EL ACCIDENTE DE CHERNÓBIL

Chernobil

24 de abril………………………y entonces sucedió que……………………………

………………los hombres fuertes del Partido, con la celebración del vigésimo séptimo Congreso, celebrado durante aquel mes de febrero, abogaban por desempolvar el viejo plan de seguridad, propuesto hacía casi tres años, ante las sospechas de un más que probable ataque estadounidense sobre suelo soviético. La red de espías al servicio del Politburó, en aquella situación de Guerra Fría, alertaba sobre la necesidad de proteger sus centrales nucleares frente a un posible cese temporal del suministro eléctrico.

Los ingenieros soviéticos sabían que con una interrupción eléctrica, los generadores de combustible diesel, como medida alternativa, necesitarían de al menos un minuto, tras su puesta en marcha, para alcanzar su máximo rendimiento. El plan de seguridad trataba de averiguar si la propia inercia mecánica de las turbinas de la central nuclear, durante ese lapso de tiempo de un minuto, podría ser suficiente para mantener en circulación el agua de refrigeración, y para ello debían simular una pérdida total de potencia.

De las veintiséis centrales existentes, se barajaron dos; La de Kursk, a unos 500 Kms de la capital Moscú, y la de Chernóbil, en la ciudad de Pripyat (actual Ucrania) a casi 900, decantándose por esta última para llevar a cabo aquella prueba. El subsecretario Marín, durante el mes de marzo, se reunía con el vicejefe del departamento de industria pesada del Comité Central del Partido Comunista, Frolishev, para poner en marcha, a la mayor brevedad posible, aquel antiguo plan de seguridad previsto, dándose aviso a su vez al arquitecto que había construido la Central Lenin de Chernóbil, Víktor Briujanov.

La central elegida, construida en los años setenta, contaba con cuatro reactores de diseño soviético, los RBMK-1000 de Condensación de Alta Potencia (Reáktor Bolshói Móschnosti Kanálny) refrigerados por agua y controlados por unos  cilindros de grafito, por los que fluía el combustible nuclear, responsables de acelerar o frenar el  proceso de la fisión nuclear, mediante su deslizamiento, subiéndolos, acelerando así el proceso, o bien bajándolos, frenándolo.

El 24 de abril de un día como hoy de 1986, Briujanov y el ingeniero jefe Nikolai Fomín, se reunían con el que iba a ser el supervisor del experimento, previsto para la mañana del día siguiente, Anatoli Diatlov, determinando realizar las aludidas pruebas sobre el reactor número 4.

El susodicho reactor compuesto por un cilindro octogonal de catorce metros de alto y unos siete de ancho, cubierto por una tapa de unas mil doscientas toneladas de peso, hecha de cerámica, presentaba ya por aquel entonces graves errores estructurales no detectados, pues además de las varias capas de blindaje a base de hormigón, arena y acero, a ambos lados del mismo y sobre su cubierta, el llamado “sarcófago”, debería haberse construído un compartimento de contención adicional para detener posibles escapes o fugas.

El viernes 25 de abril por la mañana Diatlov como supervisor del programa daba las instrucciones para dar comienzo a la prueba. El controlador de la red eléctrica en Kiev (capital de Ucrania) requería con carácter de urgencia más potencia desde Chernóbil, para hacer frente a la demanda de la central hidroeléctrica de Kiev Sur, y evitar así su desabastecimiento retrasando el inicio de esta hasta pasadas las once de la noche, en la que les comunicaba el cese de la necesidad de esa potencia extra. Un retraso de nueve horas que a la postre resultaría trágico, entre otros asuntos porque a esas horas estaba a punto de realizarse el cambio de turno. El equipo de la noche comandado por Aleksandr Akimov no estaba tan familiarizado con el procedimiento que iban a realizar, así como la manifiesta inexperiencia del responsable del control operacional del reactor del turno de noche, Leonid Toptunov.

Pasados quince minutos sobre la una de la madrugada del ya sábado 26 de abril los ingenieros hacían descender las barras de grafito dentro del núcleo del reactor con el objetivo de llevarlo hasta sus niveles más bajos de potencia, desconociendo que en aquellos momentos en la misma tapa del reactor se había comenzado a acumular una gran cantidad de gas xenón que impedía el flujo de combustible nuclear, haciendo que bajara aún más la potencia del reactor hasta llegar al 5% en lugar del 20% requerido para la prueba, quedando gravemente desestabilizado. Sin ser conscientes de lo que estaba sucediendo, en un intento desesperado por estabilizarlo, subieron las barras de grafito, desconectando los sistemas de seguridad automáticos, provocando con ello una reacción en cadena, que nadie, a partir de ese momento, sabría controlar.

A pesar de la opinión contraria de los presentes, Diatlov, decidía seguir adelante con la misma. A la 1:24 se producía una primera explosión que se llevaba por delante la vida del operario Valery Hodemchuk, cuyo cuerpo nunca sería encontrado. Apenas tres segundos más tarde se producía una segunda explosión que arrancaba, lanzando por los aires, aquella techumbre de casi mil doscientas toneladas de peso.

Cuando Perevozchenko llegaba a la sala de control informando que el reactor estaba destruido, Akimov en estado de shock, negando la mayor le acusaba de mentir. No podía concebir estar ante la posibilidad de un fallo y mucho menos de un accidente. No cabía un error en aquella planta nuclear separada a una distancia de apenas dos kilómetros de Pripyat. Un error que se llevaba por delante la vida de setenta personas de manera inmediata, la mayoría personal de servicio de la Central.

Una gran cantidad de sustancias radioactivas, quinientas veces superior a la bomba atómica lanzada sobre Hiroshima en agosto de 1945, quedaban libres en el medio ambiente, desplazándose por todo el hemisferio norte desde Ucrania, Bielorrusia y Rusia hasta llegar a Japón, causando la muerte de al menos cuatro mil personas y haciendo necesaria la evacuación de trescientas cincuenta mil más.

El primer grupo de catorce bomberos al mando del mayor Teliatnikov llegaba al lugar del accidente cuatro minutos más tarde, mientras que un grupo de otros cien eran enviados inmediatamente desde Pripyat, para luchar contra aquel fuego, sin saber a qué se estaban enfrentando y sin ningún tipo de protección especial.

El primer anuncio sobre lo sucedido en aquel reactor número 4 no sería hecho hasta treinta y seis horas después de la catástrofe, sin informar sobre una posible amenaza radioactiva a la población, según información recogida posteriormente, en el seno de una investigación, para evitar una situación de pánico. La evacuación de los cerca de cincuenta mil habitantes de Pripyat se decretaba a las 14 horas del día 27, aconsejándoles llevar lo imprescindible porque estaba previsto regresar a sus casas tres días después.

No volverían jamás.

-“El mundo cede y se desploma como metal al fuego. Entre mis ruinas me levanto, solo, desnudo, despojado, como un solitario combatiente contra invisibles huestes”-. [Octavio Paz, ”Libertad bajo palabra”.]

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