VILLALAR DE LOS COMUNEROS

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23 de abril…………………………………y entonces sucedió que………………………

…………no ha gustado en absoluto, en la mayoría de las ciudades castellanas, lo que cuentan del nuevo monarca, el hijo de Juana, la que llaman “La loca”, encerrada por orden de su padre Fernando, el Católico, desde hace algo más de ocho años (desde el mes de febrero de 1509) en Tordesillas, y que lleva por nombre Carlos, el I de España y si logra ser nombrado emperador, el V de Alemania, criado y educado en la corte de los Habsburgo en Gante, la actual Bélgica.

Ha arribado al puerto de Tazones (Asturias) muy próximo a Villaviciosa, tras doce días de dura travesía después de haber embarcado en Flesinga (Países Bajos), el 19 de septiembre de 1517, con la intención de tomar posesión de los nuevos territorios que le corresponden como nuevo rey de España, tras la muerte de su abuelo Fernando, el Católico. Cuentan que los lugareños al ver aproximarse hacia su costa las cuarenta naves que acompañan a la comitiva real (entre quienes también se encuentra la hermana del rey, Leonor) se dispusieron a organizarse, para defender su puerto, al creer estar siendo atacados por barcos enemigos, franceses o turcos.

En noviembre, tras dos meses de itinerario por tierras castellanas (Treceño, Cabuérniga, Los Tojos, Reinosa, Revenga de Campos, Ampudia, Villanubla y Tordesillas), el rey y todo su séquito llegaban a la ciudad de Valladolid.

El hijo de Felipe “El Hermoso” y de Juana “La Loca”, es un monarca muy joven, de tan solo diecisiete años de edad que apenas tiene nociones del idioma castellano, que ha venido rodeado de consejeros extranjeros y que entre sus planes más inmediatos se encuentra el aumentar los impuestos y con ello incrementar la recaudación de las arcas reales para, principalmente, financiar su coronación de emperador, algo que no ha sentado nada bien, entre sus nuevos súbditos que le han pedido entre otros asuntos, —“tenga por bien se hagan arcas de tesoro en las Comunidades y que no se gasten estas rentas en las de otros señoríos que tiene”—, conocidos estos, desde entonces, como los ”comuneros de Castilla”.

En 1519 Carlos I viaja hacia Aquisgrán para ser nombrado emperador, dejando regente del reino al cardenal Adriano de Utrecht (futuro Papa Adriano VI) su preceptor personal desde los seis años de edad, llevándose consigo el monarca español las arcas repletas del dinero recaudado en las ciudades pertenecientes al antiguo reino de Castilla, a pesar de la negativa de estas, que rápidamente se organizan, estallando las primeras señales, de oposición y protesta, contra el monarca.

Una revuelta que se irá propagando por las principales ciudades castellanas, Ávila, Segovia, Salamanca, Palencia, y que culminará, en el mes de Julio, con la creación de la Santa Junta revolucionaria que nombra comandante de sus ejércitos al toledano Juan Padilla y que tiene como principales cabecillas al salmantino Francisco Maldonado y al segoviano Juan Bravo.

Al mes siguiente, en agosto, la agitación llegaba hasta Medina del Campo, hasta entonces neutral en esta protesta generalizada, y por aquellos días importante centro comercial que albergaba una cuantiosa guarnición de armas, que los seguidores del rey, temerosos de que aquella revuelta estallase también allí y el arsenal acabase en manos rebeldes, enviaban mil quinientos hombres a cuyo frente se situaban Rodrigo Ronquillo y Antonio de Fonseca para hacerse cargo de las mismas. Muchos medinenses, ante la noticia del avance de las tropas realistas, decidieron bloquear el acceso a la misma, y ante la negativa de aquellos a dispersarse, Fonseca ordenaba incendiar varios puntos de la localidad con la finalidad de hacerles desistir, pero aquellos lejos de amilanarse se mantuvieron firmes en su cometido, propagándose el fuego por toda la ciudad.

Las llamas de Medina del Campo, acabarían siendo el detonante final del levantamiento de ciudades que hasta entonces se habían mantenido al margen en el conflicto, como Burgos y la misma ciudad de Valladolid. En Segovia, la violencia se acrecentaba siendo asesinados a golpes y colgados por los pies varios seguidores de Carlos I. La guerra había comenzado.

En la búsqueda de un candidato alternativo al monarca, los comuneros durante el mes de septiembre de 1520, realizaban una visita a la madre del rey, en Tordesillas, para tratar de adherirla a la causa y secundar aquella insurrección, algo que la propia Juana amablemente declinaría hacer. La ocupación de Tordesillas, tres meses más tarde, por parte de las tropas de Carlos I, acabaría definitivamente con aquella pretensión de los comuneros y la esperanza de que la reina Juana atendiera sus anhelos y deseos para siempre.

Tras la derrota de Tordesillas y con la intención de subir la moral de sus tropas, el 21 de febrero de 1521 partía Juan Padilla con su ejército desde Zaratán con destino a Torrelobatón, defendida por García Osorio, que tras cuatro días de contienda caía en manos de los revolucionarios. Allí a la espera de poder partir hacia Toro, levantada en comunidad, Juan Padilla solicitaba recibir refuerzos de artillería, para poder hacer frente a las tropas reales apostadas diez kilómetros al norte de allí, en Peñaflor de Hornija, al mando de Íñigo Fernández de Velasco, donde llegaban el 21 de abril.

La indecisión a abandonar el castillo de Torrelobatón para partir hacia Toro hizo que la misma se produjera durante la madrugada del ya día 23 de abril, de un día como hoy, de hace quinientos años, segundo día de lluvia intensa y quizás el menos propicio para realizar un desplazamiento militar de esas características, siguiendo para ello el curso del río Hornija. Y fue en el puente El Fierro en la localidad de Villalar donde acabarían siendo alcanzados por las tropas realistas.

Los cabecillas, Padilla, Bravo y Maldonado fueron detenidos y juzgados al mismo día siguiente por un tribunal formado a tal efecto presidido por los jueces Alcalá, Cornejo y Salmerón, a los que acusados de un delito de alta traición, eran sentenciados a la pena de muerte, siendo esa misma mañana decapitados en la plaza de la localidad de Villalar.

El suceso de Villalar de los Comuneros traería consecuencias para el reinado del joven Carlos I, que comenzaría a rodearse de consejeros españoles y aprender las costumbres y el idioma castellano. Al inicio de estas revueltas, en las puertas de las iglesias podían leerse pasquines con el siguiente texto; -“Tú, tierra de Castilla que desgraciada y maldita eres, al sufrir, que un tan noble reino como eres, sea gobernado por quienes no te quieren”-.

Dieciséis años más tarde, durante la celebración del lunes de Pascua de 1536, Carlos I daba su discurso ante el Papa Pablo III en Roma en lengua castellana en lugar de hacerlo en latín o en italiano, y recriminado por aquel, le dijo;

-“No importa que no me entendáis. Que yo estoy hablando en mi lengua española, que es tan bella y noble que debería ser conocida por toda la cristiandad”-

Hoy, 23 de abril, es fiesta oficial en la Comunidad de Castilla y León. Feliz día a todos los castellano-leoneses…

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