EL SENTIDO DE LA VIDA

26M

26 de marzo……………………….y entonces sucedió que……………………………..

………..siente cierto desasosiego, porque no vislumbra un futuro claro. Es consciente de que la única salida que le queda, probablemente sea la de dejar atrás todo aquello y abandonar su Viena natal, para centrarse en su carrera profesional, como médico psiquiatra y neurólogo, que desde hace más de diez años desempeña con brillantez. De hecho ha desarrollado un nuevo método, de curación terapéutica, al que le ha dado el nombre de “Logoterapia”, para hacer referencia a “aquel tratamiento que fundamenta su sanación a través del sentido” y que acabará siendo considerado, tras el Psicoanálisis de Sigmund Freud y la Psicología Individual de Alfred Adler, la Tercera Escuela Vienesa de Psicoterapia.

Viktor Frankl, en su condición de judío en aquella Austria anexionada, hacía ya dos años, al Tercer Reich alemán, como una provincia más, la llamada Ostmark, había visto desmoronarse su mundo paulatinamente, por lo que había llegado a solicitar un visado para poder emigrar a los Estados Unidos, que le acababa de ser entregado autorizándole al mismo.

Y una tarde cualquiera de 1940, sentado en la Catedral de San Esteban, con aquel visado de un futuro más que prometedor entre sus manos, no llega a sentirse del todo satisfecho, ni tan siquiera algo afortunado. Transcurren por su mente imágenes de su niñez, de su padre Gabriel dándole esos consejos que a la postre le han venido tan bien en la vida, de las atenciones cariñosas de su madre, Elsa, de sus hermanos, Walter, el mayor y Stella, la pequeña. Walter intentará llegar hasta Italia, Stella ha partido ya hacia Australia.

Tiene dudas de la dirección que ha de tomar, porque intuye que si se marcha, probablemente lo haga para no regresar más, y que con sesenta y tres años que tiene su madre y los ochenta de su padre, sin la posibilidad de conseguir visado alguno, sin ninguno de sus tres hijos cerca, ciertamente quedarían en una situación de desamparo. Por lo que tras darle muchas vueltas acabaría declinando hacer uso de aquel visado, que le brindaba aquella oportunidad, para permanecer al lado de sus padres. En diciembre del año siguiente contraería matrimonio con Tilly Grossner una enfermera en el hospital en el que trabajaba.

En septiembre de 1942, Viktor Frankl, su mujer Tilly, junto a sus padres y su hermano eran deportados al campo de concentración de Theresienstdat, a unos sesenta kilómetros al noroeste de Praga (la actual República Checa) el primero, de los cuatro campos de trabajo, en los que permanecería, hasta el 27 de abril de 1945, momento en el que sería liberado, el mismo día que se proclamaba la Segunda República de Austria independizándose de la Alemania nazi.

Fue durante el transcurso de aquellos treinta y un meses de devastadora experiencia cuando descubrió que incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el hombre puede llegar a encontrar una razón para seguir viviendo, y que aquellos que le dieron cierto sentido a sus vidas, buscando una finalidad o un motivo al que aferrarse (por algo, bien fuera por la consecución de una meta, o por alguien a quien se ama, por tener un reencuentro) lograron enfrentarse con mayor entereza a aquellas duras circunstancias y con un poco de suerte algunos de ellos pudieron llegar incluso a salir con vida de aquellos lugares tenebrosos.

Afirmaba que  —La vida es digna de ser vivida—, destacando que —no importa lo que esperamos nosotros de la vida, sino lo que espera la vida de nosotros—.

Tras su paso por los infiernos de Theresienstdat, Auschwitz, Kaufering III y Türkheim, perdiendo a todos sus seres queridos (en Theresienstdat llegaría incluso a presenciar la muerte de su padre. En Auschwitz la de su hermano. Poco después recibía noticias del fallecimiento de su madre al ingresar en el campo de Birkenau y la de su mujer, con veinticinco años de edad, en Bergen Belsen) Viktor Frankl se dedicaría a difundir su modelo terapéutico llegando a escribir “El hombre en busca de sentido”, un libro en el que describiría la dura vida de un prisionero en un campo de concentración desde la perspectiva de un psiquiatra.

Abogaba por sobrestimar al ser humano para conseguir, de esa manera, promoverlo a lo que verdaderamente pudiera llegar a ser, en su cota más alta, porque de lo contrario, argumentaba, si a una persona se le subestima, probablemente nunca llegue a ser lo que podría lograr ser.

Un claro ejemplo de esta actitud hacia la vida y de sobrestimación hacia el ser humano la encontramos en la pequeña localidad de Milan, a ciento diez kilómetros al norte de Ohio, noventa años antes, en 1855.

Concluido el primer trimestre de la escuela, al niño Thomas, de ocho años de edad, le es dada una carta, por parte de su director, para que le haga entrega de la misma a su madre, que al leerla no puede reprimir unas lagrimas que se le escapan. El niño al verla llorar le pregunta el motivo, y ella le contesta que se siente muy orgullosa de él porque, según dice la carta, todos los profesores están de acuerdo en señalar que es un niño muy especial, probablemente el más listo de toda la escuela, al que ya no le pueden enseñar nada más, por lo que le piden que sea ella la que, desde casa, se encargue a partir de aquel momento de su educación y formación.

La madre del pequeño, Nancy Elliot, a sus cuarenta y cinco años, maestra de escuela desde aquel mismo día se hacía cargo de la educación del pequeño de sus siete hijos, de ocho años de edad, Thomas.

Aquel niño, Thomas Alva Edison, acabaría desarrollando con el tiempo todo su potencial creativo, inventando a sus dieciséis años, el llamado repetidor automático. Llegando a tener más de mil trescientos inventos registrados, entre los que se encuentran, el telégrafo, fonógrafo, micrófono de carbón, dictáfono, y por supuesto la bombilla incandescente.

Aquella carta años más tarde sería encontrada por el propio Thomas Edison entre las pertenencias de su difunta madre que para su sorpresa al leerla decía lo siguiente;

-“Estimada señora; lamentamos comunicarle que su hijo ha sido expulsado del colegio, al ser un pésimo estudiante y no avanzar como el resto de sus compañeros, por ello no podemos permitirle que continúe estudiando con nosotros en esta institución”-

Hoy día 26 de marzo, de hace ciento dieciséis años, nacía en Viena, Viktor Frankl.

En Valencia, la asociación Viktor Frankl está ubicada en la calle Don Juan de Austria, en su nº34. [ https://asociacionviktorfrankl.es/].

–“Al hombre se le puede arrebatar todo, salvo una cosa: la última de las libertades humanas –la elección de la actitud personal ante un conjunto de circunstancias para decidir su propio camino–”.[Viktor Frankl].

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