Y ASÍ FUE COMO SURGIÓ LA IDEA DEL RETROVISOR

150505

15 de mayo………………………..y entonces sucedió que………………………….

………………..está nerviosa, es la primera vez que acude a una entrevista de trabajo y por mucho que su padre, que la acompaña, trata de tranquilizarla, ella no puede calmarse. A Dorothy Levitt, aún no pudiendo conducir por ser mujer, en aquella Inglaterra Victoriana, le encantan los coches, la velocidad y todo lo que ello conlleva, por lo que para ella poder entrar a trabajar en la compañía automovilística David Napier & Son Limited a sus dieciocho años, en el puesto de secretaria de taller, es sin duda, la oportunidad de su vida.

A su director, Selwyn Edge, avezado hombre de negocios y experto piloto de carreras le encanta el carisma de la chica a la que no duda en contratar y dar una oportunidad. Y no se equivocará, pues aquella joven apenas seis meses más tarde, acabaría conociendo los diferentes elementos que componen el motor de cada uno de aquellos automóviles puestos a la venta.

Demuestra además ser una apasionada del mundo del motor que sigue con interés las diferentes pruebas de velocidad en las que en representación de la compañía Napier el señor Edge participa, con notable éxito. Unos éxitos deportivos acompañados de la consiguiente publicidad que conllevan y por tanto de buena rentabilidad comercial.

En una de aquellas carreras celebradas en 1902, de París a Berlín, el señor Edge tras ver a la francesa Camille Du Gast participar en la misma con su Panhard, en un intento por publicitar y dar a conocer todavía más su marca comercial de vehículos, proponía a su joven y resuelta secretaria iniciarse en el mundo del automovilismo deportivo, oferta que Dorothy Levitt aceptaría emocionada, contando para ello con la colaboración de Leslie Callingham, un vendedor de la compañía, que sería el encargado de darle sus primeras clases de conducir, en horario laboral, quedando gratamente impresionado ante la pericia y la destreza que la joven, en tan poco tiempo, comenzaría a demostrar.

Aquella joven parecía haber nacido con un don especial para conducir, de forma que apenas unos meses más tarde ya se atrevía a realizar trayectos largos sin ayuda, ni compañía alguna. Fue tal su evolución que llegaría a despertar cierta animosidad en su joven profesor, que antes del inicio de aquel curso había llegado a comentar, entre sus allegados, estar más que convencido que enseñar a conducir a aquella mujer, podría suponer una verdadera pérdida de tiempo. Cuando años más tarde, siendo también piloto de carreras, le preguntaban sobre aquellos días, no siendo capaz de poder realizar crítica alguna sobre aspectos técnicos de su pilotaje, incidía en cuestiones banales como por ejemplo las vestimentas que llevaba, la utilización de llamativos sombreros o ir, a su juicio, perfumada en exceso.

Pero es que a Dorothy le gustaba aquello de la velocidad y el asumir ciertos riesgos, sintiéndose, cada vez que montaba en coche, un ser libre sin tener que renunciar o tener que sentirse menos mujer por ello, por muy mal visto que se tuviera este hecho, como si las mujeres que condujeran fueran a escapar Dios sabe dónde.

En abril de 1903 participaba por primera vez en una competición en la que simplemente acabando la carrera, como así hizo, ya suponía todo un éxito, al ser la primera mujer inglesa en intervenir en uno de estos eventos. En su diario, aquel día escribiría, -“no gané, pero seguro que a la próxima lo haré mejor”-.

Al mes siguiente, el viernes 15 de mayo de un día como hoy, realizaba la carrera de Glasgow a Londres, con un Gladiator, consiguiendo llegar al final de aquella prueba, de más de seiscientos kilómetros de recorrido, con un excelente resultado, al perder sólo seis de los mil puntos posibles, esto es, logrando una puntuación final de 994 puntos. Dos meses más tarde, en julio, vencía la carrera de velocidad de Southport, ante la sorpresa de todos los allí presentes que veían como aquella bella damisela, se imponía en su categoría con verdadera contundencia.

Una victoria que le abriría numerosas puertas para acabar convirtiéndola en una mujer mundialmente conocida, consiguiendo, entre otros asuntos, ser contratada para una campaña de publicidad de la prestigiosa casa francesa de fabricación de automóviles “De Dion Bouton”, o escribir para el periódico ilustrado The Graphic una columna semanal en su sección del motor, hasta 1908.

En 1905 establecía varios récords, de distancia y de velocidad, siendo desde entonces conocida por la prensa británica como la “chica más rápida del mundo”. Fue tanto su éxito que incluso acabaría dando clases particulares de conducir a miembros destacados de la realeza, como la reina Alexandra de Dinamarca, esposa consorte del rey Eduardo VII, y a las princesas Maud, Luisa y Victoria.

Con todo lo aprendido, escribiría un libro, publicado en 1909 bajo el título -“La mujer y el automóvil: Un pequeño manual explicativo para aquellas mujeres que conducen o quieren hacerlo”-, en el que ofrecía una serie de consejos para ayudar a perder ese posible miedo inicial que pudiera causar la conducción de un automóvil en las mujeres, dando detalles de seguridad, como el de llevar un pequeño revólver para situaciones de conducción en solitario, o por caminos deshabitados, o la de conducir muy despacio por las ciudades y los pueblos y muy especialmente en aquellos lugares próximos a las escuelas.

El manual venía acompañado de una serie de instantáneas realizadas por el fotógrafo profesional Horace Nicholls, que ilustraban distintos elementos del automóvil, como el freno de mano, la ubicación de las bujías, el cambio de marcha y su funcionamiento, etc…

En dicha descripción hacía especial mención de un elemento que años más tarde acabaría convirtiéndose en un elemento imprescindible en la industria automovilística, el “espejo retrovisor”. De esta forma, aconsejaba llevar un espejo de tocador lo suficiente grande para aprovechar su utilidad, siendo preferible aquellos que tuvieran empuñadura o asa de sujeción, teniéndolo en todo momento disponible, y no solo para uso personal, sino para mirar a través de él  y controlar así el tráfico que hubiera por la parte posterior del vehículo.

Dorothy Levitt fallecía el 17 de mayo de 1922 en el nº 50 de la calle Upper Baker, de Marylebone, en Londres, cuando tenía tan solo cuarenta años de edad.

En cierta ocasión un periodista le preguntaba, ¿Al ir tan rápido, no piensa en el peligro?. -“Nunca pienso en el peligro. Eso no es para mí, aunque reconozco que es algo omnipresente. Pero sabe, soy buena apostando, y siempre estoy dispuesta a asumir riesgos”-. [Dorothy Levitt, noviembre de 1906]

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