#DiaMundialAutismo

2DEABRIL

2 de abril……………………………..y entonces sucedió que…………………………….

………lleva alrededor de cuarenta minutos sobrevolando en helicóptero el cielo de la Ciudad de México, un tiempo más que suficiente para ofrecerle una perspectiva completa de la inmensidad del Distrito Federal y lograr quedarse con aquella infinidad de pequeños matices, que para cualquiera pasarían desapercibidos, y que poco después, plasmará con destreza y con el más mínimo de los detalles, en un lienzo de unos cuatro metros de longitud. Allí arriba se siente libre, feliz y mientras observa, a vista de pájaro, la ciudad entera, no puede evitar esbozar una pequeña sonrisa que se le dibuja de forma permanente en el rostro.

Stephen Wiltshire, cinco días después de arduo trabajo, sin otro soporte más que lo que recordará haber visto en aquel corto trayecto surcando los cielos como un pájaro en libertad, será capaz de dibujar la ciudad entera en aquel lienzo, despertando de esta forma la admiración de todos aquellos que tendrán la ocasión de presenciarlo, llegando a plasmar con meticulosidad lugares tan emblemáticos como el Ángel de la independencia, la Catedral Metropolitana, el Palacio Nacional y su favorita, la Torre Latinoamericana.

No es la primera vez que hace esto. Ha dibujado otras ciudades como Londres, Nueva York, Singapore, Roma, Madrid, desde que se hiciera relativamente famoso cuando a los ocho años recibía un encargo de la mismísima primera ministra británica, Margaret Thatcher, para dibujar la Catedral de Salisbury.

¿Su secreto?, en 1977, cuando cumplía los tres años de edad, el mismo año que su padre fallecía en un accidente de motocicleta, le diagnosticaban Autismo (actualmente englobado dentro del denominado Trastorno del Espectro del Autismo).

Stephen no habló ni una sola palabra hasta cumplir cinco años (Albert Einstein otro personaje célebre con autismo no lo haría hasta los tres). Su primera palabra la dijo en la escuela especial para niños autistas, la de Queensmill, situada en el número 1 de la calle Askham de Londres. Los profesores al ver que aquel niño desarrollaba una extraordinaria técnica en el dibujo le alentaron a expresarse de aquella manera, forzándole en cierta ocasión a tener que pedir el material para poder dibujar, logrando que dijera su primera palabra; “papel”.

Desde 2006 es miembro de la Orden del Imperio Británico por sus servicios al mundo del arte. Para quienes tengan curiosidad en ver sus extraordinarios trabajos pueden visitar su página web https://www.stephenwiltshire.co.uk/.

En sus orígenes el autismo fue catalogado como una enfermedad, y como tal  fue tratado por psiquiatras que atendían a enfermos esquizofrénicos. De hecho el término Autismo, acuñado en 1910 por el psiquiatra suizo Eugene Bleuer servía para designar a aquellos “pacientes que parecían permanecer aislados en un mundo propio” (palabra que procede del griego, Autos e Ismo, y que bien podría ser traducida por “estar con uno mismo”).

Los posteriores estudios del psiquiatra infantil Leo Kanner con once niños a los que inicialmente se les había catalogado de esquizofrénicos acabarían por darle un sentido diferente a este tipo de trastorno, considerándolo más bien como una neurodiversidad que el propio doctor llegaría a diagnosticar al observar que, en todos aquellos niños se repetía un mismo patrón de comportamiento. Los llamados “once de Kanner” eran todos ellos niños inteligentes y curiosos pero con una cierta desconexión social, a los que incluso parecía, aparentemente, importarles poco el no comunicarse con los demás, llegando a determinar un origen genético de este trastorno y que en modo alguno se encontraba relacionado, como algunos señalaban, con la llamada “frialdad afectiva”, tal y como defendía Bruno Bettelheim, en su libro, The empty fortress (La fortaleza vacía), que llegaba a culpar a los familiares de aquellos niños.

Casi al mismo tiempo aparecía la aportación del austriaco Hans Asperger, el cual había realizado un estudio con cuatro jóvenes, a los que sin conocer el trabajo de Leo Kanner, se refería a ellos también con el mismo término de “autismo”, si bien estos no presentaban dificultades en el habla. Asperger solía utilizar la expresión “pequeños profesores” (kleine professoren) para referirse a ellos, destacando de esta manera su capacidad para hablar con sorprendente detalle preciso de sus temas favoritos.

De esta forma la expresión “autismo” se adoptó como término genérico para referirse a todo el rango del trastorno autista, mientras que se utilizaba el término síndrome de Asperger para designar una variante ubicada en el extremo menos severo del espectro. Entre el autismo severo y Asperger se encuentran tres más, el trastorno de Rett (que supone la pérdida paulatina de las habilidades motoras y de la comunicación, que afecta principalmente a las niñas), el desintegrativo infantil o síndrome de Heller (de aparición tardía en niños y niñas entre los 3 y 4 años de edad que afecta al desarrollo del lenguaje, las habilidades motrices o la función social), y el generalizado del desarrollo no especificado (de aquellos que presentan una alteración en las habilidades lingüísticas, las relaciones sociales y la conducta, y que no cumplen con los diagnósticos específicos de las otras cuatro).

En mayo de 2013, La Asociación psiquiátrica americana (APA, American Psychiatric Association) eliminaba las discrepancias entre los trastornos cualitativos de la relación social y los de la comunicación, para unificarlos en un solo criterio, el llamado DSM5 o Trastorno del Espectro Autista (TEA), definido como un déficit que persiste en la comunicación social y la interacción social, y que hoy día 2 de abril, desde que Naciones Unidas aprobara en 2007 la resolución 62/139 es considerado Día Mundial de la Concienciación sobre el Autismo, celebrándose todos los años desde 2008 (#DíaMundialAutismo).

Hoy miles de monumentos y edificios emblemáticos de todo el mundo se iluminarán de color azul, “Light It Up Blue” (Ilumínalo de azul), en una campaña de sensibilización internacional, desde el Cristo Redentor en Río de Janeiro en Brasil, la Torre de Pisa en Italia, la Opera House de Sidney en Australia, hasta los cuatrocientos edificios que se esperan que sean iluminados en España como nuestra de solidaridad con el colectivo de personas que padecen este trastorno y sus familias.

Sirva esta minúscula aportación como un pequeño tributo para poner de manifiesto la necesidad de contribuir a la mejora de la calidad de vida de las personas que lo padecen. Y como bien dijo Therese Joliffe, la primera persona con autismo en tener un doctorado por la Universidad de Cambridge por su investigación en el mismo campo;

“Si las demás personas pudieran experimentar durante tan solo unos minutos lo que es el autismo, podrían saber cómo ayudar” —.

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