LA “FISTULE ROYALE”…Y EL ORIGEN DE UN HIMNO REAL

LFR17SEP

17 de septiembre……………………….y entonces sucedió que…………………………

………………doce días después  de haber cumplido el monarca los cuarenta y ocho, esto es, el 17 de septiembre, de un día como hoy, de 1686, el mismo día que Jean Baptiste Lully estrenaba —“Acis y Galatea”— en la “Académie Royale de Musique” la actual “Ópera de París”, el médico Claude François Félix, recibía el encargo personal de Luis XIV para solucionarle un asunto delicado y de vital importancia, que desde hacía algo más de diez años, le impedía llevar a cabo una vida, más o menos, normal y corriente, ya que el simple hecho de permanecer sentado, le suponía, un verdadero calvario.

La infección de aquellas hemorroides prolapsadas convertidas en un absceso perianal habían derivado, desde el pasado mes de enero, en una molesta e incómoda fístula, cuya única solución viable, tras haber probado diversos tratamientos, pasaba por una pequeña intervención quirúrgica no exenta, en aquellos tiempos, de ciertos peligros e inconvenientes.

Convencido pues el monarca francés de que la solución propuesta era, la más conveniente de todas y desesperado por librarse de aquel doloroso tormento, aceptaba demorar esta durante un par de meses, hasta que aquel adquiriera la suficiente experiencia necesaria en dicho asunto, realizando la misma intervención, con otros pacientes, en el hospital de París, llegando el cirujano incluso a crear una lanceta especial que acabaría siendo conocida con el nombre de “bisturí real”.

De esta forma, tras haber efectuado cerca de setenta de estas operaciones, Claude François Felix a las siete de la mañana del 18 de noviembre procedía a intervenir al monarca de Francia. Se encontraba presente, madame de Maintenon, su otrora amante y tras la muerte de la reina Maria Teresa, desde hacía tres años, su segunda esposa, mediante matrimonio celebrado en el más absoluto secreto. Asiste también el confesor de palacio, el padre Lachaise, los médicos Antoine Daquin y Guy Fagon, su ministro de guerra, François Louvois, además de cuatro boticarios que serían los encargados de sujetar al regio paciente, al que ofrecían como anestesia vino de la Borgoña.

Tras tres horas de intervención se daba por finalizada aquella con éxito y en principio, con perspectivas de un resultado más que satisfactorio. En señal de agradecimiento el monarca colmaría al cirujano de prebendas, dinero, tierras y un título nobiliario que le conferiría a partir de aquellos momentos la distinción de Claude François Felix de Tassy, el primer cirujano del rey.

1686 acabaría siendo conocido como el “año de la fístula”. Fue tanto el éxito que tuvo que rápidamente se convertiría, entre los cortesanos de palacio, en una moda a seguir, unos, operándose de verdad, otros, fingiendo hacerlo, siendo habitual ver recorrer los pasillos de Versalles a algún noble con las posaderas cubiertas de apósitos, unos traseros vendados, que en su honor llamarían con cariño, “Le Royale”.

La segunda mujer de Luis XIV, madame de Maintenon, pedía a la duquesa de Brinon, superiora del colegio de las damiselas de Saint Cyr, institución creada por la esposa del monarca, le compusiera la letra de un himno, al que posteriormente Jean Baptiste Lully le añadiría música, para serle cantada al rey por las propias damiselas, en el acto oficial de su inauguración y desearle así una pronta recuperación. El himno titulado —“Grand Dieu, sauvez le Roi!” (Gran Dios, salva al rey!)”— tuvo tanto éxito y fue tan del agrado del monarca, que acabaría convirtiéndose en el himno oficial de la monarquía francesa hasta la Revolución y que podemos escuchar en el siguiente enlace en su versión musical https://youtu.be/3d5Tw7Ifx7A y su versión cantada https://youtu.be/lBlvrfrfNAc

En 1714, durante una visita a París, el compositor alemán, nacionalizado inglés, Georg Friedrich Haendel, cautivado al escuchar el himno en cuestión, y tras realizarle una serie de pequeños arreglos se lo acabaría ofreciendo, como creación propia, al rey Jorge I de Gran Bretaña, siendo interpretado en su coronación, en una ceremonia que tendría lugar el 1 de agosto de ese mismo año, bajo el título “God save the King” (Dios salve al rey), convertido con el transcurso del tiempo en el himno de la familia real británica, y que cuando es una mujer, sobre quien descansa la corona, se interpreta como “God save the Queen” (Dios salve a la reina), y que podemos escuchar en el siguiente enlace, a título ejemplificativo, con motivo de la celebración del octogésimo quinto cumpleaños de la reina de Inglaterra, Isabel II celebrado en abril de 2011 (el mismo, sí). https://youtu.be/NWdunqyZvzk

Y estando en 1745 Haendel con el compositor alemán Christoph Willibald von Gluck y requiriéndole este que le diera su opinión más sincera sobre su ópera —“La caduta dei giganti” (La caída de los gigantes)”—, recién estrenada en el Royal Opera House de la ciudad de Londres, recibiendo una más que fría acogida por el público inglés, Haendel le espetó;

—”Usted se ha tomado demasiadas molestias en su ópera. En Inglaterra eso es una pérdida de tiempo. Lo que a los ingleses de verdad les gusta es algo que les impacte, que les golpee directa y fuertemente en el tímpano”—.

Y vaya si supo impactarles…

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