LA CANASTA DE ALOCÉN.-

17ENERO20

17 de enero…………………..y entonces sucedió que………………………………….

……………….el Simmenthal Milano había ofrecido su pabellón, con capacidad para seis mil espectadores, a sus vecinos del Ignis, para su enfrentamiento contra el Real Madrid de baloncesto correspondiente al partido de ida de los octavos de final de la Copa de Europa que se iba a disputar aquel jueves 18 de enero de 1962, pero los de Varese, una pequeña localidad ubicada a unos sesenta kilómetros al norte de Milán, habían declinado esta invitación, para preferir jugar en su “Casa dello Sport” de la Vía XXV Aprile.

La Casa dello Sport de Varese era en realidad una pequeña ratonera, con el suelo de cemento, escasa iluminación y un ambiente ensordecedor, con un reducido aforo para apenas dos mil espectadores situados todos ellos a pie de pista, muy cerca de los jugadores. Pero eso era precisamente lo que buscaba su entrenador, Enrico Garbosi, al jugar allí, en su propio pabellón, tratando de conseguir un ambiente más asfixiante, haciendo más incómodo el partido a su rival y logrando presionar más la decisión de los árbitros.

El 17 de enero, de un día como hoy, de hace cincuenta y ocho años, la expedición madridista, con su entrenador, Pedro Ferrándiz a la cabeza llegaba al aeropuerto de la capital lombarda. Antes de la cena, reunía al equipo para su habitual charla técnica. Allí les comentaba una jugada, de la que había tenido noticias recientemente, en un encuentro de baloncesto femenino disputado apenas un mes antes, el 14 de diciembre, en el que el SKA Leningrado se imponía al Akademika de Varsovia con una jugada de estrategia de la jugadora rusa Nina Poznanskaya.

Analizada la jugada en cuestión acuerdan cómo poder ejecutarla en caso de llegarse al final del encuentro en situación de máxima igualdad, ideando para ello una frase en clave.

Tal y como tenía previsto el equipo italiano, el jueves 18, el día del partido la pequeña cancha de baloncesto de Varese hervía de entusiasmo. Pero el equipo blanco no se vería excesivamente afectado, en un principio, por aquel ambiente de locura frenética.

Por parte del Ignis destaca su jugador húngaro Lajos Töth, acompañado por los dos metros del italiano Giovanni Gavagnin, compensados por parte del Real Madrid, por el 1,86 de Lolo Sainz y el jugador norteamericano de 2,03 Wayne Hightower, al que nada más comenzar el partido, transcurridos dos minutos apenas, recibía una fuerte tarascada que lo dejaba fuera del partido momentáneamente. Aún así durante la primera parte, el Madrid estuvo relativamente cómodo en el partido a pesar de la presión que aquel público ejercía en la cancha, llegándose al descanso, con un marcador de 36 a 44, favorable al equipo español.

Durante la segunda mitad el marcador se apretaría bastante, siendo precisamente el jugador húngaro del Ignis el que ponía a falta de dos segundos el empate a 80 puntos, momento en el que Ferrándiz pedía un tiempo muerto.

En la competición europea de por aquel entonces los puntos obtenidos por cada equipo en el partido de ida se sumaban a los obtenidos en el de vuelta, por lo que aquella prórroga se convertía en un asunto crucial tal y como se habían desarrollado los acontecimientos, en clara desventaja para el Madrid que a falta de esos dos segundos restantes tenía definitivamente lesionado a Hightower (que hasta ese momento con 27 anotaciones era el máximo anotador) y tenía excluidos del partido, por cinco faltas personales, a Carlos Sevillano y Stan Morrison, momento en el que Ferrándiz antes de que Lluis Cortés pusiera el balón en juego sacaba a Lorenzo Alocén gritándole la frase acordada; -“Lorenzo, ya sabes la jugada que tienes que hacer”-.

El Ignis pensaba que Cortés pasaría el balón a su alero Emiliano Rodríguez para una rápida penetración y tiro a canasta, pero lejos de eso se la pasó a Alocén que en lugar de dirigirse hacia el aro italiano se fue directo hacia el suyo propio encestando y dándole de esta forma imprevista la victoria al equipo italiano, por 82 a 80 ante el jolgorio de un pabellón que aplaudía, gritaba, reía y se mofaba de aquel aparente “garrafal fallo”, en el que incluso comenzaron a vitorear al jugador del Madrid.

Y aunque este trató de disimular su alegría y hacerlo pasar por un fallo clamoroso lo cierto es que el jugador de los de Varese, el húngaro Töth, percatándose de aquella falsa canasta empezó a recriminársela, momento en el que el público dándose cuenta de aquella treta varió su inicial júbilo y algarabía por una actitud hostil hacía el equipo blanco comenzándoles a arrojar todo tipo de objetos.

En el partido de vuelta, jugado entonces en el Frontón de Vista Alegre de la calle Alfonso XI, el Madrid vencía sin dificultad al Ignis por casi veinte puntos de diferencia 82 a 63, llegando a la final, tras eliminar en la siguiente ronda al Legia de Varsovia, que la perdía contra el Dinamo de Tblisi por 90 a 83 en un único partido celebrado en Ginebra.

La canasta de Alocén llegaría hasta la propia Federación Internacional de Baloncesto (FIBA) que decidía realizar una modificación de su reglamento castigando desde entonces las autocanastas voluntarias con la exclusión de la competición del equipo infractor y una multa económica de mil dólares.

Y así, los unos pensando que eligiendo una cancha más pequeña la suerte les sonreiría y los otros, haciendo aquella picaresca final, perdiendo para al final ganar, podríamos concluir, haciendo uso del sabio refranero español, que;

-“Pues visto lo visto, todo el mundo es muy listo”-

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