole a sacar adelante a Donnie, su hijo de cuatro años, y mucho menos que ni tan siquiera hubiera llamado avisando de un posible retraso al aludido compromiso.

Nora, la madre de Rhonda, preocupada le comenta a Edgard, su marido, la llamada recibida desde Simi Valley, en el condado de Ventura, suburbio de Los Ángeles donde vive la joven desde hacía varios años, en la que un amigo le ha preguntado si estaba en casa con ellos porque no la localizan. La madre llama a su otra hija, Shelley, por si algún casual supiera donde podría estar, pero de igual forma esta, desconoce dónde puede hallarse.

Una patrulla de la policía se desplaza hasta el apartamento de Rhonda situado en el número 1851 de la calle Buyers en Simi Valley, donde tras varios avisos sin respuesta proceden a entrar en su interior, encontrándose sobre la cama el cuerpo sin vida de la joven de veinticuatro años, y en el cuarto de al lado el de su hijo, ambos estrangulados (posteriormente la autopsia determinaría que Rhonda Wicht había sido además violada).

Según el testimonio ofrecido por varios vecinos, sobre las cuatro y media de la madrugada se escucharon unos gritos procedentes desde el apartamento de la señorita Wicht. Una de estas testigos dijo haber visto a un hombre de pelo largo subirse poco después a una camioneta de color oscuro, como la que tenía, el que hasta hace poco, era su novio.

Centrados en investigar el círculo íntimo de la víctima, los detectives buscan el que hasta hace unos días había sido su novio, de treinta y un años de edad, Craig Coley, de pelo largo, dueño de un restaurante, cuya descripción coincide con la que las vecinas del apartamento de Rhonda han facilitado del sospechoso, procediéndole a interrogar. Este argumenta que al cerrar el aludido negocio, acompañó en coche a uno de sus empleados hasta su domicilio regresando a su casa directamente, sobre las cuatro y media de la mañana, una franja horaria coincidente con el suceso investigado y en un intervalo de tiempo, que a juicio de los detectives, era posible cometer el crimen.

Por aquellos días la prueba pericial del ADN aún no se aplicaba por lo que la clave del asunto radicó en la declaración de los testigos presenciales que aseguraron que Craig Coley era el que vieron aquella noche, a pesar de no casar su forma de ser, en opinión de quienes le conocían, con la del autor material de aquel brutal doble asesinato, pero una toalla ensangrentada encontrada en su domicilio y algunos objetos de la víctima le incriminaban, en opinión de los investigadores.

En un primer juicio de los doce miembros del tribunal dos no lo vieron claro, siendo por tanto declarado el juicio nulo. El segundo juicio, celebrado poco después le condenaba a la pena de cadena perpetua sin posibilidad de remisión, una sentencia que diez años más tarde sería ratificada por la Corte Suprema de Apelaciones.

Una vez ratificada la sentencia, el asunto despertó el interés de un nuevo detective destinado en Simi Valley, Mike Bender, que empezó a investigar aquel doble asesinato. Recopilando pruebas a lo largo de los años le llevó a creer firmemente en la inocencia de quien, a su juicio, injustamente, estaba entre rejas por un doble crimen que no había cometido.

Dos años más tarde, en 1991, el asunto parecía llegar a un callejón sin salida, al ser muy difícil encontrar los restos biológicos del caso, autorizados por el tribunal que lo juzgó, a ser eliminados, casi once años antes, en enero de 1980. Aún así, Mike Bender, después de muchos años de meticuloso trabajo de investigación lograba encontrar el laboratorio que todavía custodiaba aquellas muestras biológicas que en teoría deberían haber sido destruidas, pudiendo a través de la prueba del ADN, demostrar que los restos hallados en el escenario del crimen no coincidían con los del condenado.

Treinta y siete años más tarde, en septiembre de 2015, tras las nuevas evidencias  presentadas, el gobernador de California Jerry Brown daba la orden al fiscal del distrito de Ventura Gregory Totten así como al jefe de policía de la localidad de Simi Valley, David Livingstone, de reabrir el caso del asesinato de Rhonda Wicht y su hijo Donald.

Tras realizar las comprobaciones sobre los restos orgánicos conservados de la escena del crimen se llegaba a la conclusión de que efectivamente no correspondían con el sujeto condenado.

Y entonces sucedió que, la víspera del día de Acción de Gracias, el 22 de noviembre de un día como hoy, de hace dos años, tras pasar treinta y ocho años y diez meses encarcelado Craig Coley, a sus setenta y un años de edad, era puesto en libertad. El entonces ex detective Mike Bender dispuso aquella misma noche todo lo necesario para acoger al recién liberado en su casa, pasando la noche del viernes 23 de noviembre (Día de Acción de Gracias) junto a su mujer, Cintya y sus hijas.

Casi treinta y nueve años privado de libertad, manteniendo su inocencia, sin poder despedirse de sus padres que fallecieron estando encerrado en prisión, sin poder siquiera llorar la muerte de su ex novia y la de su hijo, sin amigos, ni familiares, al ser preguntado que sentía al ser de nuevo libre, solo logró decir una palabra; “Dulce“.

La Junta de Compensación de Víctimas en el mes de febrero de 2018 le concedía una indemnización de cerca de dos millones de dólares, a razón de 140 $ por día (de los casi catorce mil que estuvo ilegalmente privado de libertad). Hace nueve meses, el 23 de febrero, se le reconocía la cantidad de veintiún millones de dólares en concepto de reparación por el daño causado y la injusticia sufrida.

Ya lo decía en el siglo I Séneca…

-“Nada se parece tanto a la injusticia como la justicia tardía”-

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