-EL OMNIBUS-

16OT

16 de octubre………..y entonces sucedió que…………………………………………..

…………………..el 16 de octubre, de un día como hoy, de 1661, el filósofo y matemático Blaise Pascal, junto a Artus Gouffier, duque de Roannez, Louis du Bouchet, marqués de Sourches y Pierre de Perrien, marqués de Crenan, presentaban una solicitud para ser autorizados y establecer un servicio de transporte en carruajes que realizasen de manera sistemática, y en horarios programados, trayectos por las principales arterias de la ciudad de París, la capital de Francia, reino de Luis XIV, que con sus quinientos mil habitantes era por aquel entonces la segunda ciudad más poblada del mundo detrás de Londres.

Los vehículos utilizados para dicho servicio, impulsados por cuatro caballos y con capacidad para ocho viajeros, serían atendidos por un conductor y un ayuda de cámara, que portarían un maillot de color azul con el distintivo del escudo del rey y de la ciudad parisina.

Este sistema de carruajes que acabaría siendo aprobado por consejo real, firmado por el rey, en enero de 1662, establecía cinco rutas principales que recorrerían la mayor parte de la ciudad, conectando entre sí, el Palacio de Luxemburgo, la Porte de Saint-Antoine, Saint-Denis, Montmartre, la isla de Notre-Dame y la rue de Poitou, parando en sus recorridos a solicitud de los usuarios, bien para acceder a los mismos o al requerir apearse de aquellos.

El uso de estas “carrosses à cinq sols” (carrozas a cinco soles) se prohibió a soldados, pajes, lacayos y demás miembros ataviados de uniforme, de baja condición social para garantizar mayor comodidad a las clases burguesas y meritorias. Pronto las calles se vieron pobladas de carruajes privados junto a este nuevo servicio colectivo.

Los teatros como el del Petit Bourbon y el del Palais Royal, entregados por Luis XIV a compañías de actores profesionales, como la Troupe Royale, la del Théatre du Marais y la de Moliere, advirtieron un aumento considerable de los espectadores a sus funciones. A mayor concurrencia de asistentes, mayor número de carruajes, y por lo tanto, mayor cantidad de estiércol depositado por las mulas y caballos de estos vehículos a las puertas de los teatros en su espera, extendiéndose entre los actores la expresión “¡mucha mierda!” como deseo de una copiosa asistencia de público y en consecuencia como señal de éxito y, aunque parezca lo contrario, de buen augurio.

Sin embargo este transporte, el primero de carácter público instaurado en el mundo, tan solo estaría vigente durante quince años, hasta 1677.

En tiempos del reinado de Luis XV, sucesor del Rey Sol,  se puso de moda la conducción de pequeñas carrozas por las calles más frecuentadas de París. Su número fue aumentando progresivamente, de forma que se popularizaría su uso entre las damas más distinguidas de la alta sociedad, contando con la conformidad del mismo monarca. Muchas, carentes de experiencia, como lo estaban por aquellos días, aumentaron significativamente el número de accidentes de estos carruajes. Y es que ciertamente no había un solo día en el que no hubiese un atropello de un viandante en la ciudad de París en el que no estuviera involucrada una conductora femenina.

Luis XV, apodado el “Bien Amado”, no quería tomar una decisión impopular prohibiendo el uso de estos vehículos a sus damas aristócratas, recurriendo para ello a quien en su día fue teniente de la policía parisina, su ministro de Estado, Marc Pierre de Voyer, conde de Argenson, que con cierta dosis de sutileza acabaría con aquella delicada situación.

Mediante decreto, el conde de Argenson, prohibía “la conducción de coches de caballos” a todas las mujeres, exceptuando aquellas que bajo confesión declarasen ser mayores de treinta años. Pocas fueron las damas que a partir de aquella medida estuvieran dispuestas a reconocer tener más de treinta, con lo que al mismo día siguiente, el tráfico por las calles de París descendió considerablemente.

Habría que esperar casi ciento cincuenta años para que un antiguo coronel del ejército francés, Stanislas Baudry, desde la ciudad de Nantes, volviera a poner en marcha aquel sistema de transporte urbano.

Corría el año 1825, el ex militar se había retirado muy próximo a la ciudad de Nantes, en Richebourg, en donde regentaba un balneario, al que por su “lejanía del centro de la ciudad” (apenas un kilómetro escaso) no acudía la clientela esperada.

 Desesperado ideó un sistema de transporte gratuito para sus potenciales clientes, que los desplazase hasta el aludido negocio, mediante el tiro de un par de caballos y una carroza con capacidad para quince viajeros.

En un principio llamó a sus coches “Damas Blancas”, al estar pintados estos de color blanco, un nombre que sin embargo daba pie a la confusión, pues parecía excluir con dicha designación a hombres y niños, e incluso mujeres de condición social humilde.

 El contable de la empresa el señor Dagault, propuso denominarlos “voiture des bains de Richebourg” (coche de los baños de Richebourg), o como había visto en un letrero de una sombrerería, cuyo propietario, monsieur Omnés, haciendo un hábil juego de palabras con su apellido y el adjetivo Omnis-e (Todo), del latín, había colocado en la entrada de su establecimiento en el que podía leerse “Omnés Omnibus” “Omnés para todos”, por lo que Stanislas Baudry decidió llamarlos “voiture omnibus” (coche para todos), nombre que los usuarios con el transcurso del tiempo acabarían, refieriéndose a estos, simplificándolo con el término “Omnibus” (predecesor con la mecanización de los transportes y la irrupción de los automóviles con motor, del moderno “autobús”).

El éxito del Omnibus fue casi instantáneo de manera que el ex coronel fue ampliando las líneas de transporte en sus recorridos, abandonando el poco rentable negocio de los baños termales, trasladándose dos años después a la capital parisina, fijando su sede central en la rue de Lancre. El 28 de abril de 1828 circuló el primer Omnibus por las calles de París, en un recorrido entre La Madeleine y la Bastille. En poco tiempo habría en circulación más de cien Omnibuses en servicio, en dieciocho itinerarios distintos.

A partir de 1873, fueron gradualmente sustituidos por tranvías y, a partir de 1906, por el autobús a motor. El último Omnibus, salió el 11 de enero de 1913, desde Saint Sulpice hasta La Villette.

Y es que…el autobús desde entonces ha estado muy presente en nuestras ciudades, en nuestras vidas. De hecho podría decirse que,

-“La vida es como un viaje en autobús. Unos lo comienzan junto a ti, otros suben a mitad del camino, la mayoría desciende durante su recorrido y unos pocos, permanecen junto a ti hasta el final. Pero cada una de esas personas, que conozcas en ese trayecto, dejará una impronta única en tu corazón, que recordarás a lo largo de tu hermoso viaje. Baja pues la ventana y disfruta del camino, porque no sabes cuándo llegarás a tu parada final. Muchas gracias por recorrer o haber recorrido parte de ese viaje junto a mí [autor desconocido].”-

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