SAFFIE, EL ÁNGEL DEL MÁNCHESTER ARENA

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22 de mayo……………………..y entonces sucedió que…………………………………

………….lo llevan preparando desde hace mucho tiempo, cuando Ashlee a través de su cuenta leía un tweet de la cantante Ariana Grande, el 20 de octubre pasado, en el que anunciaba las fechas y las localidades de los conciertos que iba a realizar por Europa, correspondientes todos ellos a la gira para promover su tercer álbum, Dangerous Woman Tour, para dentro de siete meses. De las dieciocho actuaciones previstas, dos iban a ser en Inglaterra, la primera en el Genting Arena de Birmingham, a unos ciento sesenta kilómetros de Leyland, localidad en la que viven, en la comarca de Lancashire, para el jueves 18 de mayo, y la segunda, cuatro días más tarde, el lunes 22, en el Manchester Arena, a cincuenta escasos kilómetros de su casa.

A Ashlee, nada más leer aquello, el corazón le da un vuelco y piensa en su hermana pequeña, Saffie, de ocho años de edad, un regalo de su madre Lisa, en segundas nupcias, y que se ha declarado en innumerables ocasiones la mayor fan de la cantante estadounidense. A Lisa la idea le parece fantástica, a pesar de tratarse de un día entre semana, lunes, o en el peor de los casos de un jueves con un viaje de cuatro horas en coche, entre la ida y la vuelta, pero por ver feliz a la pequeña de la casa, con esa manera de ser y su eterna sonrisa cualquier esfuerzo, sin duda, está de acuerdo que merecerá la pena.

Lisa habla con su marido, Andrew, con quien regenta la tienda “The Plaice, Fish and Chips” en el número 57 de Hough Lane, en el centro de Leyland, un lugar muy popular de comida rápida que ofrece tentempiés de marisco y patatas fritas, en el que sus clientes disfrutan en ocasiones de la presencia de la simpática y dicharachera niña cuando a veces se deja caer por allí.

Andrew acepta quedarse con Xander de once años, el hermano de Saffie, para que las tres chicas puedan así ir al concierto.

Cuando Ashlee Bromwich, llama a su madre para decirle que ha conseguido tres entradas para la gala de Ariana en Manchester, deciden no decirle nada, guardándolo en secreto, hasta poder dárselo como regalo el Día de Navidad, día en el que la niña visiblemente emocionada, recibiría, según sus propias palabras, -“el mejor regalo de Santa Claus de toda su vida”-.

El 22 de mayo, día del concierto, Saffie se siente inmensamente afortunada. Mientras su madre le ayuda a ponerse el uniforme del colegio de Primaria de Tarleton, en Preston, situado a quince minutos en coche desde Leyland, no puede parar de dar pequeños saltos de alegría. Canta, baila, sonríe, está muy contenta, se siente dichosa, está emocionada, es una niña feliz, muy feliz.

Sus mejores amigas Nina y Jessica tan alteradas como la misma Saffie les cuentan a todos los niños del Tarleton la suerte que tiene. Es sin duda alguna la protagonista del día. Hasta el director Chris Upton acabará sabiendo que Saffie Rose, su pequeña estudiante, esa noche irá al concierto de Ariana en Mánchester.

Entrada la noche se viste “de mayor” y acuden las tres juntas al Mánchester Arena, recinto que en sus accesos presenta el típico cartel anunciando que ya “No hay billetes”. Dieciocho mil asistentes, principalmente adolescentes acompañados de sus familiares, abarrotan las gradas del coqueto estadio cubierto, cuyo escenario coronado con una pantalla gigante hará las delicias de quienes adoran a la cantante originaria de Boca Ratón en el estado de Florida, en un espectáculo que combina, en una hora y cuarto de duración, sus canciones y baladas, junto a una serie de imágenes, juegos de luces y bellos sonidos.

