SI VAS A CALATAYUD…

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14 de mayo………………………….y entonces sucedió que………………………….

……….Delfina daba a luz una preciosa niña en su propia casa, situada en el número 5 de la plaza de San Torcuato de Calatayud, a unos 90 kilómetros de distancia al suroeste de Zaragoza. Al día siguiente, el viernes 14 de mayo, de un día como hoy, de 1819, el venturoso padre de la criatura, Blas Peinador, teniente de los Reales Ejércitos de su majestad el rey Fernando VII festejaba la llegada de su hija, a la que ponían de nombre María Dolores, invitando a familiares, allegados  y amigos, a dar la bienvenida a aquella recién nacida que acabaría, con el transcurso de los años, convirtiéndose en todo un mito de la aludida localidad de Calatayud, “La Dolores”.

Seis años más tarde la familia Peinador Narvión partía hacia la localidad de Daroca, a unos 40 kilómetros al sur, en donde el padre de Dolores había sido nombrado alcalde mayor. Quiso el infortunio que Delfina Manuela Nervión falleciera dos años más tarde, contando por aquel entonces la niña apenas ocho años de edad.

Su padre, despreocupado por la educación de sus vástagos y más interesado en su propio bienestar pasaba a administrar la sustanciosa herencia que Delfina había dejado a sus hijos (hasta que estos alcanzasen la mayoría de edad que en España por aquellos días quedaba establecida en los veinticinco años, excepto en Aragón que se alcanzaba a los veinte), volviéndose a casar dos años más tarde de haber quedado viudo. No fue aquella tampoco una madrastra que demostrase cariño por aquellos niños a los que no prestaría atención alguna.

Y así, en 1838, a sus casi veinte años de edad Dolores Peinador Nervión volvía a su Calatayud natal quedándose hospedada en casa de su tía Mari, la hermana de su madre, que regentaba “La Posada de San Antón” donde la joven acabaría trabajando. Se ha convertido aquella niña en una bellísima mujer de ojos azules y cabellos rubios, con un encanto y desparpajo natural, de carácter espontáneo y abierto que despierta la simpatía de todos los que la conocen, avivando el interés de los bilbilitanos que pronto comenzarían a demostrar su creciente fascinación e interés por la muchacha.

Es tal su belleza que no tardará en acaparar el interés de los numerosísimos pretendientes que le salen por doquier, entre gentes del lugar y hombres de paso, que caerán rendidos a sus pies. Su regreso coincide con la primera Guerra Carlista sucedida tras la muerte del rey Fernando VII que suscita un problema sucesorio al haber dejado como heredera del trono a su hija, de tres años de edad, la futura Isabel II, enfrentándose sus seguidores contra quienes consideran el único y legítimo heredero de la corona, el infante don Carlos, hermano agraviado del rey fallecido.

Es en esta época cuando Dolores conocerá a Esteban Tóvar Pérez, teniente granadino, de la localidad de Jarairátar, cinco años mayor que ella, que se encuentra desplazado por aquella zona de Aragón (escenario general del enfrentamiento de la guerra) y con quien acabará contrayendo nuevas nupcias en “secreto” (dicen que al negarse el padre de Dolores a aceptar aquella relación).

Puede que el descubrimiento de aquel matrimonio despertase las envidias y los celos de quienes hasta entonces habían sido sus pretendientes, o que la manera tan natural de comportarse aquella crease el recelo de alguno de sus convecinos, pero lo cierto es que por aquellas mismas fechas, sobre 1840, empezaría a popularizarse una copla, de autor desconocido, que creaba el mito de “La Dolores de Calatayud”, probablemente, en sus orígenes, con buen propósito para posteriormente acabar interpretándose de manera intencionadamente maliciosa.

Estaba realizando el escritor y periodista José Feliú Codina su primer viaje en tren desde Barcelona hasta Madrid, cuando en la estación oscense de Binéfar escuchaba cantar a un invidente la aludida “jotica” cuya estrofa principal decía así;

—“Si vas a Calatayud, pregunta por la Dolores, que es una chica muy guapa y amiga de hacer favores” —.

Es más que probable que el autor de la misma recibiera el amable trato de aquella guapa posadera, o que le ayudase de alguna manera y quedando este más que agradecido y con buena intención, quisiera dedicarle unas estrofas en una canción en la que intentando hacer rimar el nombre de “Dolores” eligiera, no sin cierto desatino, un término algo ambiguo como el de “favores”, que a la postre, acabaría siendo utilizado con un claro doble sentido. Fueron tantas las habladurías que la susodicha Dolores y su marido, el ex teniente, en 1850 se verán obligados a abandonar aquella localidad aragonesa y trasladarse a vivir a Madrid. 

En Madrid se instalarán en la calle de la Ballesta (a un costado de la Gran Vía) donde el matrimonio acabaría criando seis hijos y en donde tras vencer en el pleito interpuesto a su padre y recibir parte de aquella fortuna que le correspondía, Esteban, el marido interesado, acabaría en poco tiempo dilapidando, los cerca de seiscientos mil euros que al cambio y a día de hoy ascendería la cantidad total del patrimonio de aquel legado.

Feliú Codina estrenaba con aquella historia una obra teatral, “La Dolores”, con enorme éxito, el 10 de noviembre de 1892, en el Teatro Novedades, de Barcelona, siendo su protagonista María Guerrero; drama que acabaría siendo convertido en ópera por el maestro salmantino Tomás Bretón Hernández, popularizándola aún más si cabe.

Durante años ir a Calatayud y preguntar por la Dolores con la polémica suscitada era motivo suficiente para que los lugareños echasen al “curioso” de turno a pedradas de su localidad. Algunos, incluso ofendidos cuando les preguntaban, contestaban formulando con sorna otra pregunta, —“¿en tu casa hay puertas y balcones?”— y ante la obvia respuesta de, —“pues claro que hay puertas y balcones”—, los bilbilitanos respondían, —“pues habrá putas y maricones”— (un claro ejemplo de juego de palabras para hacer entender a aquellos la verdad de los sucedido).

El 12 de agosto de 1894, en Madrid, fallecía a los setenta y cinco años, María de los Dolores Peinador Nervión, la Dolores de Calatayud.

Para quienes deseen conocer más detalles de esta historia pueden visitar https://www.preguntameporladolores.com/

Los habitantes de Calatayud con sorna ya no te echarán piedras si preguntas por la Dolores, más bien, incluso, puede que alguno responda;

“Si vas a Calatayud no preguntes por la Dolores; Si vas a Calatayud pregunta por el Andrés, que hace los mismos favores pero al revés” —

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