EL ACCIDENTE DE LA LÍNEA 1

3072020

3 de julio…………………………y entonces sucedió que………………………………

…………le han avisado para que el lunes, que le tocaba librar, cubra el puesto de un compañero en la Línea 1 de Metrovalencia, en la que lleva trabajando de maquinista desde hace tres meses, desde el pasado 20 de abril. Las cosas, a sus casi cuarenta y un años, no pueden irle mejor, al menos eso es lo que piensa, después de pasar cerca de diez años intentando labrarse un futuro en lo suyo, como ingeniero informático, sin lograr esa estabilidad laboral que FGV (Ferrocarrils de la Generalitat Valenciana), al parecer y tras aprobar unas oposiciones para agente de estación, sí que le ha proporcionado.

Aún recuerda aquella noche que hablando con su hermana Amparo, unos años más pequeña que él y su cuñado Germán, ambos interventores de la compañía ferroviaria, le animaban a presentarse a las diferentes plazas ofertadas en el Metro de Valencia en las oposiciones de 2000 y lo mucho que se alegraba de haberles hecho caso, aún teniendo que renunciar al mundo de la informática a la que se había dedicado durante tantos años hasta aquel momento.

Tras cinco años vendiendo tickets en ventanilla, atender a los viajeros y en algunos momentos puntuales dirigir el tráfico desde el puente de mando, se presentaba a las oposiciones para ser maquinista, superando las diferentes pruebas teóricas, físicas y psicológicas correspondientes, y realizando las ochenta y cuatro horas de conducción requeridas, acompañado por un maquinista veterano, recibía el visto bueno del técnico de operaciones que lo supervisaba y que le acreditaba como maquinista.

El lunes faltando dos minutos para las cinco menos cuarto de la mañana llegaba Ximo al centro operativo de València Sud, el edificio donde se encuentran emplazadas las Oficinas Centrales, para iniciar su jornada, en la ya mencionada Línea 1. De camino escucha en la radio la tragedia sucedida, aquel mismo 3 de julio, hacía ya nueve años, en los astilleros de Valencia, al incendiarse un buque en construcción, el Proof Spirit, en la que perdieron la vida dieciocho trabajadores, y también de la visita que cinco días más tarde tenía previsto realizar el Papa Benedicto XVI a la ciudad de Valencia.

La Línea 1 que une las localidades de Bétera hasta Villanueva de Castellón construida en 1988 es la más antigua de toda la red, con cerca de noventa kilómetros de longitud, que conecta entre sí veinte municipios y que lleva a unos diecinueve millones de pasajeros de media al año. No es un destino apetecible entre los maquinistas de la citada entidad ferroviaria, debido a que sus trenes la mayoría son muy obsoletos, hay que aprender a conducir hasta tres máquinas diferentes y su trayecto presenta serias dificultades de seguridad al estar compuesto de tres curvas entrelazadas que hasta la fecha ya han ocasionado tres descarrilamientos, pero a Ximo, que vive en Alfafar, a cinco minutos de su casa, le viene genial y la simple idea de conducir una de esas máquinas, sea en la Línea que sea, le hace mucha ilusión.

Tras la protocolaria revisión de la UTA (Unidad de Tren Articulado) modelo 3736 y de la segunda ligada a esta, con capacidad entre las dos para unos cuatrocientos ochenta pasajeros el convoy echaba a rodar faltando dos minutos para las cinco de la mañana, de aquel día 3 de julio, de un día como hoy de hace catorce años.

Sobre la una menos cinco de la tarde, el convoy se encuentra circulando entre las estaciones de Ángel Guimerá y la de Plaza de España. A Ximo le queda media hora para acabar su jornada. A esas horas ya lleva recorridos cerca de 500 km, ha hecho hasta cinco veces el trayecto completo, de ida y vuelta, de la Línea 1, ha cambiado de máquina en varias ocasiones, y ha realizado los pertinentes y obligados descansos que quedarán recogidos en su informe de ruta, sin presentar, hasta esos momentos, anomalía alguna. Es entonces cuando la interventora, Silvia Hidalgo procede a comprobar los billetes de los pasajeros, tras lo cual se dirige a la cabina del conductor.

Uno de aquellos viajeros, Jesús García, que debería haber bajado en Ángel Guimerá para desde allí dirigirse a Antonio Machado, se ha despistado de parada. Se aproxima a la cabina preguntando a Silvia, la interventora, si puede bajar en Plaza de España y retroceder con el mismo billete hasta la mencionada estación para realizar el trasbordo previsto con la Línea 3. A Jesús le contesta el mismo Ximo, -“No hay problema, bájese en la próxima parada, podrá retroceder con el mismo billete mientras no abandone la estación”-.

Jesús, sin ser todavía consciente, acaba de salvar la vida. Posteriormente dirá a los investigadores no notar nada extraño en la voz del conductor, que sonaba tranquila y serena.

Pasando un minuto de la una de la tarde la cabeza del convoy abandona la terminal de la Plaza de España. La megafonía avisa de la siguiente estación, -“próxima parada, Jesús, correspondencia con las Líneas 2 y 7”-, alcanzando una velocidad de ochenta kilómetros por hora, siendo el máximo permitido en aquella curva, en forma de “L”, de cuarenta kilómetros, descarrilando el convoy en el cruce de las calles Roís de Corella con San Vicente, a las 13:02 del lunes 3 de julio de 2006, en el que fallecían, cuarenta y tres personas, entre ellas el conductor Joaquín Pardo Tejedor, Ximo, la interventora Silvia Hidalgo López, y resultando heridas, de diversa consideración, cuarenta y siete más.

Al fallecer el conductor en el accidente, el proceso judicial abierto se llegaría a archivar hasta en tres ocasiones, alegando como causa del accidente el exceso de velocidad, siendo considerado único responsable el conductor del mismo.

Finalmente, catorce años más tarde, el Juzgado de lo Penal número 6 de Valencia, en enero de este año de 2020, condenaba a 22 de meses de prisión a cuatro ex directivos de FGV, al considerarlos conocedores de las graves deficiencias habidas en el mencionado tramo que la Línea presentaba, omitiendo en todo momento implementar aquellas medidas tendentes a evitar que el convoy pudiera alcanzar aquella velocidad de 80 km/hr.

Catorce años de espera.

-“Cuando hayas de sentenciar procura olvidar a los litigantes y acordarte solo de la causa”- [Epicteto de Frigia]

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