Suena “Be Alright”, momento en el que sale Ariana al escenario junto a diez bailarines, ante el delirio de quienes no pueden reprimir tanta alegría. La niña salta, baila, ríe, canta, se sabe casi todas las letras de las veintitantas canciones que se van sucediendo una tras otra, invitando a bailar con ella también a su madre y a su hermana, porque así se lo habían prometido. La verdad es que tanto Ashlee como Lisa se pasan más tiempo mirando a la niña, que embelesada en el espectáculo, no se pierde ni un solo movimiento de su artista favorita.

Con la canción “Something” caen globos rosas del techo que van llenando las gradas anunciando de esta forma la llegada del final del espectáculo, que ha merecido la pena sobre todo por ver como se lo ha pasado la pequeña.

Cuando el escenario se apaga con la última canción, Ashlee, Lisa y la niña salen hacia el exterior sin perder mucho tiempo, pues ya pasan unos minutos de las diez y media de la noche y todavía tienen que hacer carretera para regresar a casa, y Saffie además tiene colegio por la mañana. Ashlee sale primero, le sigue su madre con la niña cogida de la mano.

De pronto, se escucha un fuerte ruido, como si una pesada tabla de madera maciza se hubiera desplomado sobre el suelo del vestíbulo del estadio, al que le sigue de inmediato un segundo impacto, una explosión, que deja aquel pasillo cubierto de una espesa humareda. Se escuchan gritos que proceden tanto de aquella zona exterior próxima a las taquillas como desde el interior del recinto, sin ser del todo conscientes de lo que está sucediendo. Lisa no puede moverse y aunque trata de buscar a sus dos hijas, paralizada, no es capaz de dar un solo paso. La metralla de una bomba de fabricación casera detonada en el vestíbulo de aquel lugar ha impactado en la parte posterior de su cuello, causándole la fractura de ambas rodillas y presentando graves daños en ambas muñecas, en el codo y en la mano derecha.

Trata en vano de gritar el nombre de su hija, en medio aquella multitud que  aterrorizada abandona aquel lugar. Lucha por mantener abiertos los ojos, pero gravemente herida, sucumbe y entra en coma, siendo trasladada al Hospital de Wythenshawe, donde permanecerá seis semanas en dicho estado comatoso. Ashlee será llevada a un hospital diferente en el que de igual modo acabará salvando la vida.

Paul Reid de 43 años, que ha venido al concierto desde Darlaston, será el último en ver a la niña con vida, a la que asiste entre sus brazos, antes de ser evacuada en ambulancia. Posteriormente en una entrevista destacaría la entereza de aquella niña que sin llorar no dejaba de preguntar por su madre.

Aquel 22 de mayo, de un día como hoy de 2017, los principales noticiarios del país anunciaban un atentado terrorista con bomba en el que se daban los nombres de las primeras tres víctimas mortales identificadas, Georgina Callander de 18 años, Saffie Rose Roussos de 8 años y John Atkinson de 26.

El 22 de mayo de 2017, perdían la vida en aquel atentado terrorista veintidós personas y cincuenta y nueve más resultaban heridas de diversa consideración. Dos semanas más tarde, el 4 de junio, sobreponiéndose al miedo, Ariana Grande daba un concierto benéfico, “One Love Manchester” con el fin de recaudar fondos para los familiares de los heridos y fallecidos.

Sirva este pequeño recordatorio por cada una de las veintidós víctimas que perdieron la vida aquel 22 de mayo de un día como hoy de 2017; John Atkinson, Courtney Boyle, Kelly Brewster, Georgina Callander, Olivia Campbell, Liam Curry, Wendy Fawell, Martyn Hett, Alison Howe, Megan Hurley, Nell Jones, Michelle Kiss, Marcin y Angelika Klis, Sorrell Leczkowki, Lisa Lees, Elaine McIver, Eilidh Macleod, Saffie Rose Roussos, Chloe Rutherford, Jane Tweddle-Taylor y Philip Tron.

-“Los ángeles son amor en movimiento. El amor que todo devora, que todo destruye, que todo perdona. Los ángeles están hechos de ese amor y, al mismo tiempo, son sus mensajeros.”- [Paulo Coelho].

En el siguiente enlace Saffie Rose tal y como ella era; https://youtu.be/CD1Z4G6JnxM

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