LA MOSCA DE VIRGILIO

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29 de noviembre………………….y entonces sucedió que…………………………

 ……………………….-“Se ha vuelto loco”-, decían, -“Virgilio, el poeta, ha perdido el juicio”-. Toda Roma hablaba de aquel asunto que iba a tener lugar un día como hoy, del año 41 a.C., cuando faltando un día para acabar el noveno mes del antiguo calendario romano (29 de noviembre) el ilustre personaje, había anunciado la inhumación, con ceremonia incluida por todo lo alto, de su querida mascota, que al tratarse de una mosca común había despertado la hilaridad entre aquellos que conocían el susodicho tema.

El que posteriormente acabaría siendo conocido como el “príncipe de los poetas latinos”, que por encargo directo de su “amigo”, César Octavio, el emperador, escribiría la Eneida, había cursado cientos de invitaciones al aludido evento de aquellas honras fúnebres, incluyendo en las mismas, a personajes de las más altas esferas políticas de la época con quienes se hallaba muy bien relacionado.

Habían confirmado su presencia al acto distinguidas personalidades, como el poeta Horacio, o su gran valedor, Cayo Mecenas (de ahí la denominación de “mecenas” para aquellos que apoyan el desarrollo de las artes) encargado de leer la Laudatio Funebris, oración en memoria de tan singular mascota que al tratarse de una “mosca” convertía aquella ceremonia fúnebre en un acontecimiento de difícil catalogación una vez desvelada la identidad de “aquel ser tan estimado”, en palabras del propio poeta.

Y así, sin escatimar gastos, con la inestimable colaboración de Mecenas, preparó para aquel insecto volador el mejor de los homenajes que se le pudiera ofrecer, asistiendo al mismo, además de los ya aludidos ilustres invitados, más de cincuenta músicos así como un grupo contratado de sollozantes damas que en aquel mausoleo construido al efecto rindieron sentido homenaje a tan apreciado ser, ascendiendo la cantidad de aquel aparente dislate a una suma cercana a los ochocientos mil sestercios (al cambio actual cerca de dos millones doscientos mil euros), teniendo en cuenta que;

Si un gramo de oro con fecha de hoy 29/XI/2019 son 42’59 €, una moneda de ocho gramos de oro llamada “aúreo” (8×42’59= serían 340’72 €). Una de estas monedas de oro, equivalía a veinticinco “denarios”, el valor de un denario (340’72/25= sería de 13’62 €). Un denario, a su vez, eran cinco sestercios, esto es, 13’62/5 por lo que cada sestercio tendría un valor de 2’72 €. De tal modo que aquellos ochocientos mil sestercios, a día de hoy, serían dos millones ciento setenta y seis mil euros (800.000 x 2’72= 2.176.000 €).

El emotivo acto, fuera de las consideraciones que podrían calificar el hecho de enterrar a una de estas criaturas con la consideración de amada mascota, fue un rotundo éxito. Las plañideras y lastimeras damas, retribuidas para tal fin, hicieron su papel con un mérito extraordinario. En un momento dado de la ceremonia, Publio Virgilio Maron dedicó incluso unas breves palabras a la que hasta entonces, según él, había sido su fiel compañera, señalando que, -“no se debería menospreciar el valor de la vida de una mosca puesto que en cuerpos pequeños se agitan almas muy grandes”-.

Los comentarios apuntaban a una de las mayores excentricidades que se recordaban por aquellos lares, en primer lugar, porque nadie en su sano juicio tendría por mascota un bicho semejante y en segundo lugar, porque un dispendio de tal magnitud, honrando a tan preciada mascota, se antojaba cuanto menos un acto de locura transitoria más que de lealtad desmedida.

Pero todo tenía su lógica explicación…

Tras el asesinato de Julio César los idus de marzo (el día 15) tres años antes (en el 44 a.C.) víctima de una conspiración, se instauraba un gobierno de tres hombres, conocido como Segundo Triunvirato, conformado por Marco Antonio, Lépido y César Octaviano (que diecisiete años más tarde acabaría siendo nombrado emperador de Roma, conocido desde entonces como César Octavio o también llamado Augusto).

Virgilio, muy bien relacionado, recibía con suficiente tiempo de antelación la noticia de que aquel gobierno de tres hombres barajaba la posibilidad de emitir un decreto en el que se planteaban proceder a la expropiación de las tierras de los ricos terratenientes hacendados (como lo era el poeta por aquel entonces) para posteriormente ser estas entregadas y repartidas entre los veteranos soldados licenciados. Si bien, fijaba el aludido decreto una clara excepción al susodicho expolio, y es que en modo alguno podrían ser embargadas aquellas tierras en las que hubieran tumbas, al considerarlas sagradas, no especificando si los sepulcros deberían ser, o no, de humanos.

Y es aquí donde con el citado tributo y homenaje, y la construcción del mausoleo de la mosca, Virgilio pudo “burlar”, en el más amplio sentido de la palabra, la ley que hubiera afectado a sus tierras, salvaguardando con ello su patrimonio personal.

El decreto efectivamente vería la luz, quedando exento por tanto de dicha medida al considerar “terrenos santos” aquellos donde se hallaba el referido panteón de la mosca, logrando con esta idea disparatada a la par que audaz evitar la confiscación de sus tierras.

Ya lo dijo el propio Virgilio; -“En tanto en cuanto la suerte te lo permita, no te inclines ante la adversidad; más bien oponte audazmente a ella”-.

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