LA MARCA DE TIZA DE STEINMETZ

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17 de julio……………………y entonces sucedió que………………………..

………….en 1906 Henry Ford era nombrado presidente de la Ford Motor Company, de la que era además su socio fundador. Sus primeras palabras, por aquel entonces, parecían encontrarse bastante alejadas de la realidad, declarando que su deseo era “fabricar un coche accesible para todo el mundo”, siendo considerado el automóvil, en aquellos días, un artículo de lujo asequible a un reducido y exclusivo sector de la sociedad. Aunque el tiempo acabaría dándole la razón a este visionario de los negocios de la automoción.

Hacía un año que se habían trasladado desde sus instalaciones de Highland Park en Michigan a la nueva factoría de Piquette Avenue, en Detroit, lo cual supondría, con su novedosa cadena de montaje, un sustancial cambio que impulsaría considerablemente la producción de su coche más emblemático, el Modelo T.

El Modelo T, era un automóvil resistente, sobrio, sencillo, barato y muy fácil de reparar, que adjuntaba un manual, para el propietario, escrito en forma de sencillas preguntas y sus consiguientes respuestas que resolvían hasta ciento cuarenta posibles problemas. La compañía argumentaba que aquel modelo de coche era “tan sencillo como un burro y tan útil como un par de zapatos”.

Tratando de ajustar al máximo la eficiencia de su fabricación, todos aquellos Modelo T eran de color negro, al ser este el tono que más rápido se secaba. El propio Henry Ford para descartar cualquier tipo de problemática sobre aquel asunto llegaría a afirmar que -“los clientes pueden tener un coche, de este modelo, del color que quieran, siempre que sea negro”-, zanjando de esa manera cualquier debate.

Los cuatro pisos de la fábrica de Highland Park, donde el ensamblaje de los vehículos se realizaba de arriba hacia abajo, fueron sustituidos en Piquette Avenue por aquella eficiente cadena de montaje que mantenía fijos a los trabajadores mientras desplazaba a los vehículos en su fabricación. En 1913 el tiempo final empleado para el acabado de un automóvil se había reducido casi en once horas, pasando de los 728 minutos de entonces a los 93 que se tardaba en la nueva fábrica.

Aquella significativa reducción del tiempo en la fabricación de cada uno de aquellos coches acabaría siendo acompañada de otras dos medidas. Una, la reducción de la jornada laboral, de nueve a ocho horas efectivas, para todos los trabajadores de la fábrica, por aquel entonces unos trece mil. Otra, el aumento del salario de hasta cinco dólares por esas ocho horas trabajadas, lo cual duplicaba los sueldos del sector, hasta la fecha, de dos dólares con treinta y ocho centavos, permitiendo a un obrero de Ford Motor Company, con la nómina de cuatro meses, poder ya adquirir el Modelo T, logrando de este modo incentivar a su vez la demanda de automóviles entre clientes potenciales de su propia compañía.

Tres años más tarde, en 1917, Henry Ford haciendo gala de su constante deseo de perfeccionamiento y poniendo en práctica una de sus máximas; “todo puede hacerse mejor de lo que se ha venido haciendo hasta ahora”, iniciaba las obras del Complejo Ford en River Rouge, la mayor fábrica integrada del mundo, con sus propios muelles, planta de energía eléctrica, líneas de ferrocarril y noventa y tres edificios que configuraban aquellas instalaciones.

Uno de los generadores de aquel complejo industrial, finalizada la primera fase de su construcción, en 1920, seguía dando más problemas de los inicialmente previstos, no siendo capaces, ninguno de los ingenieros de Ford, de poder dar solución al mismo.

 El consejo de dirección, encabezado por Henry Ford, su hijo Edsel como presidente, el ex director general James Couzens, junto a Clarence Avery, Walter Flanders, Ed Martin y Charles Sorensen llegaría a tratar aquel asunto en una reunión, convocada al efecto, buscando solucionar los problemas técnicos que estaba ocasionando aquel generador, acordándose requerir la presencia del doctor Charles Steinmetz, el ingeniero electrónico que había revolucionado la teoría y el análisis de los circuitos de corriente alterna, el mismo al que llamaban “el mago de la General Electric”, para poner fin a aquel asunto.

El 17 de julio, de un día como hoy, de hace cien años, llegaba Steinmetz a la planta Ford del complejo de River Rouge. Sin tiempo que perder, pedía ser llevado ante el generador en cuestión, solicitando le trajeran unas cuantas libretas, lápices y algún camastro o elemento similar donde poder realizar descansos sin necesidad de tener que abandonar aquel lugar, poniéndose rápidamente a trabajar.

Junto a aquel generador pasaría los próximos dos días, observando el movimiento del rotor, examinando los rodamientos, analizando el estátor (que es la parte fija del generador) y su núcleo, estudiando los devanados de los conductores y realizando infinitos cálculos y mediciones sobre las conducciones filiformes, sus voltajes, la potencia disipada, su tiempo de decaimiento, el coeficiente de autoinducción, reclamando, tras aquellos dos intensos días, le fuera facilitada una escalera y un trozo de tiza.

Subido en aquella escalera, sobre la pared al lado del generador hacía una señal con la tiza, una “X”, indicando suprimieran, desde ese punto exacto, dieciséis vueltas del hilo de cobre enrollado en la bobina, una pequeña corrección que una vez realizada, resolvería el fallo en dicho generador.

Steinmetz  extendió la correspondiente factura sobre aquel trabajo realizado, que ascendía a la nada desdeñable cantidad de diez mil dólares (10.000 $) algo que el jefe de contabilidad antes de hacer efectivo, enviaba a Henry Ford para su correspondiente autorización. Al ver semejante cifra, le pedía al doctor que le hiciera llegar una factura detallada sobre el trabajo realizado, justificando la cantidad solicitada (que a día de hoy estaríamos hablando de cerca de ciento treinta mil dólares).

Steinmetz en un papel escribía los detalles de su trabajo;

-Marca en la pared con tiza señalando el lugar exacto donde realizar la operación  = 1’00 $

-Saber dónde hacer la marca = 9.999’00 $

-Total cantidad a percibir       =10.000’00 $

Tras leer el detalle de aquella factura Henry Ford autorizó el pago de la misma, sin más.

-“El secreto de mi éxito está en pagar como si fuera pródigo y vender como si estuviera en quiebra”- [Henry Ford]… y para muestra sirva este botón…

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