I`M BACK!…

190303

19 de marzo………………………….y entonces sucedió que……………………….

……………la muerte de su amigo Willie ha sido un duro golpe para él. Todavía recuerda los buenos momentos que han pasado juntos trabajando en una de las plantas, que la General Electric tiene, en la localidad de Wilmington, en Carolina del Norte, también llamado “El Hollywood del este”, antes de irse a vivir a Chicago. A pesar de los años transcurridos seguían manteniendo el contacto y una buena amistad. –Willie Kemp era un gran tipo, no merecía irse así tan pronto”- pensaba James, mientras conducía su Lexus SC400 de color rojo, que le había regalado su hijo, recorriendo los cerca de trescientos veinticinco kilómetros que le separaban desde su casa, presentándose, al funeral de su amigo, elegantemente vestido con un traje de color gris oscuro.

A nadie le extrañó verlo por allí, tan cercano, como siempre. Nadie se atrevió tampoco a preguntarle por su hijo, ni por su tercer anillo consecutivo recién conquistado, logrado apenas un mes antes, al haberse impuesto en la final por 4-2 al equipo de Arizona, los “Suns”, agrandando de esta forma, todavía un poco más, su leyenda en la NBA. En Wilmington una gran mayoría de sus vecinos eran, desde hacía varios años, seguidores de los “Bulls de Chicago”, por Michael, su hijo, que había crecido allí con ellos.

Aquel viernes 22 de julio sobre las nueve de la noche James Jordan decidía regresar a su casa en Charlotte. Tenía por delante tres horas y media largas de coche. Al llegar a Lumberton, más o menos a mitad camino, el largo día y la tensión acumulada le pasan factura, entrándole de pronto mucho sueño. No quiere conducir en ese estado, así que aparca el coche en el arcén de la interestatal 74 para echarse una pequeña cabezadita.

Nadie volvería a saber más de él, permaneciendo en paradero desconocido durante las siguientes dos semanas. El martes 3 de agosto Hal Locklear mientras pescaba en el pantano Gum, encontraba lo que le parecía ser, en un primer momento, un maniquí tendido boca abajo. El avanzado cuerpo en descomposición no permitiría identificar de quien se trataba. El cadáver presentaba un orificio de entrada en el pecho de una bala del calibre 38. Serían sus piezas dentales las que facilitarían su identidad. El padre de Michael Jordan había muerto asesinado, a los cincuenta y seis años. Una noticia que ocuparía las principales portadas de toda la prensa nacional e internacional.

El automóvil Lexus de color rojo, matrícula UNC0023, fue hallado dos días más tarde en un camino de tierra en el condado de Cumberland. El coche presentaba graves desperfectos, la ventana delantera y la luna posterior estaban rotas, le habían quitado los neumáticos, y habían sido sustraídos varios objetos de diversa consideración.

Las autoridades detenían, poco después, a dos jóvenes, como presuntos autores materiales de la muerte de James Jordan, Daniel Andre Green de dieciocho años y Larry Martin Demery de dicisiete, sorprendidos con varios objetos pertenecientes a la víctima, entre ellos, un teléfono móvil, un anillo del All Star de 1986 y un reloj. Investigaciones posteriores determinarían que durante los cuatro días siguientes a la desaparición de James Jordan, Green y Demery habían realizado desde aquel teléfono móvil treinta y seis llamadas. 

La noticia conmocionaba al mundo del deporte. El 6 de octubre de 1993, dos meses después de este suceso, Michael Jordan, a sus treinta años de edad, en la cima de su carrera baloncestística, anunciaba su retirada de las canchas de juego, para, según señalaba, dedicarse a una de las pasiones que tenía su padre,  jugar al beisbol,  formando parte de los Birmingham Barons, equipo filial B de los White Sox (cuyo propietario, Jerry Reinsdorf, era también dueño de los Chicago Bulls), un equipo perteneciente a las Ligas menores, portando el número 45 con el que debutaba en febrero de 1994.

Fue difícil entender aquella drástica decisión, aquel repentino adiós, para dedicarse a una disciplina totalmente nueva para él, en la que no acabaría desentonando del todo, superándose a sí mismo semana tras semana, demostrando un enorme respeto por aquello que estaba realizando, con pasión, esfuerzo, dedicación y mucho trabajo. Según los expertos podría haber sido incluso titular en los White Sox, en un par de años.

El 18 de marzo del año siguiente, un fax a través de David Falk, abogado y agente del jugador anunciaba con un escueto pero contundente “I’m back! (¡He vuelto!)” el regreso de Michael Jordan, el mejor jugador de todos los tiempos, a la NBA.

El 19 de marzo, de un día como hoy, de 1995, Mark Boyle, la “voz del equipo de los Pacers” de Indiana anunciaba por la megafonía del Market Square Arena, la salida a pista de Michael Jordan, con el número 45 a sus espaldas al prohibirle el comisionado de la NBA utilizar su famoso dorsal 23, que colgaba por aquel entonces del techo del United Center de Chicago, al haber sido retirado.

La temporada desde su regreso volvería a llevar al equipo por la senda de la victoria, llegando ese año hasta las semifinales, en las que caían derrotados contra los Magic de Orlando, con un jovencísimo Shaquille O’Neal como estrella incipiente del equipo de los de Florida.

La temporada siguiente, Michael Jordan, de nuevo con su dorsal 23 volvería a llevar a los Bulls a lo más alto, ganando tres anillos consecutivos entre 1996 y 1998.

—”Y después de aquella victoria en la batalla de Zela, derrotando al rey del Ponto, Julio César se dirigía al senado romano diciendo; “Veni, vidi, vici (Vine, vi, vencí)—”

Pues eso… regresó, jugó… y ganó otros tres anillos más.

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