ASESINO…ENSERIENSÖN

9ABRIL

9 de abril…………………………y entonces sucedió que……………………………….

………………lleva desde que cumplió veinte años entrando y saliendo de los centros médicos de Sidsjö (a unas tres horas y media de trayecto en coche desde Falun, en Körsnas, su localidad natal) y en el de atención psiquiátrica de Säter (a treinta y cinco minutos al sur de su domicilio). Está enganchado al tricloroetileno, un disolvente que se utiliza para limpiar piezas metálicas, el cual le provoca, entre otros efectos, intensas alucinaciones y que la Unión Europea en 2015, declarará como sustancia altamente peligrosa.

El último ingreso en la clínica Säter de Sture Ragnar Bergwall fue durante el pasado mes de febrero de 1991 condenado a realizar, durante un tiempo de dos años y medio, sesiones de terapia, en el citado centro, al ser sorprendido cuando pretendía asaltar, disfrazado de Papá Noel, al director del Banco de Falun en su domicilio. Fue precisamente un 9 de abril, de un día como hoy, de 1992, catorce meses más tarde de aquel ingreso, cuando Sture Bergwall cambiaba su nombre por el de Thomas Quick, usando el apellido de su madre de soltera, sin aclarar sin embargo el motivo por el que había elegido el nombre de Thomas.

La clínica Säter dispuso, para el enésimo tratamiento terapéutico de Thomas Quick, de la participación de la psicoanalista sueca Margit Sonja Norell, que se decantaba por realizar sesiones de regresión memorística para recuperar la existencia de posibles recuerdos profundamente arraigados y reprimidos, acompañando cada sesión con pequeñas dosis de benzodiacepinas paliando de esta forma los posibles cuadros de ansiedad que pudieran ocasionarse y regular de este modo la actividad noradrenérgica.

Aquel procedimiento, tras casi dos años de aplicación, parecía comenzar a dar sus frutos cuando durante la mañana del lunes 8 de marzo de 1993, Thomas Quick, faltando pocos meses para ser dado de alta, mascullaba una frase que dejaba desconcertados a los allí presentes, -“Sé quién mató a Johan Asplund”-.

Johan Asplund era un niño de once años que al salir de su escuela, situada en la localidad de Sundsvall, en el norte del país, el viernes 7 de noviembre de 1980, desaparecía sin dejar rastro alguno. La noticia había llegado a conmocionar a la sociedad sueca que había seguido el caso con verdadero interés mediático, y que a pesar del tiempo transcurrido (casi trece años) seguía todavía muy vivo en la memoria de quienes tuvieron conocimiento del mismo.

La psicóloga Birgitta Ståhle, responsable durante esa mañana de la terapia sugestiva le preguntaba quién era el responsable de la muerte del pequeño Johan. La respuesta dejaba aún más impactados si cabe a todos ellos, -“yo”-, pasando a narrar, cómo raptó, violó, asesinó y enterró el cuerpo sin vida del pequeño Johan, al que antes de deshacerse de él llegaba a amputarle, según narraba, varios dedos de su mano para comérselos.

La noticia saldría publicada una semana más tarde, el martes 15 de marzo de 1993 en el diario Expressen, reproduciendo los detalles de aquel horrible asesinato, suficientes para que el fiscal general del Estado Christer Van der Kwast, pudiera por fin articular aquel caso en torno a un “sospechoso”, que con su declaración se había convertido en el primer acusado del reabierto procedimiento.

No sería este el único crimen que confesaría desde aquel momento. En septiembre, tras una nueva sesión con el terapeuta Kjell Persson, Thomas confesaba el motivo de haberse puesto aquel nombre, que según decía era el de su primera víctima, atribuyéndose de esta forma otro asesinato, esta vez sucedido cuando apenas tenía catorce años de edad, hacía veintinueve, el sábado 16 de mayo de 1964, sobre un amigo suyo, Thomas Blomgren, al que, confesaba haber violado y asesinado.

Llama a los investigadores poderosamente la atención la distancia entre el domicilio de uno y del otro (Körsnas y Växjö), con casi quinientos kilómetros de separación, pero los detalles que aporta son tan precisos que para el jefe de Policía Pettinen no hay duda de que aquel hombre es un asesino en serie.

Pronto los medios de comunicación comenzarían a hablar de este “Hannibal Lecter sueco”, que es como acabarían llamándole para referirse a él.

Y dicen que no hay dos sin tres, y tras el de Blomgren, confesaba un tercero, cometido el sábado 13 de noviembre de 1976 sobre un chico de quince años, Charles Zelmanovits, que hacía tan solo seis meses había regresado a Suecia tras haber pasado los últimos nueve años en la localidad malagueña de Fuengirola, donde su padre había trabajado como médico.

Llevado por el éxito en lo que el experto en memoria que colaboraba en aquellas sesiones de terapia regresivas, Åke Christianson consideraba, Thomas admitiría también ser el autor del crimen de la pareja de holandeses Janny y Marinus Stegehuis en el lago Appojaure, el 13 de julio de 1984, así como el del joven israelita de veinticuatro años Yenon Levi en Rörshyttan.

Pero sin lugar a dudas el que más sorprendería de todas las atrocidades admitidas por este monstruo sueco sería el cometido, de nuevo en el mes de julio, el día 3, de 1988, en Dramenn, Noruega, a cuarenta y cinco kilómetros al oeste de Oslo, la capital, sobre la niña de nueve años de edad Therese Johannessen.

Thomas Quick llegaría a atribuirse un total de treinta y ocho asesinatos. Entre 1994 y 2001 fue condenado en ocho de ellos, al ser considerado culpable, entre los que se incluían el de Therese Johannessen y Johan Asplund, a pesar de no haberse encontrado sus cuerpos en los lugares señalados por el asesino confeso.

Una serie de incongruencias que no coincidirían con las investigaciones llevadas a cabo en las aperturas de los expedientes de los citados asesinatos (como por ejemplo, la descripción facilitada de la niña por Thomas Quick que en modo alguno coincidía con la que constaba en la ficha policial abierta en su momento) despertaron el interés de dos periodistas, Hannes Råstam y Jenny Küttim.

En 2008, tras haber pasado diecisiete años de su vida encerrado en aquella institución, ambos periodistas llegarían a la firme convicción de que algunos de aquellos crímenes era imposible que los hubiera cometido el que hasta entonces se declaraba autor de los mismos, entre otros motivos, el haber llegado a utilizar hasta trece maneras distintas de asesinar, al haber sido clasificado dentro de la categoría de los “asesinos en serie”, que por lo general suelen llevar un detallado plan de acción y un concreto método de actuación.

Tras ser entrevistado en varias ocasiones por los periodistas suecos, Thomas Quick el 12 de junio de 2008 confesaba haberse inventado los mencionados crímenes, en un primer momento, ante su inminente salida de aquel centro psiquiátrico, primero, para evitar regresar a su pueblo, Falun, y en segundo lugar, para poder, de alguna manera, conseguir ansiolíticos legalmente.

Había leído mucho sobre cada uno de aquellos casos, por lo que no le fue difícil hacer creer a todos que él había sido el responsable, y es que ya se sabe, como bien dijo el escritor e historiador francés Prosper Mérimée, el autor de Carmen, inmortalizada en la ópera homónima de George Bizet;

—“Toda mentira de importancia necesita un detalle circunstancial para ser creída“—.

Y Thomas Quick, dio mucho más que un simple detalle….

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