DUELOS DE HONOR

DDH4

29 de mayo……………………..y entonces sucedió que…………………………….

………….aunque Charles Dickinson, abogado de profesión, se ganaba la vida como picapleitos, llevaba a sus espaldas veintiséis duelos, de los llamados de honor, en los que dejaba bien claro su carácter temperamental, pendenciero, camorrista y bravucón. Se le daba tan bien aquello de desenfundar un arma como el sacar la lengua a pasear con cierta celeridad, saliendo victorioso en cada uno de aquellos desafíos en los que se había visto involucrado hasta la fecha, dándole aquello cierto prestigio a la hora de ser retado, ante el temor que aquellas veintiséis muescas, en el cinturón del susodicho, infundían.

Llegado a Nashville, en el estado de Tennessee, desde su Maryland natal hacía tan solo dos años, acabaría contrayendo matrimonio con Jane, la segunda de los siete hijos habidos en el matrimonio del capitán Joseph Erwin y Lavinia Thompson, conocido lugareño hacendado, famoso por la cría de caballos.

Fue precisamente defendiendo cierto acontecer, en el que se había visto envuelto su suegro el capitán Erwin con otro terrateniente del lugar, Andrew Jackson, propietario de la plantación “The Hermitage” (la Ermita), al parecer por una deuda contraída como consecuencia de una apuesta realizada sobre una carrera de caballos, la que acabaría por implicar, en el asunto, al aludido picapleitos de gatillo fácil.

Ambos terratenientes, si bien estaban de acuerdo en la cantidad adeudada por parte del señor Erwin, que ascendía a ochocientos dólares, no lo estaban en modo alguno, en cuanto a la manera de realizar el pago de la misma, asunto en el que acabarían interviniendo los amigos de ambos litigantes en una especie de espiral sin final repleta de réplicas y contrarréplicas, llegando el señor Dickinson a afirmar públicamente que Andrew Jackson era además de un sinvergüenza, un inútil y un cobarde,  generando un tenso clima de declaraciones ofensivas entre ambas partes.

Desconocía sin duda el yerno del señor Erwin que Andrew Jackson en plena Guerra de Independencia había sido capturado, con tan solo trece años de edad, por los ingleses acusándolo de mensajero revolucionario, siendo antes de ser liberado, torturado, demostrando una valentía que sería elogiada por los soldados testigos de aquel suceso.

Fruto de la tensión originada, John Coffee socio y amigo íntimo de Andrew Jackson para defender el honor de este, molesto por unas palabras vertidas en un diario local por un amigo de Dickinson, el señor Nathaniel McNairy, desafiaba a este en un duelo de honor, en el que el señor Coffee acabaría sufriendo una herida superficial de bala en el muslo de su pierna derecha, sin mayor trascendencia.

Aquella escaramuza lejos de aliviar tensiones entre las partes intensificaría aún más las malas relaciones, convirtiendo el abogado terrateniente, con el transcurso del tiempo, aquel asunto de su suegro, en un tema personal en el que en cada ocasión que podía atacaba la honorabilidad del señor Jackson, que lejos de entrar en aquellas provocaciones, conocedor de la fama que precedía al mencionado sujeto, trataba de mantenerse esquivo a las mismas.

En mayo el asunto pasó a mayores, cuando el señor Dickinson escribía en la revista literaría Nashville Review, unas muy duras palabras que arremetían contra la honradez de la mujer del señor Jackson, Rachel, al afirmar que era, según le habían dicho, una mujer bígama. Palabras ofensivas que en modo alguno iban a ser toleradas por el señor Jackson por más que le aconsejaran, que viniendo dichas blasfemias de donde procedían, tratara de hacer oídos sordos, evitando así males mayores.

Lejos de amilanarse, el agraviado remitía carta al provocador, solicitando en la misma, “satisfacción por los insultos vertidos”, quedando citados en duelo para el día 30 de mayo en el primer poblado lindante fuera de la frontera de Tennessee, al estar en este estado prohibidos, siendo el encuentro fijado a través de sus segundos en la localidad de Adairville en el fronterizo estado de Kentucky.

El 29 de mayo de un día como hoy, de 1806, ambos partían hacía la aludida población con distintos ánimos, pues si bien Dickinson, confiado en su buen hacer en el manejo de las armas, alardeaba a lo largo del trayecto, allí por donde pasaba, de darle una buena lección a su retador, este, inquieto, menos ducho en aquellos menesteres acompañado de su amigo Thomas Overton, diseñaba la estrategia a seguir llegado el momento.

Jackson y su buen amigo acordaron como única opción viable para poder salir airosos de aquel trance, intentar poner nervioso al confiado picapleitos, dejándole disparar en primer lugar, algo que sin lugar a dudas y de por sí, proporcionaba un claro riesgo que habría que asumir. Para ello resolvieron una vez realizado el sorteo y antes de gritar la palabra que diera inicio a los disparos, preguntarle al señor Dickinson algo para dejarle fuera de juego momentáneamente realizando acto seguido un movimiento rápido que le hiciera sospechar que sin dilación alguna se iba a proceder a abrir fuego.

El viernes 30 de mayo de madrugada, encontrándose ambos contendientes en el lugar indicado, presentes los testigos requeridos para dar testimonio de lo allí acontecido, y nada más ser voceada la palabra –“¡fuego”! – que daba inicio a la refriega, Jackson interpelaba cortésmente a su contrincante, –“¿Caballero, está usted listo?” – sin esperar aquel dicha pregunta, alzando acto seguido y con celeridad el brazo, consiguiendo, como habían previsto, acelerar el movimiento de aquel que sin embargo lograba un certero disparo que alcanzaba de pleno en el pecho del señor Jackson, que ante la sorpresa de los concurrentes, lejos de desplomarse, lograba de igual forma disparar su arma hiriendo de gravedad al señor Dickinson, que poco después fallecía desangrado allí mismo.

La bala del señor Dickinson milagrosamente acabaría siendo desviada unos centímetros por uno de los botones de bronce que el señor Jackson portaba en su vestimenta, aunque parte de aquella bala, tras romper varias de sus costillas, quedaría alojada cerca de su corazón, y que dada su proximidad no pudieron extraerle jamás con las consiguientes molestias que a lo largo de su vida aquello supondría.

Andrew Jackson salía airoso de aquel lance, siendo veintitrés años más tarde elegido séptimo presidente de los Estados Unidos.

Siendo presidente, otro viernes 30, esta vez de enero de 1835 sufriría un intento de asesinato, por parte de Richard Lawrence, un pintor de casas de origen inglés que abría fuego sobre él a la salida del Capitolio, defendiéndose con un bastón y logrando salir indemne de aquel atentado, el primero que recibía un presidente de los Estados Unidos.

Andrew Jackson fallecería el 8 de junio de 1845 en Hermitage, Nashville, Tennessee, a la edad de setenta y ocho años.

Los duelos por cuestiones de honor se han desarrollado a lo largo de la toda la historia.

–“Assi entre la nobleza y cavallería como entre la gente más común, apenas hallaréis hombre que no esté dispuesto a vengar qualquiera injuria o afrenta, o pedir entera disculpa, según essas mismas leyes del duelo”–. [Vascones, Destierro de ignorancia].

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