LA EXPLOSIÓN DE LEGANÉS

3042020

3 de abril……………………………y entonces sucedió que……………………..

…………… la casa estaba quedando genial. Siempre que tenían un hueco libre iban a verla juntos, y aquel 3 de abril, de un día como hoy, de hace dieciséis años Javier y su mujer Nuria, junto a las niñas, aprovechaban la libranza de Javi para hacerle una visita a las obras. A sus cuarenta y dos años, diecisiete de ellos en el Cuerpo y desde 2000 como subinspector adscrito al Grupo de Operaciones Especiales estaba convencido que de Guadalajara, ciudad que tan bien les había acogido y en la que tan a gusto se encontraban, ya no se mudarían.

No hay mucha gente por las calles, se nota que es Semana Santa, así que tras la visita al que será su nuevo hogar, deciden comer algo por ahí y después ir al cine. Camino del Centro Comercial Parque Corredor de Torrejón de Ardoz, sobre las cinco y media de la tarde suena el móvil, es su compañero y amigo Gaspar, -“Javi, me acaba de llamar el comisario,  algo gordo está pasando en Madrid, un tiroteo, quiere que nos reunamos en la base y los que seamos que vayamos para allí”-.

Es lo que tiene este trabajo, Nuria y las niñas ya lo saben, así que sin más tiempo que perder se acercan hasta la base GEO de la avenida del Mirador donde ya le esperan Gaspar, Andrés Calvo, Fermín Vicente, Juan Carlos Pescador, Mario Aragón, Urbano Ángel, Tomás Benedicto y Toni Picó. Al llegar sin tiempo para despedirse de su mujer y las niñas, le informan que el comisario ya ha llamado cuatro veces en diez minutos y sus último mensaje ha sido, -”Salid ya con lo que tengáis para Madrid”-.

Durante el trayecto un comisario de información les amplía los detalles del tiroteo que tiene lugar en un inmueble de Leganés, con dos vías de acceso, una primera por el número 13 de la calle Irene Fernández y la otra por el 40 de Martín Gaite, donde al parecer un grupo de islamistas (probablemente el comando autor de los atentados del 11M) desde las cinco de la tarde llevan intercambiando disparos con los compañeros que rodean el edificio.

Les advierten que es posible que uno de los terroristas haya logrado romper el cerco y darse a la fuga, posteriormente identificado como Abdelmajid Bouchar y que acabaría siendo detenido, tres meses más tarde en Serbia, considerado autor material de los atentados de marzo.

 Son guiados por el helicóptero que los lleva hasta la puerta de aquel edificio de cuatro plantas. Un compañero policía, que vive pared con pared en el inmueble contiguo al de los terroristas, les da acceso a su vivienda. Desde allí pueden escuchar perfectamente los gritos y cánticos, de aquel grupo de hombres alterados, compuesto por unos seis o quizás siete hombres. No entienden lo que dicen, pero sí palpan su nerviosismo, algo que supone, en principio, un ligero contratiempo para cualquier tipo de negociación.

A lugar se desplaza el propio comisario jefe acompañado de cuatro geos más que ha podido reclutar, siendo en total quince. Sobre las ocho y media de la noche ante la imposibilidad de finalizar aquella situación, mediante  algún acuerdo, la “célula de crisis”, cuya cabeza visible es Pedro Díaz Pintado da la orden de intervenir.

Aquellos quince hombres sobre sus propias ropas de paisano, al no haber tenido tiempo siquiera de recoger los monos de trabajo, se van poniendo el chaleco táctico y el antibalas, los guantes, el casco, los protectores de codos y de rodillas, la pistola reglamentaria y el subfusil de asalto, y por si acaso la máscara antigás, preparándose para entrar a la vivienda A, del primer piso del número 40 de la calle Martín Gaite, accediendo para ello a través del garaje del edificio, solicitando previamente a las unidades de intervención que abandonen el mismo.

El compañero que porta el escudo de protección y que se sitúa en primer lugar del asalto tiene algunos problemas técnicos con su casco. Javier Torronteras sin pensárselo dos veces ocupa su lugar. No hay tiempo que perder, cada minuto cuenta, y sus catorce años en la unidad, los últimos cuatro de subinspector y jefe de subgrupo operativo, le confieren una amplia experiencia más que demostrada.

La idea es llegar hasta la misma puerta de entrada de la vivienda, colocar una carga explosiva y echarla abajo, para sin barrera de por medio, intentar negociar desde allí mismo una rendición colectiva. Nadie de los presentes baraja la posibilidad de que aquel comando quisiera acabar con sus propias vidas, de acuerdo a dos factores, el primero, que si hubieran querido morir ya lo hubieran hecho el mismo día de los atentados de Madrid, y el segundo, la actuación más que defensiva, mediante aquel tiroteo, durante toda la tarde, al verse acorralados.

Al derribar la puerta de entrada del piso, aquellos comienzan a disparar hacia el rellano, conminándoles a entrar. No se les ve, pero cada vez que intentan decirles algo la respuesta es la misma. Se oye a uno de ellos gritar, –“¡Entrad vosotros, cabrones, venid a por nosotros!”–. Intentan hablar con ellos, sin lograrlo, hasta en tres ocasiones.

El tiempo parece detenerse. El geo encargado de cronometrar la acción avisa, –“Compis, cuatro minutos” –, ¡cuatro minutos!, piensa más de uno, teniendo la sensación de llevar en aquel rellano casi veinte. Hay que actuar. Aquellos siguen gritando, frases en árabe y otras en un castellano más que entendible. Los terroristas proponen que uno de ellos va a salir, para negociar, pero cuando le ordenan hacerlo sin ropa para evitar que lleve algún tipo de explosivo adherido al cuerpo se niegan.

Aquella negativa les hace sospechar, que lo que realmente querían era enviarles a alguien con explosivos pegados al cuerpo, por lo que deciden continuar con el procedimiento establecido y utilizar el gas. Gaspar que lleva delante a Javier con el escudo le pregunta, –“¿Torron, que hacemos?” –, sabe que el que porta el escudo de protección no puede colocarse con una mano la máscara de gas. Javier aferrándose con fuerza al mismo le instiga a tirarlo, –“¡Lanza el gas!” –.

Con el estallido de los primeros botes y viéndose aquellos perdidos se escucha una tremenda explosión que los sacude violentamente. Javier y el resto del equipo salen despedidos violentamente como consecuencia de la onda expansiva. Aquel comando se acababa de inmolar detonando unos treinta kilos de Goma 2 ECO. Pasaban tres minutos de las nueve de la noche. 

El balance final será el de once geos heridos de diversa consideración, uno de ellos, Francisco Javier Torronteras Gadea, fallecido en el acto, así como los miembros integrantes de aquel comando terrorista.

Sirva la presente reseña para agradecer a todos aquellos que con su trabajo y dedicación, de manera anónima velan por la salvaguarda de todos, haciéndolo extensivo ante la grave situación en la que nos hayamos inmersos a quienes se encuentran en primera línea de esta batalla contra el coronavirus, y muy especialmente a los cuerpos sanitarios y farmacéuticos, al gremio de alimentación (cultivo, distribución y venta), transportistas en general, todo los servicios esenciales y a los diferentes Cuerpos y Fuerzas de Seguridad (Autonómicos, Locales y del Estado) por el valor incalculable de su desinteresada ayuda para nuestra seguridad, salud y bienestar. Gracias de corazón.

– “El patriotismo es la cuna del sacrificio. Por esta sola razón no se dan las gracias cuando uno cumple con su deber.” –  [Louis Kossuth, ministro de finanzas húngaro].

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