EL MEJOR AMIGO DEL HOMBRE

25IX01

25 de septiembre…………………y entonces sucedió que…………………….

…………………….a sus cuarenta y cuatro años ya había tenido muchos, pero ninguno como aquel sabueso, al que por la peculiar tonalidad de su ladrido le había puesto de nombre “Old Drum” (viejo tambor) y que le acompañaba a todas partes como si de su leal sombra se tratara. No había nadie en toda la ciudad de Kingsville, en el condado de Johnson, del estado de Missouri, que no tuviera noticias sobre las aventuras de aquel simpático perro. Si lo veían corretear por algún camino, sabían que no andaría muy lejos el bueno de Charles Burden.

El jueves 28 de octubre de 1869, el sonido de dos detonaciones, de lo que parecen ser dos disparos, procedentes desde la casa del Leónidas Hornsby, cuñado y vecino de Charles, rompen el silencio de la noche. Lleva Leónidas lamentándose, desde hace ya algún tiempo, sobre el ataque indiscriminado, que vienen sufriendo los animales de su rebaño, principalmente de lobos y zorros por la noche, asegurando haber perdido, hasta la fecha, cien ovejas, por lo que al bueno de su cuñado no le extrañaría que aquellos dos tiros, en mitad de la noche, procedieran de la finca de los Hornsby.

A la mañana siguiente Old Drum no aparece, como de costumbre, a la hora del desayuno, algo que inquieta al señor Burden que comienza a llamarlo, sin obtener respuesta alguna. Alarmado acude hacia la casa de su vecino más cercano, el señor Hurley, que asegura no haberlo visto aquella mañana, y que de igual forma le confirma haber escuchado dos disparos procedentes desde la granja de Leónidas durante la noche. Desde allí, acude a casa de su cuñado, que afirma no haberlo visto tampoco, y ante las preguntas sobre lo sucedido la noche anterior, dice haberse defendido del ataque de un lobo que tras saltar la cerca salió huyendo probablemente herido en una pata.

Al medio día, los temores del señor Burden se ven confirmados con el descubrimiento por parte de un vecino del cuerpo de su perro muerto de un disparo en la cabeza cerca de la vivienda de su cuñado, a orillas del río Big Creek.

Por la manera de aparecer el cuerpo sin vida del cánido parece que alguien se ha tomado la molestia de arrastrarlo hasta la orilla y sumergirle la cabeza en el agua, por lo que convencido de ser su cuñado, el autor de la muerte de su perro, con aquellos dos disparos realizados la noche anterior, acude ante George Monroe, juez de paz en el condado de Johnson, para interponer una demanda, solicitando una indemnización de 50$ (cincuenta dólares) la máxima permitida por ley para estos casos.

El revuelo en toda la comarca es monumental. Por un lado los defensores de la vida del pobre animal. Por el otro, los que defienden la postura del señor Hornsby, presentado en este asunto como un honrado trabajador, defensor de los animales de su granja. Una tensión que se trasladaría al interior de la sala de aquel tribunal que acabaría dando la razón en primera instancia al dueño de Old Drum, condenando en enero de 1870, al pago de 25 $, más las costas procesales, a quien efectuó los disparos acabando con la vida de aquel perro.

No conforme con el veredicto Leónidas Hornsby, apelaba ante el “tribunal de causas comunes” de Warrensburg, en el mismo condado de Johnson, que anularía lo dictaminado en el juicio anterior, al no poder determinarse una sólida relación directa entre los disparos y el fatal desenlace, decidiendo, con fecha de 1 de abril de 1870, absolver al apelante del pago establecido, exonerándole además de las costas procesales.

Burden, lejos de aceptar dicho veredicto, decidía contar con los servicios del prestigioso despacho de abogados de Sedalia, localidad ubicada a noventa kilómetros al este de Kingsville, formado por los letrados John Finis Philips y George Graham Vest (abogado reconocido por sus habilidades oratorias y que está a punto de protagonizar uno de los mejores alegatos judiciales de todos los tiempos y que dejaría una frase épica para la posteridad).

El 23 de septiembre de 1870 presidido por el juez Foster Wright, en el juzgado de la localidad de Warrensburg, ante una sala absolutamente abarrotada y ante lo mejor del mundo del derecho en representación de las partes de aquel peculiar proceso, daba comienzo un juicio en el que a cada certero argumento le seguía una brillante contestación, sembrando una duda razonable en los miembros del jurado.

Los abogados de la defensa de Leónidas Hornsby, Thomas Crittenden y Francis Cockrell, argumentaron que si bien era cierto que su representado durante la noche de autos había efectuado dos disparos a un animal que merodeaba los alrededores de su propiedad, nadie de aquella sala podría asegurar, a ciencia cierta, que aquel fuera el perro del señor Burden. Un argumento que creaba una duda razonable, muy difícil de rebatir, y que dejaba aquel juicio francamente favorable hacia los intereses del señor Hornsby.

En el alegato final del señor Burden, tomó la palabra George Vest, que sin entrar a valorar ninguno de los testimonios presentados pronunciaba un discurso que pasaría a la posteridad conocido como el “Tributo al Perro”, en el que entre otros aspectos argumentaba, que;

-“El mejor amigo que un hombre pueda tener, podrá volverse en su contra y convertirse en su enemigo. Incluso es posible que su propios hijos puedan demostrarle ingratitud. Podrá perder su dinero, en el momento que más lo necesite. Pero su perro será el único que nunca lo va a traicionar. Cuando llegue el último acto y la muerte haga su aparición y el cuerpo sea enterrado en la fría tierra, no importa que todos los amigos hayan partido. Allí, junto a la tumba, se quedará el noble animal con su cabeza entre sus patas, los ojos tristes pero abiertos y alertas, noble y sincero, más allá de la muerte. El único y mejor amigo”-.

Un profundo silencio llenó aquella sala tras el alegato del señor Vest.

El 25 de septiembre, de un día como hoy de hace ciento cincuenta años, se ratificaba la sentencia que condenaba al señor Hornsby al pago de 450 $ (cuatrocientos dólares más que los establecidos por ley). Aquel alegato se propagaría por las calles de aquel condado marcando un antes y un después en defensa de los animales, llegándose a erigir una estatua del aludido perro frente a la Corte de Warrensburg.

… y es que…

-“El perro es el mejor amigo del hombre en este mundo egoísta”- [George Graham Vest].

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