UNITED, MUNICH 15:04

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5 de febrero………………………..y entonces sucedió que………………………..

…………………ante unos cincuenta y dos mil espectadores, en el siempre difícil campo del Estrella Roja de Belgrado, el JNA, el actual Partizana Stadion, los “Diablos Rojos” del Manchester United lograban un meritorio empate, a tres goles, que junto a la victoria conseguida en el partido de ida, por dos goles a uno, celebrado el pasado 14 de enero, les daba el pase a las semifinales de la Copa de Europa que se realizaba aquel año de 1958.

El United dirigido por el escocés Matt Busby, integrado por jovencísimos futbolistas, con una media de 22 años de edad, conocido también como los “Busby babes”, lleva ganados dos títulos de liga consecutivos (la de 1956 y 1957) siendo, uno de los favoritos para alzarse con el prestigioso trofeo que se celebra ese año. Cuenta en sus filas, entre otros, con un jugador, Duncan Edwards, llamado a ser, en opinión de los expertos, probablemente uno de los mejores de toda la historia. Junto a él, destaca, en el centro del campo, otro jugador de los que dicen que “tiene mucho talento y mucho gol”, Bobby Charlton, (autor esa misma noche de dos de los tres goles de su equipo, el 2-0 marcado en el minuto 30 y un minuto más tarde lograba un segundo que significaba el 3-0 momentáneamente).

La expedición inglesa pasa aquella fría noche del 5 de febrero, de un día como hoy, de hace sesenta y tres años en la misma ciudad de Belgrado para, a primera hora del ya jueves día 6, poner rumbo hacía Inglaterra. El Airspeed AS.57 Ambassador, vuelo 609 de la British European Airways (BEA) parte desde Belgrado a Manchester, con escala técnica prevista en el aeropuerto de Riem, en la ciudad alemana de Munich, con una hora de retraso sobre el horario previsto, al haber extraviado su pasaporte uno de los miembros del equipo, el pequeño y hábil extremo Johnny Berry.

A bordo, además de la tripulación del “Elizabethan”, compuesta por el piloto James Thain y su copiloto Kenneth Rayment, el oficial de radio George Rodgers y  los auxiliares de vuelo Rosemary Cheverton, Margaret Bellis y Tom Cable, viajan los diecisiete jugadores de la plantilla, convocados para este encuentro, los cuatro miembros del cuerpo técnico, nueve periodistas y dos fotógrafos, que cubren el evento, y seis aficionados, de un pasaje que asciende a un total de cuarenta y cuatro viajeros.

En el aeropuerto internacional de Riem, en la ciudad alemana de Munich, el día está siendo muy desapacible. El frío intenso ha provocado que todas las pistas estén cubiertas de nieve. Después de realizar el repostaje previsto, a las 15 horas y 4 minutos, de aquel 6 de febrero de 1958, el piloto, tras dos intentos fallidos por las condiciones heladas de la pista, intenta de nuevo el despegue. La nave alcanza los 220 kilómetros por hora con relativa facilidad pero no logra el pretendido ascenso al resbalar las ruedas sobre aquel firme congelado, desplazándose el aparato por aquella pista de despegue como si de una de patinaje se tratara, deslizándose, sin control alguno, durante cerca de cincuenta metros para acabar precipitándose y colisionando contra la valla perimetral que rodea el aeropuerto y estrellándose contra un edificio aledaño que se encuentra abandonado.

Tras el brutal impacto, cuyos restos abarcarían un radio de cuatrocientos cincuenta metros, el piloto, con un hacha, intenta abrirse paso para liberar los cuerpos atrapados de sus compañeros de cabina. El portero Harry Gregg con una herida profunda abierta en la cabeza y despedido varios metros regresa a la nave en llamas para salvar la vida de algunos de los pasajeros aprisionados entre aquel amasijo de hierros.

El balance final del accidente no puede ser más trágico. Siete futbolistas fallecen en el acto, David Pegg, Eddie Colman, Geoff BentTommy Taylor, Liam Whelan, Mark Jones y Roger Byrne. Duncan Edwards, la estrella del equipo gravemente herido lo haría dos semanas más tarde. Johnny Berry (el extremo menudo que había perdido su pasaporte) y Jackie Blanchflower, ambos con graves secuelas no podrán volver a ejercer la práctica del fútbol. Tres miembros del personal técnico del club, el secretario Walter Crickmer, el segundo entrenador Tom Curry y Bert Whalley, su director técnico, el agente de viajes Bela Miklos, Willie Satinoff amigo personal del entrenador Busby que acompaña al equipo como aficionado y ocho periodistas, de igual forma perderán la vida. En total, junto al copiloto Kenneth Rayment que lo hará en el mes de marzo sin poder superar el grave traumatismo sufrido y el auxiliar Tom Cable, serán veintitrés las víctimas mortales.

Las investigaciones enfrentarán dos versiones contradictorias. Una en la que el piloto argumentará que las condiciones de la pista no eran las idóneas para poder efectuar la maniobra de despegue, al encontrarse esta con agua nieve y cubierta de fango. Las autoridades aeroportuarias alemanas determinarán que serían unas placas de hielo depositadas sobre las alas del bimotor las que impidieron a estas abrirse para alzar satisfactoriamente el vuelo, siendo por tanto responsabilidad del piloto.

En cualquier caso el piloto acusado de no haber descongelado las alas del aparato fue despedido por la compañía aérea (British European Airways BEA). No volvería a subir más a un avión en toda su vida, que veía su fin diecisiete años más tarde de un ataque al corazón a la edad de cincuenta y tres años.

Aunque el Estrella Roja propusiera a las autoridades futbolísticas nombrar campeón de aquella edición de la Copa de Europa, a título honorifico, al Manchester United, el club inglés fue conminado a continuar en la misma, enfrentándose en semifinales al AC. Milan, al que lograba imponerse, en el partido de ida, celebrado en el noroeste de Inglaterra por dos a goles a uno, pero con el que perdía, por un rotundo cuatro a cero, en el de vuelta jugado en la capital lombarda. Una final que celebrada el 28 de mayo de 1958 en el estadio Heyssel de Bruselas daba el triunfo al Real Madrid de Gento, Di Stéfano y Héctor Rial frente al aludido equipo italiano por tres goles a dos.

Un reloj señalando la fecha y la hora fatídica de aquel día, las 15.04, se erige en honor de los fallecidos en el estadio del United, Old Trafford, al que su nueva estrella, aquel joven centrocampista que lograba sobrevivir al fatal accidente, Bobby Charlton, que posteriormente marcaría toda una época gloriosa en el club inglés, bautizaría con el sobrenombre de “El Teatro de los Sueños”.

Diez años más tarde en 1968, el Manchester United lograba su primera Copa de Europa al imponerse en la final al Benfica portugués que contaba en sus filas con un ariete que iba a marcar una época en su club, Eusebio.

-“Mi vida, verdaderamente, ha sido un milagro que se me ha dado. Pero en Múnich en 1958 aprendí que incluso los milagros tienen un precio”-, (Prólogo del libro escrito por Sir Bobby Charlton).

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