LOS PRISIONEROS OLVIDADOS

280503

28 de mayo…………………….y entonces sucedió que…………………………………

…………Peter Benenson se dirige en metro, como habitualmente hace cada mañana, hacia su despacho, ubicado en el centro de Londres. Durante el trayecto se entretiene ojeando los artículos publicados en el periódico “The Times”. Aquella mañana, del 19 de diciembre de 1960, uno de los sucesos, del referido periódico, llama poderosamente su atención. El corresponsal en Lisboa cuenta como tres estudiantes, cenando en un céntrico restaurante de la capital lusa, habían sido detenidos por la policía del dictador Antonio de Oliveira Salazar, la PIDE (Policía Internacional de Defensa del Estado).

El diario no facilita los datos de los detenidos, algo que con el transcurso de los años podrá determinarse (no sin ciertas dudas al respecto).

Al parecer, estos tres estudiantes, dos mujeres y un hombre, Ivone Lourenço, Silvia Verdial y Ronaldo Dos Santos en un momento de la cena realizaban un “brindis por la libertad”, por lo que acusados de participar en actividades subversivas y de atentar contra la seguridad del Estado, eran detenidos y condenados a siete años de prisión. Ellas conducidas a la prisión de “Caixas”, cerca de Lisboa, él a la de “Peniche”.

Peter no da crédito a lo que está leyendo. Tres estudiantes condenados a pasar siete años de sus vidas, encerrados, privados de libertad, por haber realizado un simple brindis precisamente por ella. Cada vez que echa un vistazo a aquella crónica la vista se detiene en las palabras clave del artículo, “estudiantes”, “condenados”, “siete años”, “brindis por la libertad”, “privados de libertad”…

Al llegar a la parada en la estación de Charing Cross, la de Trafalgar Square, se le llevan, literalmente, los demonios. Visiblemente enfadado entra en la iglesia de St Martin in the Fields (la iglesia parroquial anglicana del número 10 de Downing Street (la del primer ministro Harold McMillan), la del Palacio de Buckingham y del Almirantazgo), sentándose en uno de aquellos bancos sin poder dejar de pensar un solo momento en esos tres estudiantes, tratando de ordenar sus pensamientos, de averiguar que podría hacer y de calmarse un poco.

Lo primero que le viene a la mente es acudir a la embajada portuguesa, en el 11 de Belgrave Square, a escasos veinte minutos en metro de allí y organizar algún tipo de protesta inmediata, pero es consciente que aquello, además de provocar el consiguiente alboroto, él solo, lejos de producir el efecto deseado pudiera conllevar aparejado algún contratiempo para su propia persona, por lo que descarta dejarse llevar por ese primer impulso.

Siente mucha rabia y una gran impotencia. Cada mañana desde aquel lunes, se fija en aquellas noticias en las que alguien, en algún lugar del mundo, es encarcelado, torturado o incluso ejecutado porque su opinión o  religión son inadmisibles para su propio gobierno, y va descubriendo que hay cientos de casos, casi a diario.

El 28 de mayo, de un día como hoy, de 1961, Peter Benenson decidido a hacer un llamamiento a la comunidad internacional publicaba un artículo en “The Observer” bajo el título “Los prisioneros olvidados” (The Forgotten Prisoners), en el que, partiendo de dos artículos de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos”, el 18 (Libertad de religión y conciencia) y el 19 (Libertad de opinión y de expresión) mediante la llamada amnistía 61 difundía lo que él denominaba “presos de conciencia”. Aquella publicación sentaba las bases de la creación, en septiembre de 1962, del movimiento no gubernamental de Amnistía Internacional, para combatir  este tipo de injusticias y que con el devenir de los años acabaría teniendo presencia en más de ciento cincuenta países, contando con más de tres millones de miembros (entre activistas y simpatizantes) en todo el mundo, para poner fin a los graves abusos cometidos sobre los derechos humanos.

Curiosamente las reuniones de Amnistía, celebradas bien a nivel local o internacional, terminan generalmente con un “brindis por la libertad” de sus delegados.

Desgraciadamente siguen existiendo, como existieron en su día y seguirán haciéndolo casos de este tipo de abusos. Algunos tan rocambolescos e inauditos que cuesta creer que sean ciertos, otros tan vistos que ya nos parecen hasta normalizados, como el ya famoso acaecido en 1633, cuando Galileo era condenado por el Santo Oficio a arresto domiciliario, donde pasaría sus últimos nueve años de vida, al defender que la Tierra giraba alrededor del Sol.

O cuando en 1980, la juez iraní Shirin Ebadi, a sus treinta y tres años, acabada la Revolución, era apartada de su cargo por ser mujer, siendo relegada como otras mujeres de su país a realizar tareas administrativas (Shirin Ebadi, veintitrés años más tarde sería la primera mujer musulmana en recibir el Premio Nobel de la Paz).

En 2012, en Bielorrusia, Anton Suryapin pasó más de un mes en prisión por publicar en internet fotos de unos ositos de peluche que caían mientras eran arrojados desde un avión, como parte de una campaña publicitaria, llevada a cabo por una agencia sueca, en la que se pedía libertad de expresión para Bielorrusia.

En este mismo país, el pasado domingo 23, de este mes de mayo, el régimen de Lukashenko forzaba el desvío de un avión de la compañía Ryanair que cubría el vuelo de Dublín (Irlanda) a Vilna (Lituania) para detener a Roman Protasevich (periodista colaborador con la líder de la oposición Svetlana Tikhanóvskaya), que viajaba junto a su novia Sofia Sapega que también era detenida. Y es que el régimen del dictador Alexander Lukashenko, ha llegado a multar con un millón de rublos (al cambio actual unos 165 €) a un hombre, detenido en Grodno, acusado de aplaudir en público, dándose la curiosa circunstancia de que este hombre, del que se sabe que se llama Kosntantín, es manco.

En 2016 tras vivir ocho meses en Dubai, la británica Laleh Shahravesh, se separaba del que hasta entonces y durante dieciocho años había sido su marido, Pedro Correia Dos Santos, regresando al Reino Unido ella sola. Al recibir tiempo más tarde la noticia de que su ex marido volvía a casarse, publicaba en su red social de Facebook ciertos improperios entre los que llamaba, entre otras lindezas, idiota a su ex y “caballo” a su actual novia, unas palabras que cuando regresaba a Dubai, para acudir precisamente al entierro del que fuera su marido le servirían para ser detenida y encarcelada desde el 10 de marzo al 12 de abril de 2019.

Ese mismo año de 2019, en el mes de noviembre, Yulia Tsvetkova, artista feminista defensora de los derechos LGBTI era detenida en la ciudad rusa de Komsomolsk del Amur acusada de difundir material pornográfico al realizar y publicar, en la red social rusa VKontakte una serie de dibujos sobre el órgano sexual femenino, siendo puesta en libertad cuatro meses más tarde. 

El 25 de febrero de 2005 fallecía Peter Benenson, defensor de la libertad, uno de los mas preciados dones…

Y es que ya se lo decía Don quijote a su fiel Sancho Panza…

—“La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierra la tierra ni el mar encubre”—. [El ingenioso hidalgo Don Quijote de La Mancha, de Miguel de Cervantes].

Por la libertad…

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