LA PROTESTA DE LAS MUJERES DE SIRTKÖY

7fb2020

7 de febrero………………………………y entonces sucedió que………………………

……………Adalet no lo tiene del todo claro, de pie argumenta que cuando su marido se le acerca, ella hierve de deseo y se siente incapaz de rechazarlo. Algunas, como ella, asienten. Melek no solo no puede negarse sino que dice ser ella la que busca a veces a Yusuf y Mehtap, como Dilara y Beyza, recién casadas, ven muy complicada aquella medida que se trata de adoptar, pues se sienten incapaces de apagar aquella llama que desde hace algunos meses permanece encendida.

Pero las mujeres de aquella pequeña población turca de Sirtköy, en el distrito de Manavgat, en la provincia de Antalya, a unos 450 km al sur de Ankara, la capital del país, están firmemente convencidas que aquella medida, que están a punto de adoptar, sea probablemente la única opción viable para hacerse escuchar de una vez por todas y acabar con aquellas caminatas que casi a diario han de realizar para poder traer agua potable a sus hogares, desde el nacimiento de los ríos de las laderas de los montes colindantes.

Son cerca de ocho kilómetros de largos recorridos por aquellos abruptos terrenos montañosos para conseguir suficiente agua para sus casas, con el consiguiente cansancio que ello conlleva y las dolencias musculares que se derivan del acarreo de los bidones, que una vez llenos, han de ser capaces de transportar, a veces, en unas condiciones climáticas adversas muy duras.

De esta forma, como en Lisistrata, la obra de Aristófanes del siglo V a.C. en la que las mujeres atenienses y espartanas se unían en una huelga de sexo para que los varones de ambas ciudades en guerra dejasen las armas y acordasen definitivamente la paz, aquellas mujeres del sur de Turquía, el 7 de febrero, de un día como hoy, de 2001, decidían en aquella votación, llevar a cabo una huelga de sexo, sin ceder a las pretensiones de sus parejas, ni sucumbir a las tentaciones, hasta poder traer definitivamente agua a las viviendas de su población.

Rodeada de montañas la principal actividad económica de esta pequeña localidad es la ganadería, así como el turismo que atrae las ruinas de la antigua ciudad romana de Etenna, ubicada a cuatrocientos metros de allí, y el atractivo del parque nacional de la cueva de Altınbeşik situada al este del pueblo. Pero la carestía, precisamente de agua, resta un enorme potencial turístico a Sirtköy.

En 1992, la obra hidráulica estatal de Turquía (DSI) recibía el encargo de desarrollar un proyecto de suministro de agua para uso doméstico del río de la zona, el Manavgat, que junto a los restantes de la costa mediterránea, de este a oeste, como el Ceyhan, Seyhan, Goksu, Koprucay, Aksu, Esencay y el aludido Manavgat, deberían abastecer de agua a las localidades de la zona sureña de la península de Anatolia.

Sin embargo, aquel proyecto dado por concluido en 1999, con una inversión de ciento cincuenta millones de dólares, que llegaría a proveer de agua a la mayor parte de las localidades de los lugares mencionados no surtía del líquido elemento a esta pequeña población en la que sus mujeres, hartas de tener que realizar aquellas caminatas para proveerse del agua necesaria cargadas con pesados baldes y ante el inmovilismo de las autoridades, decidían como medida de presión hacia los hombres de la localidad llevar a cabo aquella huelga de piernas cruzadas.

Aquel asunto pronto llegaría a oídos del gobernador de la provincia, Munir Karagoglu que daba traslado del mismo al gabinete personal del primer ministro, Bulen Ecevit al que solicitaba una entrevista personal para poder poner fin a esta cuestión que amenazaba, según afirmaban los afectados, la estabilidad de los matrimonios de esta aldea.

El gobernador recibía, de primera mano, la promesa dada por parte del primer ministro, trasladada a su vez por el mismo presidente de la nación, Necdet Sezer, a pesar de la aparentemente mala relación personal entre ambos, de la construcción definitiva de unos ocho kilómetros de tuberías para llevar agua potable desde el río Manavgat a la población de Sirtköy, poniendo fin de esta forma a la carestía de agua y reanudando con ello las relaciones personales de sus habitantes.

Al año siguiente, en 2002 el Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales de Naciones Unidas aprobaba su Observación general número 15 sobre el derecho al agua, definiéndolo como -“el derecho de todos a disponer de agua suficiente, salubre, aceptable, accesible y asequible para uso personal y doméstico”, señalándose que el suministro de agua, para cada persona, debe ser suficiente y ser realizado de manera continuada.

A día de hoy, la población de Sirtköy no tiene escuela primaria, ni cuenta con servicios de salud pública ni tan siquiera dispone servicio de alcantarillado, ¿pero saben que tiene?, tiene agua potable.

Y todo gracias a esta huelga de sexo llevada a cabo por sus mujeres. Y es que, ya lo decía el escritor estadounidense Henry Miller; -“el sexo es una de las nueve razones para la reencarnación…Las otras ocho, no son importantes”- Tal cual.

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